Lugares nuevos
![[Img #24993]](upload/img/periodico/img_24993.jpg)
Si los lugares que visitamos a lo largo de nuestras vidas van dejando huella con cada uno de los pasos que damos, imaginad por un momento aquellos en los que residimos; también dejan huella, pero en el corazón.
Recuerdo que cuando me trasladé a Astorga, me pareció una ciudad que no me disgustaba en absoluto, que estaba más que de sobra para una inocente niña de ocho años que sólo necesitaba una divertida clase, que le diera buenos amigos, que la enseñara muchas cosas y cuyos profesores no le mandaran muchos deberes. Pero reconozco que me costó un poco despegarme de mi pueblo, donde me había criado y tantas cosas bonitas (y no tan bonitas) había vivido. Poco a poco, y a medida que iba creciendo, más me iba habituando a esa bonita ciudad que tantas cosas me ofrecía; libertad, madurez, amistades... Y sobretodo toda esa belleza que he guardado cada día en la retina. Porque que Astorga es una ciudad bonita, es una realidad ineludible y en lo que coincidimos muchos, incluso aquellos que no residen en ella y que únicamente han podido disfrutarla desde la lejanía de una postal.
Pasear por sus calles llenas de arte y encanto, hace que cualquier escenario sea idóneo para disfrutar de sus múltiples paisajes. Sus bares y restaurantes, permiten disfrutar de la mejor gastronomía de la comarca y sus campos, ahora en colores otoñales, son los mejores parajes para cualquier paseo.
Astorga, por pequeña que algunos crean que sea, es una ciudad cargada de pequeños comercios que llenan la ciudad de vida, pero que muchas veces no nos ofrece las oportunidades que muchos jóvenes esperamos. Una ciudad donde la cultura podría salir a raudales de cada esquina, pero que ya lleva un tiempo en parada cardíaca. Una ciudad por la que muchos luchan para sacar adelante. Una ciudad donde se educan niños en sus colegios pero que, algún día, tendrán que irse para continuar con su formación, o con su vida, para labrarse un futuro. Para algunos ese día llega antes que para otros, pero ésta maravillosa ciudad, hoy en día sin explotar, siempre nos deja las puertas abiertas para volver a visitarla.
Volver y salir a reencontrarte con los tuyos después de un tiempo, hace que recuperes viejos recuerdos, conversaciones con antiguos compañeros de pupitre que hoy viven sus vidas fuera, como tú. Pero que en cada período vacacional vuelven a disfrutar del ambiente y de la compañía de los familiares que aquí dejamos y que tanto nos echan de menos. Volver y disfrutar del descanso que esta tranquila ciudad nos ofrecía a menudo, cuando en ella vivíamos.
Porque el lugar donde has vivido tu infancia y tu juventud no se olvida, por muchos kilómetros que te separen de él. Esos recuerdos viajarán siempre contigo, en tu maleta, para recordarte que volverás.
Para aquellos que ya lo han experimentado, va dedicado este artículo.
![[Img #24993]](upload/img/periodico/img_24993.jpg)
Si los lugares que visitamos a lo largo de nuestras vidas van dejando huella con cada uno de los pasos que damos, imaginad por un momento aquellos en los que residimos; también dejan huella, pero en el corazón.
Recuerdo que cuando me trasladé a Astorga, me pareció una ciudad que no me disgustaba en absoluto, que estaba más que de sobra para una inocente niña de ocho años que sólo necesitaba una divertida clase, que le diera buenos amigos, que la enseñara muchas cosas y cuyos profesores no le mandaran muchos deberes. Pero reconozco que me costó un poco despegarme de mi pueblo, donde me había criado y tantas cosas bonitas (y no tan bonitas) había vivido. Poco a poco, y a medida que iba creciendo, más me iba habituando a esa bonita ciudad que tantas cosas me ofrecía; libertad, madurez, amistades... Y sobretodo toda esa belleza que he guardado cada día en la retina. Porque que Astorga es una ciudad bonita, es una realidad ineludible y en lo que coincidimos muchos, incluso aquellos que no residen en ella y que únicamente han podido disfrutarla desde la lejanía de una postal.
Pasear por sus calles llenas de arte y encanto, hace que cualquier escenario sea idóneo para disfrutar de sus múltiples paisajes. Sus bares y restaurantes, permiten disfrutar de la mejor gastronomía de la comarca y sus campos, ahora en colores otoñales, son los mejores parajes para cualquier paseo.
Astorga, por pequeña que algunos crean que sea, es una ciudad cargada de pequeños comercios que llenan la ciudad de vida, pero que muchas veces no nos ofrece las oportunidades que muchos jóvenes esperamos. Una ciudad donde la cultura podría salir a raudales de cada esquina, pero que ya lleva un tiempo en parada cardíaca. Una ciudad por la que muchos luchan para sacar adelante. Una ciudad donde se educan niños en sus colegios pero que, algún día, tendrán que irse para continuar con su formación, o con su vida, para labrarse un futuro. Para algunos ese día llega antes que para otros, pero ésta maravillosa ciudad, hoy en día sin explotar, siempre nos deja las puertas abiertas para volver a visitarla.
Volver y salir a reencontrarte con los tuyos después de un tiempo, hace que recuperes viejos recuerdos, conversaciones con antiguos compañeros de pupitre que hoy viven sus vidas fuera, como tú. Pero que en cada período vacacional vuelven a disfrutar del ambiente y de la compañía de los familiares que aquí dejamos y que tanto nos echan de menos. Volver y disfrutar del descanso que esta tranquila ciudad nos ofrecía a menudo, cuando en ella vivíamos.
Porque el lugar donde has vivido tu infancia y tu juventud no se olvida, por muchos kilómetros que te separen de él. Esos recuerdos viajarán siempre contigo, en tu maleta, para recordarte que volverás.
Para aquellos que ya lo han experimentado, va dedicado este artículo.






