Roberto Prada Gallego
Sábado, 25 de Agosto de 2018

Impotencia

 

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Menos mal que ya termina el verano, esa estación en la que con tanto tiempo libre es imposible hacer nada. La semana más productiva, de hecho, ha sido la pasada. Las fiestas de mí pueblo. Toros, música, polvo, comida y sobre todo bebida. He vuelto a engordar y ya puedo acomodar plácidamente ambas manos sobre la barriga. Si la fiesta llega a durar un poco más era probable que el siguiente en salir del cajón fuera yo. 

 

Embestiría con nobleza y al culo, que es lo que haría de haber nacido toro. Y evitaría, en la medida de lo posible, que otro animal me pillara despistado. Este San Roque he descubierto mucha manía por introducir el dedo por ese agujero. Y uno tiene bien claro que cuando se empieza a decir que no me apetece, que estoy cansado o no tengo tiempo, es cuando se comienza a morir uno, pero por la única razón de que no vas a tener cosas que recordar. Y prometo que el que esa muchacha hiciera el ademán de jugar con el dedito ya basta para que yo no lo olvide. Al final jugué yo y fue mejor para los dos porque cuando le dije que Umbral había dicho de David Summers que tocaba la guitarra como si masturbase a una chica puso una media sonrisa que no sé si era por el puto dedo o por no conocer a ninguno de los dos. Aunque pensándolo en perspectiva, puede que no supiera quién era yo, de lo oscuro que estaba todo. Quedamos en repetir aquel desaguisado, pero como había ido tan bien lo mejor era no volver a hablarnos jamás. Es lo que ocurre en las relaciones ahora, si algo no se puede mejorar para qué. Y más teniendo en cuenta lo ocurrido días después, con las fiestas llegando a su fin, esta vez con una chica más como me gustan a mí, de mofletes apaisados y trasero respingón. Lo teníamos todo. Hasta cama y tranquilidad. Lo relacioné a una semana de tratar muy mal el cuerpo, con malas noches y peores mañanas, de mezclar alcohol, de echar unas veces mucho hielo y otras beber aquello muy caliente, el caso es que la cosa no funcionaba.

 

 Aquello se achicó y yo me tuve que hacer el dormido. Ni masajes ni nada. Desde entonces no nos hablamos. Al principio aguantaba la orina lo más que podía, pero ahora ya ni eso. Indiferencia total. Un poco como con mi antigua novia. Después de una noche mágica otra más mágica aún y el final, y mira que son ganas de andar haciendo bromas de varitas. Ahora cuando la miro, ella se hace la despistada y yo la veo un poco como el pasado, sabiendo que no siempre regresa, pero esperándolo siempre. 

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