La beneficencia de Dionisio Ramos
![[Img #36393]](upload/img/periodico/img_36393.jpg)
A raíz del caso Cifuentes ha surgido en paralelo el caso Dionisio Ramos, ‘astorgano de pro’, amigo de sus amigos, constructor, no así poeta.
Habiendo sido vinculado a unas cuantas tramas de las más famosas: el ‘Tamayazo’, ‘la Gurtel’, ‘la Caja B de la Universidad Complutense, es curioso que no esté encumbrado en las listas de popularidad como se merece con tanto bien como ha hecho por Astorga y los astorganos, procurándoles empleo y hasta plaza de funcionario en oposiciones en las que, como la que aprobó la presidenta Cifuentes, él podía ser la voz cantante del tribunal. Nunca llegaremos a saldar esa hipoteca.
Pero aún así los astorganos tenemos que agradecérselo, o al menos unos cuantos vinculados al PP en los tiempos en que no se comían ni rascaban nada en Astorga. Ahora ha llegado el momento de pagárselo. El momento de hacerle ese homenaje en el que no habrían de faltar las salvas de los húsares del 'Batallón Leonés' de la Guerra de la Independencia.
No sólo fueron plazas de rango administrativo, sino que también pudo intervenir tanto en la Universidad Rey Juan Carlos como en la Complutense para facilitar puestos de profesorado. Bueno, ya sabemos que el talento no podría prosperar si no fuera con la ayuda del poder político.
Algunos de sus amigos astorganos cumplieron algún papel en el ‘Tamayazo’, abriéndole los micrófonos en el momento requerido para una entrevista en Antena 3, donde Tamayo utiliza ya el argumentario del PP madrileño para justificar su deserción. *
No cabe duda de que somos unos ingratos, pues solo a cuentagotas los nuevos regidores revierten la inmensa deuda en algún sobreviviente de aquella ‘red astorgana’; sea el caso de un pregón de fiestas (cual clase magistral). Para un futuro habrán de reservarles los de carnavales y dionisíacas varias.
Aún es posible, a pesar de los amiguetes, pensar que los regidores astorganos trabajan en aras del bien común. Es posible pensar que sus buenos amigos nada tendrán que temer de cambio alguno; de que la igualdad de oportunidades para aprobar unas oposiciones, para competir libremente en un mercado no intervenido y obtener un beneficio proporcional al esfuerzo realizado tendrán las garantías habituales.
John Rawls, un teórico de la justicia de corte liberal, formula dos principios inexcusables para que toda decisión política que afecte a la ciudadanía sea justa.
Dice así el primer principio: “Cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás.”
El segundo principio se formula de la siguiente manera: “Las desigualdades sociales y económicas tienen que satisfacer dos condiciones: en primer lugar, tienen que estar vinculadas a cargos y posiciones abiertos a todos en condiciones de igualdad equitativa de oportunidades; y, en segundo lugar, las desigualdades deben redundar en un mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad”.
A partir de estos principios parece que nuestros regidores hayan sido lo bastante ecuánimes y justos; pues si se beneficia a alguien por pertenecer a una misma fratría o tribu no tiene por qué incumplirse el reparto equitativo, siempre que la ventaja viniera justificada.
‘La trama astorgana’ también debió de acogerse a esa segunda condición del 2º principio de justicia rawlsiano, (la que viene en negrita) sin caer en una interpretación perversa, ya que el fin era corregir la situación de desigualdad de origen de la que adolecían aquellos astorganos militantes o militados. Habrá que suponerlos entonces poco aventajados, poco capaces. Así ya podían justificar la ventaja correctora que les tenían concedida.
Señala Bo Rothstein, un gran experto en temas de corrupción, que esta “tiene el efecto perverso de conducir a gente poco cualificada a puestos importantes”, en detrimento del interés general.
La verdad es que como tantos astorganos se hubieron beneficiado directa o indirectamente del amiguismo en la comunidad de Madrid y que eso no hacía competencia a nadie de Astorga, aquella corrupción no debió de preocuparnos, como así fue, lo más mínimo. Como tantas corruptelas que ahora nos preocupan poco o nada.
Lo que en última instancia parece revelar un gran ‘aprecio’ hacia el sistema democrático.
