La guapa del gimnasio
![[Img #38432]](upload/img/periodico/img_38432.jpg)
Siempre y cuando fuerces los músculos faciales y finjas una posición cansada puedes ver lo que ocurre en un gimnasio sin temor a que te detengan por acoso. Bueno, sin temor no, pero al menos ya tienes una coartada. Cuando la chica que más buena está se pone de frente a bajar y a subir haciendo lumbares o cuando cambias de máquina y la tabla de ella te persigue y se pone a hacer sentadillas de espaldas a ti, no puedes hacer otra cosa que poner cara de tonto -esto no me es difícil- y mirar y observar y ver. No tanto sus curvas como las caras de los otros. Observar cómo se esfuerzan en no mirar y cómo fracasan en su intento para luego sin pudor ni mesura comérselas con lo que nada se come es un ejercicio que la verdad da bastante asquete. Sólo en la impostura de mirar no mirando hay algo de verdad. Esto en la piscina es más fácil ya que hay sol, y aquí hay que imaginar que la luz de los florescentes reflejan más que lo que en realidad lo hacen. Justo cuando esto escribo ha entrado la más guapa con el pelo recogido y aún así guapa, como solo ellas pueden hacerlo. Me recuerda a la novia de un amigo. Más me duele a mí, más me duele a mí. Qué bien le quedaría a ella también uno de estos pantaloncitos que son más pequeños que su trasero respingón. Ahora se ha puesto a tontear aquí con el musculitos tontorrón que siempre tiene las mismas bromas, al final me toca decírselo al monitor, que aquí estos vienen a lo que vienen: a entrenar y yo a mirar, que estás columnas no se escriben solas. Cuando cierro esta columna todo sigue igual, nuestro Presidente de vacaciones, los taxistas morugos y la chica guapa de risitas con el tonto. Menos mal que algunos aprendimos a no hacer nada con las que tienen novio.
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Siempre y cuando fuerces los músculos faciales y finjas una posición cansada puedes ver lo que ocurre en un gimnasio sin temor a que te detengan por acoso. Bueno, sin temor no, pero al menos ya tienes una coartada. Cuando la chica que más buena está se pone de frente a bajar y a subir haciendo lumbares o cuando cambias de máquina y la tabla de ella te persigue y se pone a hacer sentadillas de espaldas a ti, no puedes hacer otra cosa que poner cara de tonto -esto no me es difícil- y mirar y observar y ver. No tanto sus curvas como las caras de los otros. Observar cómo se esfuerzan en no mirar y cómo fracasan en su intento para luego sin pudor ni mesura comérselas con lo que nada se come es un ejercicio que la verdad da bastante asquete. Sólo en la impostura de mirar no mirando hay algo de verdad. Esto en la piscina es más fácil ya que hay sol, y aquí hay que imaginar que la luz de los florescentes reflejan más que lo que en realidad lo hacen. Justo cuando esto escribo ha entrado la más guapa con el pelo recogido y aún así guapa, como solo ellas pueden hacerlo. Me recuerda a la novia de un amigo. Más me duele a mí, más me duele a mí. Qué bien le quedaría a ella también uno de estos pantaloncitos que son más pequeños que su trasero respingón. Ahora se ha puesto a tontear aquí con el musculitos tontorrón que siempre tiene las mismas bromas, al final me toca decírselo al monitor, que aquí estos vienen a lo que vienen: a entrenar y yo a mirar, que estás columnas no se escriben solas. Cuando cierro esta columna todo sigue igual, nuestro Presidente de vacaciones, los taxistas morugos y la chica guapa de risitas con el tonto. Menos mal que algunos aprendimos a no hacer nada con las que tienen novio.






