Bruno Marcos
Lunes, 08 de Febrero de 2016

Los raros

La rareza tiene mucho de generosidad porque se es raro por nada, sin interés, gratis, y por eso la rareza es tan amiga de lo artístico en el más puro sentido kantiano del arte como una cosa desinteresada. La cultura atrae a muchos raros o la cultura vuelve raros a muchos. No se sabe si uno se siente raro y se arrima a la cultura o es la cultura la que lo enrarece a uno. Para mí, que desde niño colecciono amigos raros, lo principal es la forma que los raros tienen de avivar el fuego de la ceniza cotidiana que tantas veces, como a todos, me ha llenado de su polvo la garganta ahogándome, poco a poco, con la intención de obligarme a admitir una vida sin intensidad, no digna de volver a ser vivida, sin deseo de eterno retorno.

 

Los raros son unos artistas de la vida cuya herramienta es la diferencia y la creatividad, el gesto, puro dandismo que viene desde las cavernas y va hacia el futuro. Los antologó el gran Rubén Darío, pero no hace falta ser poeta para ser raro. Yo creo que la rareza de tipo extravagante es la forma vulgar y cotidiana de ser creativa que tiene la gente corriente y, así, da rienda suelta a lo artístico que todos llevamos dentro. A los raros hay que perdonárselo todo cuando su rareza sea auténtica y consiga sacarnos de la modorra aunque causen algunos inconvenientes. Eso no significa que las gentes dejen de reaccionar con rechazo a ellos pues eso es fundamental para que la rareza subsista pues, entonces, pasaría a ser normalidad. Todo lo contrario, la rareza se fundamenta en que la mayoría se mantenga en lo normal y se ría de ella y la desapruebe. 

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