¿Qué está pasando?
![[Img #40261]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2018/9717_max.jpg?30)
Cuando a todo un Presidente del Gobierno se le acusa de haber plagiado su tesis doctoral y no pasa nada. En países de nuestro entorno sobran los casos de ministros acusados de lo mismo y dimitieron de inmediato. En España nada de eso. Como se ha sostenido, ni las universidades se han resentido ni los rectores han movido una ceja. Ni las privadas ni las públicas, que tampoco se escapan del descrédito de casos como este más los de los másteres. En una pública fue en la que, tras el escándalo de las cremas y no antes, tuvo que dimitir la Presidenta de la Comunidad de Madrid.
Se suscitaron otros casos que hubieron de ser tapados como el del Presidente del otro partido. Mientras una jueza encontraba motivos para que fueran juzgados en casos similares fue el Supremo el que lo canceló porque para eso es aforado. Se quedó sin dilucidar si el master y la carrera fueron un regalo. Lo que no impide, sino que lo favorece, creer que lo fueron. Esta es la impotencia de La Justicia. A Francisco Camps le absolvió pero no pudo quitarle el olor a chorizo. Como otras absoluciones que entre más elevadas han sido no han hecho nada más que evidenciar que la justicia no es igual para todos.
Cuando los políticos viven entre sobresaltos por la difusión de conversaciones grabadas por el comisario Villarejo, en prisión preventiva pero que no carece de recursos para hacer saltar de los nervios al país. Empezó apuntando muy alto por el rey emérito, bajó por los ministros y ahora comienza por los exministros, que guarda tortas para todos. Como vivimos de las tropelías que lanza desde Bélgica un expresidente catalán cesado y que ha huido allí para esquivar la justicia.
¿Por qué ocurren estas cosas en este país que es el nuestro? Son casos de mala interpretación ética que no resultan aceptables en los países de la órbita protestante. ¿Será por las carencias que rezuma la falsa moral católica que se impone como una losa que tapa pero no impide la putrefacción?
Estamos en los enredos degenerados de conservadores y liberales del XIX, aunque allí contaban con el poder del caciquismo y con una justicia inservible, como ahora, que ya no la salva ni el maestro armero. ¿Qué está pasando que todo es posible?
Las izquierdas se permiten pertenecer al más obsceno de los nacionalismos, el excluyente, que todos los son pero este más, cuando las izquierdas por definición son internacionalistas. Como los franquitas se etiquetan de demócratas como si eso no fuera un absurdo imposible.
¿Qué está pasando? Ante el anuncio del juicio más necesario que el comer a los responsables de los graves incidentes de Cataluña, son los cómplices y seguidores los que se rasgan las vestiduras y provocan y desafían a quien no comparta sus sinrazones y hasta se permiten plantear chantajes al Gobierno y a las Cortes soberanas.
¿Hasta cuándo van a seguir valiendo más los votos nacionalistas que los de los demás ciudadanos? ¿Para cuándo se deja la reforma de una Constitución que ha valido tantos años y se la quiere obligar a que siga valiendo sin acometer las reformas necesarias, que son las que garantizan la permanencia y vigencia de la misma? ¿Tendrán algo que ver los que en su momento se opusieron a aprobarla con quienes ahora se oponen a que se actualice?
Para colmo la funesta, presuntamente, actuación del Tribunal Supremo en el caso de las hipotecas bancarias. Está clara la doctrina de que las sentencias se acatan pero surge una pregunta: ¿Ha sido esto una sentencia? Dando por hecho que sí podemos plantear una difícil cuestión: ¿El pueblo astorgano a qué lado se posiciona? ¿No será al de quienes la aceptan sin ningún planteamiento crítico –lo que no va en contra del acatamiento- sin considerar que es una farfullada para dar la razón a los poderosos –los bancos- sin tener en cuenta los intereses del pueblo?
