De apoteosis en apoteosis
![[Img #28151]](upload/img/periodico/img_28151.jpg)
Apoteosis, con la idea de intensidad y plenitud, como para sentirse entre los dioses, según su sentido etimológico, se alcanzaron por duplicado en el fin de semana de San José, las dos en Astorga.
La primera fue en la inauguración oficial del SICA, Salón Internacional del Chocolate de Astorga, celebrado con éxito a lo largo de esos días. Con una exposición espléndida y muy bien montada en los claustros del Seminario, con muestras locales e incluso internacionales, admiradas con complacencia por los numerosos visitantes, que la recorrieron.
A la cita inaugural, presidida por la ministra de Agricultura, acudieron las autoridades autonómicas, provinciales y municipales en pleno, con las representaciones de todos los partidos, para celebrar juntos esa exaltación del chocolate, la golosina que lo es de la industria chocolatera artesanal, que atrajo hacia sí tan selecta representación para celebrar al dulce que se obtienen con la pulpa y manteca del cacao con azúcar.
Mirado con ojos realistas este mercado lo es de selectas chuches o mejor dicho de la exquisitez de las chuches gourmet y la apoteosis política que se alcanzó en todo su esplendor tiene otra lectura, la de la excelencia lograda, que era lo que se celebraba. Sólo así se entiende la respuesta dada por la ‘autoritas’, reservada generalmente a acontecimientos de mayor alcance y envergadura numérica. Supieron captar la singularidad y la excepcionalidad de la convocatoria de Astorga y aquí estuvieron todos a una con una respuesta que les honra.
A la mañana siguiente llegaba la segunda apoteosis con el broche del Concierto de la 2 de TVE, bajo la dirección de José Luis Temes, al frente de la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española, que ofreció la ‘Obertura Dramática’, del compositor astorgano Evaristo Fernández Blanco.
Las dos apoteosis llegaron engarzadas como la conjunción de la coronación celestial de lo terrenal. La primera con el dulce sabor a chocolate, como dice con acierto el eslogan de Astorga. La segunda con la quintaesencia sublime del arte, que supone la música. La primera en el ámbito de lo efímero, con fecha de caducidad como los yogures, celebrada por la apoteosis política que es para lo que están los políticos, en el suelo, a pie de urna. La segunda con el arte más excelso de la música, esencia del arte, que aunque parezca etéreo, por eso no podían estar los políticos, es además de sublime eterno con la obra de Evaristo Fernández Blanco. Brillante y vigorosa, con refuerzo instrumental como demandaba y cierre portentoso del espectáculo.
Dos apoteosis, eso es lo que resalta, en un mismo fin de semana. La primera para endulzar el nombre de Astorga, la segunda para encumbrarla al Olimpo. Se puede decir con brevedad, es lo propio de la excelencia de las exquisiteces y del arte supremo. Que la tele se acuerde de Astorga no por un suceso, que es lo que acostumbra, sino por la obra genial de un astorgano y los políticos acudan no por separado para pedir el voto sino todos a una para reconocerla por su ancestral artesanía y a homenajearla todos juntos, ya es otra victoria y tampoco es lo habitual. Encima en un fin de semana de primavera anticipada, que quiso así participar. ¿Se puede pedir más?
![[Img #28151]](upload/img/periodico/img_28151.jpg)
Apoteosis, con la idea de intensidad y plenitud, como para sentirse entre los dioses, según su sentido etimológico, se alcanzaron por duplicado en el fin de semana de San José, las dos en Astorga.
La primera fue en la inauguración oficial del SICA, Salón Internacional del Chocolate de Astorga, celebrado con éxito a lo largo de esos días. Con una exposición espléndida y muy bien montada en los claustros del Seminario, con muestras locales e incluso internacionales, admiradas con complacencia por los numerosos visitantes, que la recorrieron.
A la cita inaugural, presidida por la ministra de Agricultura, acudieron las autoridades autonómicas, provinciales y municipales en pleno, con las representaciones de todos los partidos, para celebrar juntos esa exaltación del chocolate, la golosina que lo es de la industria chocolatera artesanal, que atrajo hacia sí tan selecta representación para celebrar al dulce que se obtienen con la pulpa y manteca del cacao con azúcar.
Mirado con ojos realistas este mercado lo es de selectas chuches o mejor dicho de la exquisitez de las chuches gourmet y la apoteosis política que se alcanzó en todo su esplendor tiene otra lectura, la de la excelencia lograda, que era lo que se celebraba. Sólo así se entiende la respuesta dada por la ‘autoritas’, reservada generalmente a acontecimientos de mayor alcance y envergadura numérica. Supieron captar la singularidad y la excepcionalidad de la convocatoria de Astorga y aquí estuvieron todos a una con una respuesta que les honra.
A la mañana siguiente llegaba la segunda apoteosis con el broche del Concierto de la 2 de TVE, bajo la dirección de José Luis Temes, al frente de la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española, que ofreció la ‘Obertura Dramática’, del compositor astorgano Evaristo Fernández Blanco.
Las dos apoteosis llegaron engarzadas como la conjunción de la coronación celestial de lo terrenal. La primera con el dulce sabor a chocolate, como dice con acierto el eslogan de Astorga. La segunda con la quintaesencia sublime del arte, que supone la música. La primera en el ámbito de lo efímero, con fecha de caducidad como los yogures, celebrada por la apoteosis política que es para lo que están los políticos, en el suelo, a pie de urna. La segunda con el arte más excelso de la música, esencia del arte, que aunque parezca etéreo, por eso no podían estar los políticos, es además de sublime eterno con la obra de Evaristo Fernández Blanco. Brillante y vigorosa, con refuerzo instrumental como demandaba y cierre portentoso del espectáculo.
Dos apoteosis, eso es lo que resalta, en un mismo fin de semana. La primera para endulzar el nombre de Astorga, la segunda para encumbrarla al Olimpo. Se puede decir con brevedad, es lo propio de la excelencia de las exquisiteces y del arte supremo. Que la tele se acuerde de Astorga no por un suceso, que es lo que acostumbra, sino por la obra genial de un astorgano y los políticos acudan no por separado para pedir el voto sino todos a una para reconocerla por su ancestral artesanía y a homenajearla todos juntos, ya es otra victoria y tampoco es lo habitual. Encima en un fin de semana de primavera anticipada, que quiso así participar. ¿Se puede pedir más?






