El espacio de 'Canciones para una música silente'
Simón Rabanal es profesor de filosofía del IES Ornia de La Bañeza. Ha participado en el 2015 en un proyecto multidisciplinar encaminado a promocionar entre los alumnos el estudio de la figura y obra del poeta bañezano Antonio Colinas. Pretendía incentivar en sus alumnos el conocimiento de la poesía y de la narración de Colinas a través de puntos de vista menos estudiados como pueden ser los geográficos, históricos, artísticos o filosóficos.
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María Zambrano siempre ha vinculado intelectual y afectivamente poesía y filosofía; la fuerza de atracción que las une rompe ciertos límites, acaso dentro del propio lenguaje, y crea un espació nuevo. La palabra poética de Antonio Colinas en su último libro publicado ‘Canciones para una música silente’ vive en el espacio metafísico del silencio, la música y el ser, una de las raíces fundacionales de la filosofía. ¿En qué sentido hablamos de metafísica? ¿En qué sentido está vinculada su poesía?
El poemario de Vicente Aleixandre ‘En un vasto dominio’ tiene una intención narrativa, entre otras cosas, porque divide el libro en capítulos como una novela. Pretende hacer discurrir al hombre y su mundo por entre los versos y llevar al lector por entre los surcos que trazan las palabras para ofrecerle, como dice José Luis Pardo, núcleos de estabilidad, que son la referencia de los conceptos y así el sentido poético se asiente en el interior del poema y el lector.
En el caso de que el poema omita la intención discursiva, el lector asimila y asume ciertos presupuestos filosóficos que sirven de guía interpretativa por entre los versos mientras dura la lectura, que no el poema. El poema se va haciendo con el contenido filosófico y poético en el interior del lector. El abanico de posibilidades de lectura se incrementa y el poema sirve al filósofo como fundamento vital. El poema se realiza filosóficamente en ese espacio íntimo de las convicciones.
Dice Rafael Sánchez Ferlosio a propósito del lenguaje que “la palabra nos hace porque no podemos percibirnos fuera. No existe un exterior de la lengua”. Ludwig Wittgenstein declaró tajantemente que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Pero el filósofo austríaco había asumido la consigna de Nietzsche de abandonar el espacio secularmente ocupado, al menos desde Sócrates, Platón y Aristóteles por el pensamiento metafísico. La exterioridad de la que habla es el olvido de la metafísica por un pensamiento cifrado en la verdad lógica de los conceptos. El nihilismo con el que Nietzsche diagnosticó a la cultura que había postergado el pensar metafísico se adueña del hombre, pero no de su palabra y significado lógico.
‘Metafísica’, al decir de Eugenio Trías en su ensayo ‘La superación de la metafísica y el pensamiento del límite’, es ponerse o situarse fuera, más allá, es decir, en el exterior en relación con algo que surge, en relación con cierta natividad o concepción, y desde ese lugar, desde fuera, orientar y dar forma a ese fin.
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La poesía de este nuevo libro de Colinas vive en ese espacio y desde ahí ve surgir el ser entre el silencio y la palabra:
Silencio y música.
Música y palabra
Que calla, que debe callar
Por medio de silencios que hablan.
Sed del ser
Que no logra saciar
Sus ansias…
Ve el conflicto entre la música y el silencio y la palabra, que intenta dejarse oír, porque la poesía es expresión; pero el poeta no quiere discursos, referencias, estabilidad,… Ya no lo busca. Interroga a la música. ¿Antesala del silencio? El símbolo:
¿Y si fuese la música el silencio?
Dejad hablar a la silente música,
Pues ya solo importa el descenso
De la nieve…
[…]
Una sola palabra nos basta
Para salvarnos en el símbolo…
Intuye un momento agónico, el momento del dolor y la soledad. El silencio se hace sentir con su simple y pesada oscuridad: el verso se acorta y se condensa en momentos de un solo latido, de una profunda respiración para dejarse arrastrar por un poema que se pierde; el poeta parece que se despide. La despedida después de que el símbolo haya sido anegado en silencio. Pero el silencio se acompaña de otra de las raíces fundacionales de la filosofía:
Existe el dolor.
Sin embargo, sé bien dónde se oculta
El secreto sereno
Del vivir:
En respirar
En soledad
El silencio
Hasta que ese dolor se disuelva
En su nada,
Que habrá de ser la nuestra.
Y ve al fin el silencio. El propio Wittgenstein concluye su primera gran obra, ‘Tratado lógico-filosófico’ con la famosa sentencia sobre el silencio e insinuó que “después del silencio podría darse lo místico”:
Sólo quisiera
Escribir mis palabras con silencios:
Escribir el poema sin palabras.
Sólo quisiera
Musitar el poema
Como plegaria de silencio
En el silencio.
