Mercedes Unzeta Gullón
Jueves, 01 de Junio de 2017

Ricardo Gullón. Un patrimonio muy requerido y mal atendido

 

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Parece que alguien se revuelve en su sillón cual gato que le acaban de pisar la cola para justificar lo injustificable.

 

Leo el artículo del señor Huerta y flipo (vocablo de joven aunque no lo soy). Me sorprende que para acreditar que la ciudad de Astorga se ha ocupado de este importante hijo suyo, Ricardo Gullón, nos relata, con un pronto de indignación, como el alcalde viajó a Madrid para asistir al acto de nombramiento del Académico Gullón, (¿?) ¿qué nos quiere decir con eso? Ni que fuera el señor Perandones quien le hubiera dado el asiento académico. Sí, aparece en la foto. También Luisin. Siempre es importante aparecer en la foto.

 

 

Un congreso en Astorga  después de su muerte. Y para subrayar la importancia de tal acto enumera un listín telefónico de asistentes. Estupendo, y…

Un día dedicado a un Seminario Internacional que se organiza  en  la Complutense de Madrid en el 2008, en el que, curiosamente, o sorprendentemente, la mayoría de los ponentes no habían leído la obra de Gullón. Esos sí que no habían leído la obra de Gullón, señor Huerta. (¿?) Otra convocatoria en la Casa de León de Madrid, y una tercera en Astorga. Tres jornadas de las cuales ¡una en Astorga!, para conmemorar el centenario de su nacimiento. Y para potenciar su importancia también aquí acompaña, el señor Huerta, otro listín de asistentes  (¿?). Qué bien.

 

 

Actos contados. ¡Qué cantidad de actividades para toda una prestigiosa vida! Estoy abrumada con tanta migaja.

 

Aunque insista en enumerar personas  interesadas en la obra de Gullón, que son muchísimas, y por supuesto infinitamente más que las nombradas, no son argumentos válidos para el tema que nos ocupa. Nadie duda del interés particular, la cuestión es que nada tiene que ver con la atención Institucional.  Y esa, por mucho que se empeñe rabiosamente el señor Huerta, ha sido mínima.

 

Sólo hay que comparar la cantidad de dinero público, y de tiempo público, que se ha empleado en ensalzar la figura Panero (una estatua, una calle, una casa de costosísima rehabilitación, miles de intervenciones y un montón de publicaciones…), y las propinillas empleadas para la figura de Ricardo Gullón. “El olvido está lleno de memoria”. ¡Haga memoria señor Huerta, o haga cuentas!

 

Insisto ¿qué fondos particulares ha aportado Panero? Ninguno. Germán Gullón, aparte de la biblioteca de su padre y de los originales de las valiosísimas relaciones epistolares y documentos particulares, lo más atractivo para los estudiosos, donó, es decir, regaló también para la futura sede de la Escuela de Astorga muchos muebles de su padre. Donación, o regalo, que hizo el hijo para una proyectada Escuela de Astorga. El Ayuntamiento, Perandones a su cabeza, finalmente decidió que ya no había tal sede de la Escuela de Astorga sino Casa Panero. No es ese el destino para el que Germán Gullón donó generosamente el importantísimo legado de su padre. Un patrimonio que varias universidades americanas y una prestigiosa fundación lo solicitaban con muchísimo interés, pero que él decidió aportarlo, como riqueza cultural, a la ciudad natal de su padre. Y ya, afinando, he de decir que la sugerencia del hijo de acomodar a su padre bajo el epígrafe Escuela de Astorga conlleva también mucha generosidad hacia la ciudad ya que en el mundo mundial de la Literatura a Ricardo Gullón se le conoce con su nombre propio, no por pertenecer a ninguna pequeña escuela nacida de la amistad.

 

Y…, no hay que ser faltón, señor Huerta, con las personas que tienen una opinión diferente a la suya. ¿Por qué ese tono agresivo? El feudo de cabeza intelectual de la ciudad en el que se ha asentado no le da derecho a ello. Ni “indigentes del saber”, ni “gullonistas”, ni analfabetos de la lectura, ni “mestureros”. ¿A qué viene tanta desconsideración? 

