Viernes, 06 de Mayo de 2016

Fue como un sueño (II)

Por MIGUEL GARCÍA BAÑALES /

 

La mala reputación

 

La mala reputación de los militares venía de lejos por la injerencia continua en épocas anteriores, la mala reputación de las fuerzas del Orden Público por la excesiva represión que ejercía sobre el pueblo y la mala reputaciónde la Iglesia por el contubernio permanente con el poder.

 

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El Ejército

 

Cuando Azaña entra como ministro en el Ministerio de la Guerra, en 1931, le acusarán de rodearse de unos asesores militares republicanos tendenciosos, le llamarán el “gabinete negro”. El coronel Sarabia era uno de ellos, decían que todos los militares republicanos eran “rojos y ateos”. Él no era ateo, era terciario franciscano y los fines de semana los dedicaba a los pobres. Hicieron todo lo posible para que fueran repudiados. Pero Azaña, también, mantendrá a los dos cargos más importantes del gobierno anterior, es decir, al subsecretario y al jefe del Estado Mayor Central: seguramente, buscando, inteligentemente, un contrapeso, que podíamos llamar “político militar”. El cargo más importante era el general Goded, éste conspiró continuamente.

 

Azaña trata de modernizar y democratizar el Ejército, siguiendo el modelo francés, que conoce bien. Esto conlleva la disolución de unidades, reducción de oficiales, pérdida de poder de los Capitanes Generales y otras cosas, que no gustan en general en los cuarteles, además de quitarle a los generales el “mangoneo” del Ministerio, ya que allí solo manda él.

 

Se crea el nuevo juramento de defender la República, antes se defendía la Monarquía y, paralelamente, se permite a los militares, que lo quieran, retirarse con el sueldo entero, voluntariamente. Con esto se pretende que aquel que no se sienta cómodo con la República, pueda apartarse, si lo cree conveniente. Todos los que quedan, la mayoría de los que se  sublevan, habían jurado defender la República. Los generales de la Guardia Civil, Aranguren y Escobar, lo cumplieron y murieron por ello. Escobar también era terciario franciscano.

 

El Orden Público

 

Como la República llega pacíficamente, es decir no procede de un movimiento revolucionario, quedarán prácticamente intactos el Poder Judicial y las Fuerzas de Seguridad del Estado, Ejército, Policía y Guardia Civil, ya que la Guardia de Asalto será de nueva creación; es decir, quedan intactos todos los que lucharon contra la República, antes del advenimiento de ella: de ahí saldrán los más importantes conspiradores. Los que sí se irán “depurando” son todos aquellos que actuarán en contra de la República, especialmente aplicando  la Ley de Defensa de la República y como continuación del Estatuto del Gobierno Provisional, que era lo que se aplicaba hasta su entrada en vigor.

 

Al Gobierno de la República, desde el principio, se le plantea un gran problema: el único cuerpo represivo que tiene el Estado es la Guardia Civil y, cuando esta se siente desbordada, actuará el Ejército.

 

La Guardia Civil, dado su carácter militar y su dominio excesivamente represivo del territorio, acentuado fundamentalmente en la Dictadura de Primo, no parece el cuerpo más adecuado para un régimen republicano, que pretende resolver los problemas de orden público de otra manera.El Gobierno republicano tomará la decisión de crear un cuerpo de seguridad nuevo, con medios antidisturbios y que desarrolle esa nueva visión del orden público, la Guardia de Asalto: esto se produce en febrero de 1932. Hasta ese momento se protegerá el orden público con unas fuerzas de seguridad, en cierto modo improvisadas, “las compañías de seguridad o de vanguardia”, pero  fundamentalmente seguirá actuando la Guardia Civil.

 

La Iglesia

 

La aprobación de la Ley de Congregaciones, en junio de 1933, lleva a una “guerra” en cierto modo legítima  entre el Estado y la Iglesia. Digo legítima ya que el Estado cambia completamente su relación con la Iglesia  y ésta queda muy perjudicada, aunque hay que reconocer que en el Concordato de mediados del XIX se le había dado arbitrariamente unos privilegios exagerados. La derecha, tanto la tradicional como la republicana, llevará como programa la reforma de la Constitución y de la legislación que afecte, tanto en lo social como en lo religioso, en las elecciones de 1933: al ganar las elecciones, intentarán y conseguirán paralizarlo todo, pero no cambiarán la Constitución.

