Periodistos o periolistos
Recientemente pronunció en Astorga una conferencia el director del Diario de León. Un amigo me preguntó si pensaba asistir. Nunca estuvo en mi intención cuando se trataba de una conferencia sobre el periodismo de un colega que dirige un periódico que ha manifestado tan poco respeto a la profesión, al ignorar la existencia de un importante proceso denominado Gürtel. Todo por la razón de que el dueño de dicho diario forma parte de él como investigado, para el que los fiscales solicitan importantes años de prisión. Algo similar ocurre con la televisión autonómica del mismo propietario. Cuando las demás cadenas se ocupan con problemas generales o películas ella va con la música por todas partes.
Que pueda existir esta clase de personajes en el conocido como ‘cuarto poder’ hoy en día asusta. Recuerda los tiempos de William Randolfh Hearts y su manejo de la prensa como magnate que poseía numerosos periódicos que manipulaba a favor de sus intereses comerciales y políticos. Tan histriónico, K que fue la inspiración de Orson Welles para su inmortal ‘Ciudadano Kane’, que hasta se llevaba castillos y conventos piedra a piedra desde España para reconstruirlos en Norteamérica.
Los periódicos tienen el derecho y el deber de informar, y valerse de la potestad de ser el dueño para privarle del derecho o impedirle cumplir con el deber de hacerlo es algo que va contra la esencia del periodismo y que solo puede admitirse desde los coletazos del peor caciquismo. El señor Ulibarri en su calidad de propietario del periódico tiene todo el derecho a la presunción de inocencia pero la cacicada impuesta a su medio le aleja de esta presunción y le acerca más a la culpabilidad por la comisión de nuevas tropelías por las que se ha visto ahora imputado por un juzgado de Badalona e ingresado en prisión preventiva y sin posible elusión bajo fianza.
Un proceso en marcha, el de Enredadera, en torno a periolistos, que no periodistos, como le gustaría a Irene Montero con ese punto de desconocimiento lingüístico que se da ahora en muchos políticos, sobre todo por seguir el modelo regresivo euskérico o bolivariano. Periolistos propietarios o trabajadores, que se dedican a tergiversar o manipular los medios de comunicación en su beneficio. Pierden el oremus de la aconsejable propensión a la objetividad por el seguidismo partidario y, lo que es peor, por inmiscuirse en las corrientes de la corrupción con la común meta del dinero fácil y mal adquirido.
La cacicada ha podido hacerla como dueño pero peor es el caso del presidente de El Faro Astorgano que se presume que ha hecho lo mismo sin ser el dueño y tan solo el administrador. Ha incidido con total descaro sobre los sucesos que han llevado al alcalde y a los concejales a ser detenidos, interrogados e investigados por el juzgado. Con una nota muy curiosa añadida en cuanto a las inversiones publicitarias por parte del Ayuntamiento de Astorga. La efectúan, según su propio reconocimiento, en proporción a las audiencias y de eso nada de nada en cuanto a las audiencias reales y todavía menos y más paradójico si se atienden a la ubicación de las mismas. Los medios más beneficiados son curiosamente los que corresponden a los dos empresarios encarcelados y en cuanto a la ubicación de las audiencias, a no ser que les interesen más las de León o La Bañeza que la de Astorga, hay todavía datos que hacen más difícilmente justificables las cantidades desembolsadas, sin que se haya tenido en cuenta para nada la normativa que rige, con carácter general, estas actuaciones.
Por medio quedan los otros periolistos, los que escriben al dictado o se prestan a hacer campañas para presionar a los políticos o reconocen que han cobrado cantidades importantes de dinero y se atreven a preguntar con desfachatez que a qué concepto se deben, que no lo recuerdan, evidenciando que han cobrado más cantidades o tienen que soportar instrucciones sobre qué escribir, ampliar o acotar, no en función de los principios periodísticos, sino de los intereses económicos de la propiedad.
El derecho de la Justicia a los seguimientos telefónicos nos lleva a una consecuencia de dudosa legalidad. De que la Justicia tenga derecho a las escuchas no se sigue que lo escuchado pueda ser divulgado públicamente, como se ha hecho, cuando no corresponde al fin de la investigación. Mientras las cosas están así esto es lo que hay, guantazos y mandobles para todos.
Como ha escrito Enrique Ramos, en El Faro, siguen estando los periodistas con su dignidad pisoteada ante una sociedad que no es mejor que ellos.
