Límites a la obscenidad
![[Img #39004]](upload/img/periodico/img_39004.jpg)
Obscenidad no en el sentido de ofensivo a la moral sexual sino en el puramente etimológico ‘de la basura’ o asqueroso, indecente, aborrecible o repugnante. Como está ocurriendo con lo que está lloviendo con La Enredadera. Parece que aquella vieja película de ‘Sexo, mentiras y cintas de video’ nos la están ofreciendo en serial en una nueva versión titulada ‘Fraude, mentiras y grabaciones’.
Fraude mucho. El que ha salido y el que falta por salir, ya que las conversaciones escuchadas superan las setecientas y el secreto del sumario de Astorga sigue bajo secreto. Mentiras a mogollón entre los protagonistas y los partidos, que no se han privado y han aprovechado la oportunidad y más, y grabaciones llenas de sorpresas en un panorama que es como un campo del monte lleno de matojos o, lo que es peor, lleno de minas antipersona, que esto es la guerra, en la que no han faltado los insultos y las descalificaciones como municiones menores.
Partidos que se lavan las manos apresuradamente, cuando temen que les puede alcanzar el fuego que ya les ha alcanzado. Que no corran tanto que todavía queda mucho juego en este ‘tragisainete’ de los que le alcanza hasta el apuntador. Otros gritan para con sus voces confundir o se apresuran a pedir más cabezas, imitando a los hermanos Marx cuando pedían más leña. Que cuiden que pueden caer hasta las suyas y más en un juego tan disparatado que solo se dice lo que más interesa, sin atenerse a la verdad como si hubiera cundido el pánico, que puede ser real, de todos a la cárcel.
Los populares reniegan de los suyos. Los socialistas se apresuran a remarcar la independencia de una publicación, sin datos que lo avalen, ya que según el sumario con esas conversaciones se les señala según el criterio de los investigadores, tal como apunta la competencia, en sus trascripciones, por la propuesta de la involucración de sus consejeros, sin pruebas, por lo que todo pueden ser palabritas para favorecer adjudicaciones y con órdenes directas de su presidente a la redacción con este mismo fin y con unas injustificables inversiones en publicidad según el criterio de las audiencias por parte del Ayuntamiento
.
¿Mentiras? Por ejemplo cuando un medio lanza la bravata de que su audiencia es la mayor según el control de la OJD. En ese dato se basan los munícipes para justificar actuaciones suyas y luego llega la Oficina para la Justificación de la Difusión y rebaja sus cifras en una cantidad nada desdeñable de 100.000 visitantes únicos al mes. ¡Toma mandarina! Por medio han estado hasta ‘los rusos’, como en el caso de Trump y su candidatura presidencial, para que quede claro que aquí no nos privamos de nada. ¡Hasta rusos o robots, que todo vale!
Todavía falta por decir alguna verdad, por ejemplo de otros protagonistas que andan en el juego tapados, como ocurrió en el Tamayazo. Eso callaría alguna boca de esas que aunque les sentencien condenándolas seguirán diciendo que ellos no han sido condenados. ¡Toma agallas!
Lo peor del caso es que en este guirigay se ha perdido la vista de la realidad. No se trata, insisto, de un proceso más a la corrupción, de esa que tanto se lleva de políticos que se han apropiado del dinero de todos en cantidades importantes, sino de que los dueños y gestores de los medios los han manipulado para extorsionar a los políticos y conseguir amañar los concursos públicos y de los otros 'periolistos' que se han dejado arrastrar. Esta es la nueva corrupción que se juzga y por lo que, se sea empresario o administrador o simples escribidores, unos están en la cárcel y los otros evidenciados.
En el desenfoque de la situación, sea intencionado o fortuito, se equipara la corrupción que se persigue con las grandes corrupciones que se dan por el país y de eso nada. Aquí nadie se lleva millones de los que no hay. Nada más que cientos mal adjudicados por los trabajos, posiblemente, y realizados. Más que de una corrupción económica se trata de una endémica en las formas de las contrataciones, que, sin dejar de ser corrupción no es de esas monumentales que escandalizan y para colmo demasiado habitual en las administraciones locales y regionales que se practica en Astorga como en la mayoría –¿puede llegar al 95 %?- de las administraciones-. Puede ser que a Astorga le haya tocado el papel de conejillo de indias -¡Vaya suerte!- y que a partir de ahora la justicia –difícil es imaginarlo-, siga de una vez el camino emprendido. Al menos así habría servido para algo el sacrificio de los pioneros.
El que quiera rasgarse las vestiduras puede hacerlo pero que lo asuma y tenga en cuenta que puede acabar congelado y se habrá olvidado que el gran tema que se persigue es el de la corrupción de los periolistos que han acosado a través de los medios a los políticos.
La película está comenzada. Antes del final vendrán secuencias en las que hábiles abogados, de los que se mueven con facturas que solo pueden pagar los privilegiados, les exonerarán y sólo pagarán los minúsculos afectados. Pero la película es así, de un nuevo género y de una nueva corrupción colateral, la de los medios para a través de ellos condicionar a los políticos y a los periodistas a delinquir. Veremos quienes son los culpables. Si los que más han delinquido o los que peor se ha defendido.
Mientras tanto la basura corre suelta y sin límite.
