Javier Huerta
Sábado, 03 de Noviembre de 2018

25 años de la muerte de Evaristo Fernández Blanco

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Veinticinco aniversario de la muerte de Evaristo Fernández Blanco (Astorga, 1902-Madrid, 1993), una figura de la música española contemporánea aún no suficientemente conocida y apreciada, ni siquiera en su patria chica. El director de orquesta José Luis Temes ha conmemorado la efeméride con una conferencia en el Círculo Catalán de Madrid. Temes es, sin duda, el mejor conocedor y yo diría que valedor del gran músico astorgano. Al frente de la Orquesta Filarmónica de Málaga llevó a cabo en 2010 una grabación de su Obra sinfónica completa. Algunos años antes de su muerte Temes conoció y trató a don Evaristo, de temperamento huraño, sin duda fruto de las difíciles circunstancias que hubo de vivir tras la Guerra Civil, sobre todo durante el periodo que, por miedo a las represalias por su republicanismo, pasó escondido en un lugar de la parroquia pontevedresa de Viascón. Fue entonces, 1940, cuando compuso la Obertura dramática, «una de las cumbres del sinfonismo español de todos los tiempos», en palabras del conferenciante.

 

Antes de llegar a esta obra maestra, Temes se entretuvo en trazar el singular y dramático itinerario de Fernández Blanco: desde su pieza primeriza, Vals triste (título premonitorio de lo que será su vida), escrita por encargo del Casino de Astorga, hasta otros títulos anteriores a la guerra, como la Obertura sinfónica (1925), la Pequeña Suite (1929) y las Dos danzas leonesas (1932). Estas obras menores nos muestran al músico en la onda de sus coetáneos  –Conrado del Campo, su maestro, Óscar Esplá, Ernesto Halffter–, a la búsqueda de su propio estilo, a medio camino entre la tradición y la vanguardia, cuyo atonalismo asume moderadamente ante las reticencias del público. Como ejemplo de sincretismo y de rara perfección en la mezcla de registros diversos –de Vivaldi a Falla– apuntó Temes el «Preludio» a la Suite de danzas antiguas (1982), una pieza escrita tras un largo silencio de más de cuarenta años; de silencio total en lo que se refiere a la creación, dejada a un lado por tener que sobrevivir tocando el piano en teatros del Paralelo de Barcelona y, sin duda también, por no haber podido oír interpretadas sus composiciones.

 

Temes dedicó la mayor parte de su lección a comentar la Obertura dramática, obra compleja que precisa de una monumental orquesta con gran presencia de los metales. La partitura está inspirada en la batalla de Teruel. Es trepidante y estremecedor su arranque, una brillante descripción de los bombardeos de la aviación, siempre iguales y a la vez diferentes. A esta vibrante página sucede una lenta de carácter elegiaco, imagen afortunada del paisaje después de la batalla. Entre estas notas suenan marciales las de los himnos de los bandos contendientes: 'A las barricadas', 'La Internacional', alguna otra que parece evocar el bando nacional… Las sentidas notas de un violonchelo –acaso un homenaje al exiliado Pablo Casals– ponen melancólica rúbrica a esta composición que recuerda el sinfonismo de Shostakovich. Confieso haberla  escuchado muchas veces y, al hilo de los brillantes comentarios de Temes, pienso que, respecto de nuestra guerra, podría representar en música lo que el Guernica de Picasso representa en pintura. Y me atrevo a soñar: ¡Qué bien sonaría esta obra maestra en el Teatro Gullón! Sería el mejor homenaje que la ciudad podría rendir a uno de sus hijos más ilustres.

 

Desde hace unos años José Luis Temes viene trabajando en un ambicioso proyecto que, bajo el título de Luz, presenta la obra de grandes músicos contemporáneos a través de mediometrajes en que la música entabla un hermoso y emotivo diálogo con las demás bellas artes. Han aparecido ya varios videoclips. El primero, Rimas infantiles, trata sobre la compositora María Rodrigo, muerta en el exilio de Puerto Rico. El segundo vincula la obra del músico Manuel Manrique de Lara con la del pintor Joaquín Sorolla. El tercero ilustra con la pintura de Fernando Zóbel, en el marco del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, las Exequias que a su muerte compuso José Luis Turina. La cuarta entrega, recientemente presentada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, tiene como protagonista a Enrique Fernández Arbós. A ellos querría sumar, si encuentra el apoyo de las instituciones astorganas, un videoclip que, con el título goyesco de Los desastres de la guerra, estaría dedicado, precisamente, a la Obertura dramática, de Evaristo Fernández Blanco.

 

 

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