 

Los puntos que más le afectan a la Iglesia de la ley serán: la pérdida de la propiedad de los inmuebles, en alguno no el uso, la prohibición de la enseñanza, la pérdida  del subsidio que paga el Estado a cada religioso y la libertad religiosa, además del sometimiento al poder civil. Ante esto la Iglesia sacará su “artillería”, es decir, los Sindicatos Católicos, los Tradicionalistas, la Acción Católica y la Prensa Católica. Dicha prensa en Astorga será: El Pensamiento Astorgano, con censura eclesiástica, y La Luz, periódico tradicionalista.Tanto Acción Católica como los Tradicionalistas se mostrarán muy activos.A los primeros se les llamará “fascistas católicos”, alguno se definirá primero católico y después fascista, es decir católico fascista. Los requetéstendrán un comportamiento muy agresivo.

 

La futura pérdida del subsidio (sueldo) ocasionaría en el futuro grandes problemas económicos a los párrocos, pues tendrían que ganarse los recursos. El probable incremento de los entierros, bautizos y bodas civiles hacen que las previsiones a la baja sean evidentes. Algún párroco propondrá una especie de “iguala” (pago mensual o anual), pero la miseria hará que alguno de los fieles no pague o regatee el servicio: se darán casos de párrocos que  tendrán disputas y maltratarán algún fiel por no pagar.

 

Aquí en Astorga las desavenencias religiosas vendrán motivadas por la unión del cementerio civil con el católico, la supresión de la capilla en el mismo, la prohibición a las monjas de Santi Espíritu de enterrarse en su convento, el impuesto por tocar las campanas de las iglesias y la prohibición de tocarlas durante la noche, el permiso, que tenían que solicitar como cualquier acto público, para salir las procesiones por la ciudad, incluido el viático. La convivencia en este aspecto es pacífica, ya que solamente está relatado un incidente con las procesiones en la Semana Santa, concretamente en la del Silencio del año 34, en la cual cinco jóvenes socialistas parece que cantan la Internacional al objeto de interrumpirla. Es curioso que esta cofradía había invitado al Alcalde Miguel Carro a presidir la misma este año. Los que ocasionaban conflictos en las procesiones en Maragatería, serán los que a partir de la sublevación se harán falangistas, siendo de lo más agresivos.

 

Los verdaderos conflictos serán cuando se prevé que les quiten los salarios a los sacerdotes, se plantee darle por ley un uso civil al  Palacio Gaudí (Correos o Instituto), abrir una escuela en la iglesia de San Julián (hoy Fátima, estaba de almacén) y, fundamentalmente, el cierre de los centros docentes religiosos: ninguna de estas cosas será efectuada.

 

En Valderas, Victoriano, su Alcalde, aplicará rigurosamente la legislación en este aspecto por lo que la prensa católica cargará continuamente contra él. Cuando cambió el nombre de Padre Isla de una calle por el de Lenin, por ser el padre de la emancipación del labriego ruso, lo estigmatizarán y se tirarán con fiereza apor él hasta que consiguen que lo destituyan.

 

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Los parias de la tierra

 

Por fin los “parias” de la tierra, del hambre, de la incultura, se verían protegidos, en especial los trabajadores del campo. No más deberes sin derechos de los pobres, no más derechos sin deberes de los oligarcas. Por fin, se soñaba con la igualdad. Por fin se les protegía en los derechos laborales y por fin se les protegía en la sanidad.

 

El problema del campo, un ejemplo real muy gráfico, Valderas. Lo que sucedió en Valderas

 

Valderas, eminentemente agrícola, arrastraba desde hace tiempo una crisis laboral que ya en 1915 obligó a emigrar a 300 familias rumbo a Cuba y Argentina. La mecanización en el tiempo fue haciendo estragos en los trabajadores del campo.

 

En 1926 los habitantes del pueblo solicitan que se roture una parte de la Dehesa que estaba, en cierto modo, poco productiva y privatizada, lo que permitió la adjudicación de parcelas a 444 colonos.   