![[Img #39004]](upload/img/periodico/img_39004.jpg)
Obscenidad no en el sentido de ofensivo a la moral sexual sino en el puramente etimológico ‘de la basura’ o asqueroso, indecente, aborrecible o repugnante. Como está ocurriendo con lo que está lloviendo con La Enredadera. Parece que aquella vieja película de ‘Sexo, mentiras y cintas de video’ nos la están ofreciendo en serial en una nueva versión titulada ‘Fraude, mentiras y grabaciones’.
Fraude mucho. El que ha salido y el que falta por salir, ya que las conversaciones escuchadas superan las setecientas y el secreto del sumario de Astorga sigue bajo secreto. Mentiras a mogollón entre los protagonistas y los partidos, que no se han privado y han aprovechado la oportunidad y más, y grabaciones llenas de sorpresas en un panorama que es como un campo del monte lleno de matojos o, lo que es peor, lleno de minas antipersona, que esto es la guerra, en la que no han faltado los insultos y las descalificaciones como municiones menores.
Partidos que se lavan las manos apresuradamente, cuando temen que les puede alcanzar el fuego que ya les ha alcanzado. Que no corran tanto que todavía queda mucho juego en este ‘tragisainete’ de los que le alcanza hasta el apuntador. Otros gritan para con sus voces confundir o se apresuran a pedir más cabezas, imitando a los hermanos Marx cuando pedían más leña. Que cuiden que pueden caer hasta las suyas y más en un juego tan disparatado que solo se dice lo que más interesa, sin atenerse a la verdad como si hubiera cundido el pánico, que puede ser real, de todos a la cárcel.
Los populares reniegan de los suyos. Los socialistas se apresuran a remarcar la independencia de una publicación, sin datos que lo avalen, ya que según el sumario con esas conversaciones se les señala según el criterio de los investigadores, tal como apunta la competencia, en sus trascripciones, por la propuesta de la involucración de sus consejeros, sin pruebas, por lo que todo pueden ser palabritas para favorecer adjudicaciones y con órdenes directas de su presidente a la redacción con este mismo fin y con unas injustificables inversiones en publicidad según el criterio de las audiencias por parte del Ayuntamiento
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¿Mentiras? Por ejemplo cuando un medio lanza la bravata de que su audiencia es la mayor según el control de la OJD. En ese dato se basan los munícipes para justificar actuaciones suyas y luego llega la Oficina para la Justificación de la Difusión y rebaja sus cifras en una cantidad nada desdeñable de 100.000 visitantes únicos al mes. ¡Toma mandarina! Por medio han estado hasta ‘los rusos’, como en el caso de Trump y su candidatura presidencial, para que quede claro que aquí no nos privamos de nada. ¡Hasta rusos o robots, que todo vale!
Todavía falta por decir alguna verdad, por ejemplo de otros protagonistas que andan en el juego tapados, como ocurrió en el Tamayazo. Eso callaría alguna boca de esas que aunque les sentencien condenándolas seguirán diciendo que ellos no han sido condenados. ¡Toma agallas!
Lo peor del caso es que en este guirigay se ha perdido la vista de la realidad. No se trata, insisto, de un proceso más a la corrupción, de esa que tanto se lleva de políticos que se han apropiado del dinero de todos en cantidades importantes, sino de que los dueños y gestores de los medios los han manipulado para extorsionar a los políticos y conseguir amañar los concursos públicos y de los otros 'periolistos' que se han dejado arrastrar. Esta es la nueva corrupción que se juzga y por lo que, se sea empresario o administrador o simples escribidores, unos están en la cárcel y los otros evidenciados.
En el desenfoque de la situación, sea intencionado o fortuito, se equipara la corrupción que se persigue con las grandes corrupciones que se dan por el país y de eso nada. Aquí nadie se lleva millones de los que no hay. Nada más que cientos mal adjudicados por los trabajos, posiblemente, y realizados. Más que de una corrupción económica se trata de una endémica en las formas de las contrataciones, que, sin dejar de ser corrupción no es de esas monumentales que escandalizan y para colmo demasiado habitual en las administraciones locales y regionales que se practica en Astorga como en la mayoría –¿puede llegar al 95 %?- de las administraciones-. Puede ser que a Astorga le haya tocado el papel de conejillo de indias -¡Vaya suerte!- y que a partir de ahora la justicia –difícil es imaginarlo-, siga de una vez el camino emprendido. Al menos así habría servido para algo el sacrificio de los pioneros.
El que quiera rasgarse las vestiduras puede hacerlo pero que lo asuma y tenga en cuenta que puede acabar congelado y se habrá olvidado que el gran tema que se persigue es el de la corrupción de los periolistos que han acosado a través de los medios a los políticos.
La película está comenzada. Antes del final vendrán secuencias en las que hábiles abogados, de los que se mueven con facturas que solo pueden pagar los privilegiados, les exonerarán y sólo pagarán los minúsculos afectados. Pero la película es así, de un nuevo género y de una nueva corrupción colateral, la de los medios para a través de ellos condicionar a los políticos y a los periodistas a delinquir. Veremos quienes son los culpables. Si los que más han delinquido o los que peor se ha defendido.
Mientras tanto la basura corre suelta y sin límite.