Es el espacio de lo místico donde se quiebran la estabilidad y las referencias. Después del silencio, la otra raíz de la metafísica: la nada. Música, silencio, ser y nada. Este es el nuevo espacio de la poesía de Antonio Colinas.
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María Zambrano siempre ha vinculado intelectual y afectivamente poesía y filosofía; la fuerza de atracción que las une rompe ciertos límites, acaso dentro del propio lenguaje, y crea un espació nuevo. La palabra poética de Antonio Colinas en su último libro publicado ‘Canciones para una música silente’ vive en el espacio metafísico del silencio, la música y el ser, una de las raíces fundacionales de la filosofía. ¿En qué sentido hablamos de metafísica? ¿En qué sentido está vinculada su poesía?
El poemario de Vicente Aleixandre ‘En un vasto dominio’ tiene una intención narrativa, entre otras cosas, porque divide el libro en capítulos como una novela. Pretende hacer discurrir al hombre y su mundo por entre los versos y llevar al lector por entre los surcos que trazan las palabras para ofrecerle, como dice José Luis Pardo, núcleos de estabilidad, que son la referencia de los conceptos y así el sentido poético se asiente en el interior del poema y el lector.
En el caso de que el poema omita la intención discursiva, el lector asimila y asume ciertos presupuestos filosóficos que sirven de guía interpretativa por entre los versos mientras dura la lectura, que no el poema. El poema se va haciendo con el contenido filosófico y poético en el interior del lector. El abanico de posibilidades de lectura se incrementa y el poema sirve al filósofo como fundamento vital. El poema se realiza filosóficamente en ese espacio íntimo de las convicciones.
Dice Rafael Sánchez Ferlosio a propósito del lenguaje que “la palabra nos hace porque no podemos percibirnos fuera. No existe un exterior de la lengua”. Ludwig Wittgenstein declaró tajantemente que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Pero el filósofo austríaco había asumido la consigna de Nietzsche de abandonar el espacio secularmente ocupado, al menos desde Sócrates, Platón y Aristóteles por el pensamiento metafísico. La exterioridad de la que habla es el olvido de la metafísica por un pensamiento cifrado en la verdad lógica de los conceptos. El nihilismo con el que Nietzsche diagnosticó a la cultura que había postergado el pensar metafísico se adueña del hombre, pero no de su palabra y significado lógico.
‘Metafísica’, al decir de Eugenio Trías en su ensayo ‘La superación de la metafísica y el pensamiento del límite’, es ponerse o situarse fuera, más allá, es decir, en el exterior en relación con algo que surge, en relación con cierta natividad o concepción, y desde ese lugar, desde fuera, orientar y dar forma a ese fin.
![[Img #20533]](upload/img/periodico/img_20533.jpg)
La poesía de este nuevo libro de Colinas vive en ese espacio y desde ahí ve surgir el ser entre el silencio y la palabra:
Silencio y música.
Música y palabra
Que calla, que debe callar
Por medio de silencios que hablan.
Sed del ser
Que no logra saciar
Sus ansias…
Ve el conflicto entre la música y el silencio y la palabra, que intenta dejarse oír, porque la poesía es expresión; pero el poeta no quiere discursos, referencias, estabilidad,… Ya no lo busca. Interroga a la música. ¿Antesala del silencio? El símbolo:
¿Y si fuese la música el silencio?
Dejad hablar a la silente música,
Pues ya solo importa el descenso
De la nieve…
[…]
Una sola palabra nos basta
Para salvarnos en el símbolo…
Intuye un momento agónico, el momento del dolor y la soledad. El silencio se hace sentir con su simple y pesada oscuridad: el verso se acorta y se condensa en momentos de un solo latido, de una profunda respiración para dejarse arrastrar por un poema que se pierde; el poeta parece que se despide. La despedida después de que el símbolo haya sido anegado en silencio. Pero el silencio se acompaña de otra de las raíces fundacionales de la filosofía:
Existe el dolor.
Sin embargo, sé bien dónde se oculta
El secreto sereno
Del vivir:
En respirar
En soledad
El silencio
Hasta que ese dolor se disuelva
En su nada,
Que habrá de ser la nuestra.
Y ve al fin el silencio. El propio Wittgenstein concluye su primera gran obra, ‘Tratado lógico-filosófico’ con la famosa sentencia sobre el silencio e insinuó que “después del silencio podría darse lo místico”:
Sólo quisiera
Escribir mis palabras con silencios:
Escribir el poema sin palabras.
Sólo quisiera
Musitar el poema
Como plegaria de silencio
En el silencio.
Es el espacio de lo místico donde se quiebran la estabilidad y las referencias. Después del silencio, la otra raíz de la metafísica: la nada. Música, silencio, ser y nada. Este es el nuevo espacio de la poesía de Antonio Colinas.