 

No sólo los que tienen un sillón escolástico leen, señor Huerta, sino que también leemos otras personas sin sillón docente. Yo soy antropóloga, periodista, con master, con negocio, con libros escritos y con hijos. Dos carreras, un master, varias actividades  diferentes y, además, leo y escribo, y tengo una importante y abundante biblioteca. Por supuesto las revistas de Astorica están en ella (31 de Panero, 32 de La Escuela de Altamira (aunque se encabece el titulo con Ricardo Gullón). Ni poco ni mucho, más bien muy poco, puesto que mientras el nº 31 es un monográfico absolutamente dedicado a la figura de Panero (200págs), el nº 32 está dedicado absolutamente a La Escuela de Altamira (que no es Gullón) (134págs), en el que Gullón tiene una participación. Y, curiosamente, en este libro titulado Ricardo Gullón y La Escuela de Altamira (La Escuela de Altamira y Ricardo Gullón) la mitad de la página de presentación está dedicada a hablar de Panero e incluso el director acaba dedicando el libro a Juan Luis Panero. También las primeras páginas de este libro supuestamente ‘sobre Gullón’ se dedican a poemas de Leopoldo Mª Panero. ¿Este es el ‘exceso’ de dedicación a Gullón que nos quiere dar entender el señor Huerta? Por favor señor, Huerta, que aunque no lo crea sabemos leer y también tenemos criterio.

 

Y como yo muchas más personas  leen, eso sí en un sillón doméstico, sin hacer alardes de ello. Produce asombro, y algo de risa, el comentario suyo: “Perandones es filólogo antes que político (o sea, ha leído mucho)”. Curioso axioma. De todas maneras  el tema de la lectura que usted saca a colación tampoco es el que nos ocupa.

 

Estará de acuerdo conmigo en que además de leer hay que saber leer, si no nos podemos meter en el farragoso mundo del analfabetismo funcional. Y también considero  que hay que leer despacio para que no se atraganten las ideas ¿no cree?

 

Parece que su escrito se publica unos pocos días después de que yo hable de la importancia de Ricardo Gullón en el mismo medio, por lo que entiendo que, en parte, pueda referirse a mí. Por si  acaso, y si es así, le invito a leer de nuevo lo que escribí. Ni hablo de ‘primer vez’, ni denigro la obra del “herido Perandones” (no sólo este señor ha estado en el Consistorio), ni desprecio los agasajos que menciona, que realmente pueden y deben ser considerados muy poco  ‘algo’ , es decir, muy poquita cosa frente al ninguneo al que me refiero. ¡Tantos años para tan pocas alforjas!

 

Anécdota ilustrativa. Desde el Consistorio se publicó en las redes la crónica de uno de estos homenajes a la Escuela de Astorga, que la constituyen tan sólo cuatro nombres, y a Gullón le llamaban Juan, Juan Gullón. ¿Despiste ignorante?

 

¿“Estúpidas prelaciones”, dice usted? Los hermanos Panero, Luis Alonso Luengo y Ricardo Gullón, cuatro próceres de la intelectualidad astorgana. No hay más que ver la repercusión de cada uno en el mundo de la Literatura para saber de su importancia. Sólo uno es Académico y Príncipe de Asturias. Claro, yo comprendo, señor Huerta, que usted defienda con dientes su parcela estudiosa de los Panero, lo mismo que Perandones, pero lo justo es que a cada cual lo suyo, sin estupideces, aunque ustedes sepan mucho más de Panero.

 

Ni el aprecio (Luisín) ni la admiración (Panero) igualan en la valía, señor Huerta.

 

La llamada Escuela de Astorga une en amistad, interés y época a sus protagonistas. Muy importante son los cuatro para esta pequeña ciudad, nadie lo duda, pero es inevitable y constatable que unos más, o mucho más, que otros. Y, a pesar de esta evidente constatación nacional e internacional que diferencia la importancia intelectual de uno más que los otros, la vida cultural de la ciudad ha girado siempre en torno a los Panero, que son los otros. Eso es también constatable. El interés particular ha primado. Así es la historia.

 

Ah, señor Huerta, hace tiempo que hay preocupación por el tratamiento a Ricardo Gullón aunque usted no se haya enterado. Y muchas personas piensan como yo sin asociaciones ni etiquetas gullonistas.

 

O témpora, o mores

 

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