 

Llega La República

Todo el año 31 se presentará con huelgas en el campo, pues se partía de un jornal de 1 peseta y de una jornada literalmente de sol a sol. Hay que destacar también la represión durísima hacia los jornaleros díscolos, castigados por sus patronos con la contratación de mano de obra foránea y más barata. “Prisma”, periódico fascista, en sus publicaciones empezada la Guerra hablará solamente de los sufridos propietarios y de que algún jornalero vivía mejor que estos. No entiende que las huelgas autorizadas son legales y que en las primeras los trabajadores no consiguen nunca nada.

 

El Gobierno Provisional de la Nación para evitar los conflictos en el campo legislará muy adecuadamente, imponiendo la jornada de ocho horas, aplicando el decreto de Términos Municipales, a fin de garantizar que los jornaleros fueran  prioritariamente del municipio, y el decreto de desahucios, que impedía echar a los colonos más pobres. Todo esto trae como consecuencia la subida de salarios, pasándose en el bienio republicano socialista (1931-1933) de 1pta. a 7ptas. Los propietarios responderán con los “lock out”, paralizan la actividad porque dicen que no le es rentable, pero el Gobierno lo corregirá con otro decreto que permitirá que las fincas que se queden improductivas pasen en uso a los campesinos. El hambre en el campo radicalizará las posturas y se crearán conflictos por la actuación de los piquetes, a los que los propietarios responderán con sus matones y esquiroles, esto resulta muy patente en Andalucia y Extremadura. A fin de que haya una resolución rápida de los conflictos el Gobierno creará el decreto de Jurados Mixtos, que negociarán las condiciones laborales y los salarios y, aunque se componía por igual parte de trabajadores y propietarios, el representante del Ministerio fallará mayoritariamente a favor de los trabajadores. A pesar de esto, los propietarios estarán contentos ya que permite una resolución más inmediata de los conflictos.

 

En febrero de 1932 la Sociedad de Trabajadores de Valderas (perteneciente a la UGT), creada a partir del decreto de Asociaciones Agrícolas del año anterior, solicita el arriendo de La Salgada, una pradera entre la Dehesa y el Monte de Valderas, tal como le amparaba el citado decreto, ya que no se cultivaba directamente por los propietarios y para paliar el paro. Cabe destacar que el paro era muy elevado, el hambre también. En el año 1934 y como aniversario de la República se repartirán 243 hogazas, el coste de la hogaza era de 1,30 ptas, que nos muestra que sobre 1000 de una población aproximada de 3.300 personas vivían en un estado permanente de necesidad. Trascurren unos días de febrero, la Sociedad de Trabajadores pedirá un terreno dentro del casco para levantar la Casa del Pueblo. Se concede el mismo, y a costa de un crédito bancario y con el trabajo de los afiliados, esto es, a facendera, se levantará la citada Casa.

 

En 1932 habrá tres huelgas. Los jornaleros alegarán que los propietarios no cumplen la legislación, los propietarios se quejarán de que los jornaleros cumplen a rajatabla las jornadas de ocho horas, cosa lógica si no les pagaban las extras que marcaba la ley. El hecho es que el jurado mixto multará a los propietarios. Así se ve en octubre del 32 que lo hace el Gobernador Civil a instancia del Jurado Mixto.

 

El presidente de la Asociación de Trabajadores del Campo, perteneciente a la UGT y con 400 afiliados, se dirigirá al Gobernador Civil diciendo que los propietarios no contratan la mano de obra de la localidad, que intentan un “lock out” y que se paralicen, en caso de incumplimiento, las máquinas segadoras precintándolas. La presencia de esquiroles de Valderas conllevará daños en las cosechas para los propietarios o colonos esquiroles participantes. Entre los jornaleros locales y los foráneos habrá conflictos, ya que al contratar a los foráneos los trabajadores locales reclamarán sus derechos.

 

La resolución rápida de estos conflictos vendrá por la actitud del presidente de la Asociación de Trabajadores, Falconerín Blanco Fernández. Este, sastre de profesión y de amplia familia, socialista y buen orador ya que movilizaba mucho a los trabajadores: es tildado de agitador, tras algún mitin agredido por la Guardia Civil y amenazado de muerte. Entrará en la política porque se sentirá llamado a defender al débil, arrastrado por la miseria, por el hambre, que veía.