Como señala Andrés Herzog: “Nadie se parece más a un corrupto/a que la persona que lo vota”
* El periódico digital Infolibre dejó escrito: Ciñéndonos a los papeles de Tamayo, podemos llegar a la esencia de lo que ocurrió. Al identificar los nombres que aparecen destacados, descubrimos que Tamayo está relatando una historia en la que revela los intereses en juego de personajes principales y secundarios. Empecemos por el más relevante, que aparece en el centro del primer folio. Dionisio Ramos es el gran muñidor del tamayazo. Primero, por su vieja y estrecha amistad con Balbás, que data de las juventudes de la UCD, que se ha alimentado de múltiples negocios comunes, entre otros la promoción inmobiliaria en Pelayos de la Presa por 15 millones de euros. Segundo, por su acceso privilegiado al PP, a través de su vecino y amigo Ricardo Romero de Tejada, secretario general del PP madrileño; también de su amistad con Cristina Cifuentes, la voz belicosa durante las comparecencias en la Comisión de Investigación, donde imprecaba sin cesar a los socialistas. Tercero, por la inmejorable conexión de Ramos con las esferas urbanísticas, sus negocios con Pedro Artes Carpena y Leopoldo Arnáiz, el urbanista de cabecera del PP, actualmente procesado por delitos de lavado de dinero y evasión fiscal por un importe de más de 600 millones de euros. Cuarto, por la desenvoltura operativa de Ramos: él es quien facilita a Tamayo un nuevo teléfono móvil (propiedad de Artes Carpena) en cuanto se deshace del que pertenecía al PSOE. Él es también quien contrata los servicios posteriores de vigilancia que corren a cargo de José Antonio Expósito, según declaró este en un primer momento. Expósito, un personaje estrafalario que acabará procesado por hacerse pasar por agente del CNI y que custodia al desertor en los días de la traición. Esa misma desenvoltura, le permite a Ramos ocuparse de las relaciones públicas de Tamayo, a quien sirve en bandeja su primer salto a la fama en una entrevista en Antena 3, coordinada con Ángel Alonso Jarrín, jefe de información nacional de la cadena y amigo de Ramos.
![[Img #36393]](upload/img/periodico/img_36393.jpg)
A raíz del caso Cifuentes ha surgido en paralelo el caso Dionisio Ramos, ‘astorgano de pro’, amigo de sus amigos, constructor, no así poeta.
Habiendo sido vinculado a unas cuantas tramas de las más famosas: el ‘Tamayazo’, ‘la Gurtel’, ‘la Caja B de la Universidad Complutense, es curioso que no esté encumbrado en las listas de popularidad como se merece con tanto bien como ha hecho por Astorga y los astorganos, procurándoles empleo y hasta plaza de funcionario en oposiciones en las que, como la que aprobó la presidenta Cifuentes, él podía ser la voz cantante del tribunal. Nunca llegaremos a saldar esa hipoteca.
Pero aún así los astorganos tenemos que agradecérselo, o al menos unos cuantos vinculados al PP en los tiempos en que no se comían ni rascaban nada en Astorga. Ahora ha llegado el momento de pagárselo. El momento de hacerle ese homenaje en el que no habrían de faltar las salvas de los húsares del 'Batallón Leonés' de la Guerra de la Independencia.
No sólo fueron plazas de rango administrativo, sino que también pudo intervenir tanto en la Universidad Rey Juan Carlos como en la Complutense para facilitar puestos de profesorado. Bueno, ya sabemos que el talento no podría prosperar si no fuera con la ayuda del poder político.
Algunos de sus amigos astorganos cumplieron algún papel en el ‘Tamayazo’, abriéndole los micrófonos en el momento requerido para una entrevista en Antena 3, donde Tamayo utiliza ya el argumentario del PP madrileño para justificar su deserción. *
No cabe duda de que somos unos ingratos, pues solo a cuentagotas los nuevos regidores revierten la inmensa deuda en algún sobreviviente de aquella ‘red astorgana’; sea el caso de un pregón de fiestas (cual clase magistral). Para un futuro habrán de reservarles los de carnavales y dionisíacas varias.
