¿Kitti Genovese en Astorga?
![[Img #38260]](upload/img/periodico/img_38260.jpg)
Tendría yo unos 15 años cuando vivía en un tercer piso de una casa en Zamora. En el segundo del otro lado convivían una pareja, la mujer más joven que el hombre, con dos niñas pequeñas, 4 y 7 años. Algunas noches se escuchaban sus discusiones y mamporrazos. Al día siguiente la mujer aunque maquillada no conseguía disimular los moratones de la cara. En una ocasión bajaba yo por la escalera y allí sentadas en un escalón estaban las niñas y la mujer llorando, expulsadas de su casa, esperando que 'el señor' las admitiese para evitar la vergüenza ante cualquier vecino que pasase. Nunca nadie aviso a la Policía, nunca nadie intentó intervenir ni se le pasó por la cabeza.
El día 13 de marzo de 1964, hacia las 4.25 de la madrugada, en un barrio de Nueva york, Kitty Genovese volvía de su trabajo. Poco antes de acceder al patio de vecinos para entrar a su vivienda fue agredida por un individuo. Ella corrió pidiendo auxilio hasta una cabina telefónica. Los vecinos que escucharon los gritos se asomaron a la ventana e increpaban al agresor, este la apuñaló allí mismo en la cabina y marchó. Kitty consiguió llegar hasta el patio de vecinos de su vivienda y allí a la vista de unos cuantos, no eran los mismos que la habían visto antes, el agresor, un necrófilo asesino, terminó de rematarla. El suceso había durado poco más de media hora. La agresión fue observada por 38 vecinos que se veían unos a otros, pues era de noche y habían encendido las luces. Solamente la última de los testigos avisó a la Policía, Kitty ya había muerto cuando esta llegó.
En el juicio los vecinos dijeron haber tenido la intención de llamar a la Policía, pero declinaron hacerlo para no verse involucrados en el asunto.
Además sabían que el suceso estaba siendo observado por otros cuantos individuos, con lo que, según la psicología social, la responsabilidad estaba difuminada. No querían verse involucrados y no se sentían plenamente responsables.
Decía Edmund Burke que lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres y mujeres buenos no hagan nada.
En Astorga, en el último asesinato de género acaecido en España, no hubo discusiones previas, no hubo reyerta ni gritos. Los vecinos declaran no haber oído nada. Solamente una mujer manifestaba que había habido trajín durante toda la noche.
Pero, ¿qué habría sucedido si la pelea hubiera sido larga y ruidosa? ¿Hubieran tolerado ser involucrados y se responsabilizarían dada la gravedad del asunto? Ya sabemos que los medios de comunicación son en exceso impertinentes cuando se trata de informar sobre algo tan escabroso. Los vecinos huían ante sus requerimientos y la puerta de la calle permanecía cerrada. Respondían que no querían ser importunados.
Ya no existe la misma la tolerancia a las agresiones que en los años 70 y 80. Pero, ¿cuántos de los que allí hubiéramos estado habríamos dado parte a la Policía? No lo podemos saber. Estimo que si la discusión hubiera sido prolongada y los golpes muy evidentes, el resultado hubiera sido parecido. Todavía pensamos que las discusiones de pareja pertenecen a su intimidad, ni hemos conseguido la tolerancia cero ante las agresiones machistas.
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Tendría yo unos 15 años cuando vivía en un tercer piso de una casa en Zamora. En el segundo del otro lado convivían una pareja, la mujer más joven que el hombre, con dos niñas pequeñas, 4 y 7 años. Algunas noches se escuchaban sus discusiones y mamporrazos. Al día siguiente la mujer aunque maquillada no conseguía disimular los moratones de la cara. En una ocasión bajaba yo por la escalera y allí sentadas en un escalón estaban las niñas y la mujer llorando, expulsadas de su casa, esperando que 'el señor' las admitiese para evitar la vergüenza ante cualquier vecino que pasase. Nunca nadie aviso a la Policía, nunca nadie intentó intervenir ni se le pasó por la cabeza.
El día 13 de marzo de 1964, hacia las 4.25 de la madrugada, en un barrio de Nueva york, Kitty Genovese volvía de su trabajo. Poco antes de acceder al patio de vecinos para entrar a su vivienda fue agredida por un individuo. Ella corrió pidiendo auxilio hasta una cabina telefónica. Los vecinos que escucharon los gritos se asomaron a la ventana e increpaban al agresor, este la apuñaló allí mismo en la cabina y marchó. Kitty consiguió llegar hasta el patio de vecinos de su vivienda y allí a la vista de unos cuantos, no eran los mismos que la habían visto antes, el agresor, un necrófilo asesino, terminó de rematarla. El suceso había durado poco más de media hora. La agresión fue observada por 38 vecinos que se veían unos a otros, pues era de noche y habían encendido las luces. Solamente la última de los testigos avisó a la Policía, Kitty ya había muerto cuando esta llegó.
En el juicio los vecinos dijeron haber tenido la intención de llamar a la Policía, pero declinaron hacerlo para no verse involucrados en el asunto.
Además sabían que el suceso estaba siendo observado por otros cuantos individuos, con lo que, según la psicología social, la responsabilidad estaba difuminada. No querían verse involucrados y no se sentían plenamente responsables.
Decía Edmund Burke que lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres y mujeres buenos no hagan nada.
En Astorga, en el último asesinato de género acaecido en España, no hubo discusiones previas, no hubo reyerta ni gritos. Los vecinos declaran no haber oído nada. Solamente una mujer manifestaba que había habido trajín durante toda la noche.
Pero, ¿qué habría sucedido si la pelea hubiera sido larga y ruidosa? ¿Hubieran tolerado ser involucrados y se responsabilizarían dada la gravedad del asunto? Ya sabemos que los medios de comunicación son en exceso impertinentes cuando se trata de informar sobre algo tan escabroso. Los vecinos huían ante sus requerimientos y la puerta de la calle permanecía cerrada. Respondían que no querían ser importunados.
Ya no existe la misma la tolerancia a las agresiones que en los años 70 y 80. Pero, ¿cuántos de los que allí hubiéramos estado habríamos dado parte a la Policía? No lo podemos saber. Estimo que si la discusión hubiera sido prolongada y los golpes muy evidentes, el resultado hubiera sido parecido. Todavía pensamos que las discusiones de pareja pertenecen a su intimidad, ni hemos conseguido la tolerancia cero ante las agresiones machistas.