Recientemente pronunció en Astorga una conferencia el director del Diario de León. Un amigo me preguntó si pensaba asistir. Nunca estuvo en mi intención cuando se trataba de una conferencia sobre el periodismo de un colega que dirige un periódico que ha manifestado tan poco respeto a la profesión, al ignorar la existencia de un importante proceso denominado Gürtel. Todo por la razón de que el dueño de dicho diario forma parte de él como investigado, para el que los fiscales solicitan importantes años de prisión. Algo similar ocurre con la televisión autonómica del mismo propietario. Cuando las demás cadenas se ocupan con problemas generales o películas ella va con la música por todas partes.
Que pueda existir esta clase de personajes en el conocido como ‘cuarto poder’ hoy en día asusta. Recuerda los tiempos de William Randolfh Hearts y su manejo de la prensa como magnate que poseía numerosos periódicos que manipulaba a favor de sus intereses comerciales y políticos. Tan histriónico, K que fue la inspiración de Orson Welles para su inmortal ‘Ciudadano Kane’, que hasta se llevaba castillos y conventos piedra a piedra desde España para reconstruirlos en Norteamérica.
Los periódicos tienen el derecho y el deber de informar, y valerse de la potestad de ser el dueño para privarle del derecho o impedirle cumplir con el deber de hacerlo es algo que va contra la esencia del periodismo y que solo puede admitirse desde los coletazos del peor caciquismo. El señor Ulibarri en su calidad de propietario del periódico tiene todo el derecho a la presunción de inocencia pero la cacicada impuesta a su medio le aleja de esta presunción y le acerca más a la culpabilidad por la comisión de nuevas tropelías por las que se ha visto ahora imputado por un juzgado de Badalona e ingresado en prisión preventiva y sin posible elusión bajo fianza.
Un proceso en marcha, el de Enredadera, en torno a periolistos, que no periodistos, como le gustaría a Irene Montero con ese punto de desconocimiento lingüístico que se da ahora en muchos políticos, sobre todo por seguir el modelo regresivo euskérico o bolivariano. Periolistos propietarios o trabajadores, que se dedican a tergiversar o manipular los medios de comunicación en su beneficio. Pierden el oremus de la aconsejable propensión a la objetividad por el seguidismo partidario y, lo que es peor, por inmiscuirse en las corrientes de la corrupción con la común meta del dinero fácil y mal adquirido.
La cacicada ha podido hacerla como dueño pero peor es el caso del presidente de El Faro Astorgano que se presume que ha hecho lo mismo sin ser el dueño y tan solo el administrador. Ha incidido con total descaro sobre los sucesos que han llevado al alcalde y a los concejales a ser detenidos, interrogados e investigados por el juzgado. Con una nota muy curiosa añadida en cuanto a las inversiones publicitarias por parte del Ayuntamiento de Astorga. La efectúan, según su propio reconocimiento, en proporción a las audiencias y de eso nada de nada en cuanto a las audiencias reales y todavía menos y más paradójico si se atienden a la ubicación de las mismas. Los medios más beneficiados son curiosamente los que corresponden a los dos empresarios encarcelados y en cuanto a la ubicación de las audiencias, a no ser que les interesen más las de León o La Bañeza que la de Astorga, hay todavía datos que hacen más difícilmente justificables las cantidades desembolsadas, sin que se haya tenido en cuenta para nada la normativa que rige, con carácter general, estas actuaciones.
Por medio quedan los otros periolistos, los que escriben al dictado o se prestan a hacer campañas para presionar a los políticos o reconocen que han cobrado cantidades importantes de dinero y se atreven a preguntar con desfachatez que a qué concepto se deben, que no lo recuerdan, evidenciando que han cobrado más cantidades o tienen que soportar instrucciones sobre qué escribir, ampliar o acotar, no en función de los principios periodísticos, sino de los intereses económicos de la propiedad.
El derecho de la Justicia a los seguimientos telefónicos nos lleva a una consecuencia de dudosa legalidad. De que la Justicia tenga derecho a las escuchas no se sigue que lo escuchado pueda ser divulgado públicamente, como se ha hecho, cuando no corresponde al fin de la investigación. Mientras las cosas están así esto es lo que hay, guantazos y mandobles para todos.
Como ha escrito Enrique Ramos, en El Faro, siguen estando los periodistas con su dignidad pisoteada ante una sociedad que no es mejor que ellos.