 

Falconerín, comprometido sindicalista y pacificador, defenderá los intereses de los trabajadores con gran energía, eficacia y cordura, ya que Victoriano, el Alcalde, impondrá el jornal de 3 ptas, seguramente acorde con éste. Postura muy moderada, teniendo en cuenta que en el resto de  España se subió hasta las 7 ptas, incluso el Ayuntamiento de Valderas de derechas subirá el jornal a 4,5 ptas a principios del 36.

 

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Los propietarios también amenazan con dar solo trabajo a los “verdaderos obreros”, se siguen empecinando en no contratar a los jornaleros locales, por lo que seguirán las huelgas. Prisma reconocerá en el tiempo que la conflictividad era por la poca atención que se le había prestado al campo y la poca justicia que se había hecho con él, reconocerá que estos “males” son los que había llevado a los trabajadores al “comunismo”.

 

De los trabajadores, en general

 

En el aspecto general de los trabajadores se potenciarán: la obligatoriedad y la universalización de los seguros de enfermedad, de accidente, de paro forzoso, de vejez, de invalidez y muerte. Definición de la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar, etc. Normas de contratación laboral y los convenios colectivos, que duraban 2 años. Vacaciones de 7 días y el derecho a la huelga.

 

La conflictividad que aumentaba venía por la oposición de la CNT a seguir los trámites oficiales y sus huelgas políticas, y también por la oposición de los empresarios.

 

La sanidad

 

La epidemia de gripe de 1918-19, sirve de gran revulsivo para sensibilizar al colectivo médico y a la opinión pública en general acerca de las penosas condiciones sanitarias del país y de la escandalosa falta de organización y de infraestructura sanitaria; llegándose, incluso, a argumentar la necesidad de una "dictadura sanitaria", ya se avanzará en leyes y normativa.

 

Con la llegada de la República, se produce un espectacular incremento de la inversión en atención sanitaria. También por la creación de una infraestructura, que evidenciaba la voluntad preventivista que la administración republicana se había propuesto.

 

La filosofía es la organización de servicios en la que el componente práctico y técnico es preponderante sobre el teórico por lo que incluirá aspectos de administración y política sanitaria, control de alimentos, vivienda, situación socioeconómica de la población en el medio rural, etc. Con todo, la implantación de Centros de prevención en las zonas rurales constituye una indudable novedad con respecto a planteamientos organizativos anteriores.

 

Los Centros, primarios y secundarios, de higiene rural se constituyen, pues, en los primeros eslabones de una estructura organizativa que tendría su cúspide en la Dirección General de Sanidad. Se dirá: “Desde ahora, y cada vez más, corresponde al Poder público desarrollar los postulados de la Medicina colectiva o Medicina pública integrada por los servicios de Sanidad, Asistencia y Previsión social. Sin olvidar, en este sentido, que la República marcó una política de previsión social tendente a la unificación de los seguros sociales obligatorios”. Por fin el Estado se hace cargo de la sanidad.

 

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A finales del 33 llega a Astorga como director del recién estrenado Centro de Higiene Ildefonso Cortés Rivas

 

A Ildefonso sus frases le definen perfectamente, ya que decía que “el ahorro era una inmoralidad con el hambre que había” y que “había que atender lo mismo a los ricos que a los pobres, tengan o no tengan dinero”.  Todo esto, que se podía quedar en retórica, lo plasmará, además, con sus actos ya que daba medicamentos gratis, también alimentos y seguramente dinero, y  porque “no admitía ningún regalo, ni siquiera para sus niñas, ya que los devolvía”. Era tal su generosidad que  “llegó a casa sin su abrigo porque se lo había dado a un pobre”, pero esto no era excepcional  ya que cuentan que encontrándose un niño en la calle en malas condiciones, se lo llevó a su casa,  lo duchó, lo revisó médicamente, lo vistió y le dio de comer.

 

El  interés sanitario de Cortés en Astorga fue elevadísimo y que se reflejará en especial con los niños, ya que su mortalidad bajará al 50% en 1935 y seguirá cercana a estos números en 1936, a pesar de estar ya influenciada por la Guerra. El abandono que sufría la infancia era muy acusado y es lo que llevará al Alcalde Carro  a la inauguración del comedor infantil. La finalidad de este comedor era dar, por lo menos, una comida equilibrada (platos variados, frutas) a los niños de las familias que tenían menos recursos económicos, en Europa esto ya venía de lejos. A los niños se les impondrá la única y férrea condición de que fueran a clase.

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