Redacción
Domingo, 02 de Junio de 2013

La libertad de Don Suero bien vale la ruptura de 300 lanzas

Después de andar como 'alma en pena', deambulando con la argolla en el cuello esperando la hora de su liberación, los caballeros mantenedores y los conquistadores llegados de toda Europa, a cuyo frente se encontraba el micer Arnaldo de Brandemburgo, volvieron a romper las 300 lanzas para liberar de su prisión de amor al aristócrata leonés, Don Suero de Quiñones.

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Hospital de Órbigo retrocedió 578 años en el tiempo y como ocurrió entre el 10 de julio y el 9 de agosto de 1434, el hecho excepcional de las Justas del Passo Honrosso cortó el Camino de Santiago por el gentío que acudió a escuchar el ruido de los lances. El torneo comenzó después de que el mantenedor, el rector de la Universidad de León, José Ángel Hermida, mirando a los caballeros, les invitar a comenzar las Justas Medievales del Passo Honrosso.

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Precedido de los pendones, las bailarinas y la música de los tambores y las gaitas, Don Suero entró en el palenque entre los aplausos desató los aplausos del respetable que momentos antes había presenciado el desfile imaginado por el poeta Manuel Llamazares así: “Va don Suero entre chopos por pendones (...) / Del Órbigo despierta la ribera. / Y llegan a la Puente en la larga hilera / los nueve con la gente de Quiñones. / Lanzas rotas, tragedia... treinta soles...”. El narrador de la gesta dio una última recomendación antes de empuñar las armas, “mostrad el comportamiento de caballeros que habéis acreditado”. Y las Justas comenzaron.

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Más de quinientos años después, al hijo del conde de Quiñones, prisionero y quemado de amor por Doña Leonor de Tovar, le llegó la hora de su liberación.
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