Aún es posible, a pesar de los amiguetes, pensar que los regidores astorganos trabajan en aras del bien común. Es posible pensar que sus buenos amigos nada tendrán que temer de cambio alguno; de que la igualdad de oportunidades para aprobar unas oposiciones, para competir libremente en un mercado no intervenido y obtener un beneficio proporcional al esfuerzo realizado tendrán las garantías habituales.
John Rawls, un teórico de la justicia de corte liberal, formula dos principios inexcusables para que toda decisión política que afecte a la ciudadanía sea justa.
Dice así el primer principio: “Cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás.”
El segundo principio se formula de la siguiente manera: “Las desigualdades sociales y económicas tienen que satisfacer dos condiciones: en primer lugar, tienen que estar vinculadas a cargos y posiciones abiertos a todos en condiciones de igualdad equitativa de oportunidades; y, en segundo lugar, las desigualdades deben redundar en un mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad”.
A partir de estos principios parece que nuestros regidores hayan sido lo bastante ecuánimes y justos; pues si se beneficia a alguien por pertenecer a una misma fratría o tribu no tiene por qué incumplirse el reparto equitativo, siempre que la ventaja viniera justificada.
‘La trama astorgana’ también debió de acogerse a esa segunda condición del 2º principio de justicia rawlsiano, (la que viene en negrita) sin caer en una interpretación perversa, ya que el fin era corregir la situación de desigualdad de origen de la que adolecían aquellos astorganos militantes o militados. Habrá que suponerlos entonces poco aventajados, poco capaces. Así ya podían justificar la ventaja correctora que les tenían concedida.
Señala Bo Rothstein, un gran experto en temas de corrupción, que esta “tiene el efecto perverso de conducir a gente poco cualificada a puestos importantes”, en detrimento del interés general.
La verdad es que como tantos astorganos se hubieron beneficiado directa o indirectamente del amiguismo en la comunidad de Madrid y que eso no hacía competencia a nadie de Astorga, aquella corrupción no debió de preocuparnos, como así fue, lo más mínimo. Como tantas corruptelas que ahora nos preocupan poco o nada.
Lo que en última instancia parece revelar un gran ‘aprecio’ hacia el sistema democrático.
Como señala Andrés Herzog: “Nadie se parece más a un corrupto/a que la persona que lo vota”
* El periódico digital Infolibre dejó escrito: Ciñéndonos a los papeles de Tamayo, podemos llegar a la esencia de lo que ocurrió. Al identificar los nombres que aparecen destacados, descubrimos que Tamayo está relatando una historia en la que revela los intereses en juego de personajes principales y secundarios. Empecemos por el más relevante, que aparece en el centro del primer folio. Dionisio Ramos es el gran muñidor del tamayazo. Primero, por su vieja y estrecha amistad con Balbás, que data de las juventudes de la UCD, que se ha alimentado de múltiples negocios comunes, entre otros la promoción inmobiliaria en Pelayos de la Presa por 15 millones de euros. Segundo, por su acceso privilegiado al PP, a través de su vecino y amigo Ricardo Romero de Tejada, secretario general del PP madrileño; también de su amistad con Cristina Cifuentes, la voz belicosa durante las comparecencias en la Comisión de Investigación, donde imprecaba sin cesar a los socialistas. Tercero, por la inmejorable conexión de Ramos con las esferas urbanísticas, sus negocios con Pedro Artes Carpena y Leopoldo Arnáiz, el urbanista de cabecera del PP, actualmente procesado por delitos de lavado de dinero y evasión fiscal por un importe de más de 600 millones de euros. Cuarto, por la desenvoltura operativa de Ramos: él es quien facilita a Tamayo un nuevo teléfono móvil (propiedad de Artes Carpena) en cuanto se deshace del que pertenecía al PSOE. Él es también quien contrata los servicios posteriores de vigilancia que corren a cargo de José Antonio Expósito, según declaró este en un primer momento. Expósito, un personaje estrafalario que acabará procesado por hacerse pasar por agente del CNI y que custodia al desertor en los días de la traición. Esa misma desenvoltura, le permite a Ramos ocuparse de las relaciones públicas de Tamayo, a quien sirve en bandeja su primer salto a la fama en una entrevista en Antena 3, coordinada con Ángel Alonso Jarrín, jefe de información nacional de la cadena y amigo de Ramos.