Afortunadamente el Gobierno en este caso ha actuado como el buen rey Salomón. Con una solución que no ha sido la de la Justicia pero sí la de la Honra.
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Cuando a todo un Presidente del Gobierno se le acusa de haber plagiado su tesis doctoral y no pasa nada. En países de nuestro entorno sobran los casos de ministros acusados de lo mismo y dimitieron de inmediato. En España nada de eso. Como se ha sostenido, ni las universidades se han resentido ni los rectores han movido una ceja. Ni las privadas ni las públicas, que tampoco se escapan del descrédito de casos como este más los de los másteres. En una pública fue en la que, tras el escándalo de las cremas y no antes, tuvo que dimitir la Presidenta de la Comunidad de Madrid.
Se suscitaron otros casos que hubieron de ser tapados como el del Presidente del otro partido. Mientras una jueza encontraba motivos para que fueran juzgados en casos similares fue el Supremo el que lo canceló porque para eso es aforado. Se quedó sin dilucidar si el master y la carrera fueron un regalo. Lo que no impide, sino que lo favorece, creer que lo fueron. Esta es la impotencia de La Justicia. A Francisco Camps le absolvió pero no pudo quitarle el olor a chorizo. Como otras absoluciones que entre más elevadas han sido no han hecho nada más que evidenciar que la justicia no es igual para todos.
Cuando los políticos viven entre sobresaltos por la difusión de conversaciones grabadas por el comisario Villarejo, en prisión preventiva pero que no carece de recursos para hacer saltar de los nervios al país. Empezó apuntando muy alto por el rey emérito, bajó por los ministros y ahora comienza por los exministros, que guarda tortas para todos. Como vivimos de las tropelías que lanza desde Bélgica un expresidente catalán cesado y que ha huido allí para esquivar la justicia.
¿Por qué ocurren estas cosas en este país que es el nuestro? Son casos de mala interpretación ética que no resultan aceptables en los países de la órbita protestante. ¿Será por las carencias que rezuma la falsa moral católica que se impone como una losa que tapa pero no impide la putrefacción?
Estamos en los enredos degenerados de conservadores y liberales del XIX, aunque allí contaban con el poder del caciquismo y con una justicia inservible, como ahora, que ya no la salva ni el maestro armero. ¿Qué está pasando que todo es posible?
Las izquierdas se permiten pertenecer al más obsceno de los nacionalismos, el excluyente, que todos los son pero este más, cuando las izquierdas por definición son internacionalistas. Como los franquitas se etiquetan de demócratas como si eso no fuera un absurdo imposible.
¿Qué está pasando? Ante el anuncio del juicio más necesario que el comer a los responsables de los graves incidentes de Cataluña, son los cómplices y seguidores los que se rasgan las vestiduras y provocan y desafían a quien no comparta sus sinrazones y hasta se permiten plantear chantajes al Gobierno y a las Cortes soberanas.
¿Hasta cuándo van a seguir valiendo más los votos nacionalistas que los de los demás ciudadanos? ¿Para cuándo se deja la reforma de una Constitución que ha valido tantos años y se la quiere obligar a que siga valiendo sin acometer las reformas necesarias, que son las que garantizan la permanencia y vigencia de la misma? ¿Tendrán algo que ver los que en su momento se opusieron a aprobarla con quienes ahora se oponen a que se actualice?
Para colmo la funesta, presuntamente, actuación del Tribunal Supremo en el caso de las hipotecas bancarias. Está clara la doctrina de que las sentencias se acatan pero surge una pregunta: ¿Ha sido esto una sentencia? Dando por hecho que sí podemos plantear una difícil cuestión: ¿El pueblo astorgano a qué lado se posiciona? ¿No será al de quienes la aceptan sin ningún planteamiento crítico –lo que no va en contra del acatamiento- sin considerar que es una farfullada para dar la razón a los poderosos –los bancos- sin tener en cuenta los intereses del pueblo?
Afortunadamente el Gobierno en este caso ha actuado como el buen rey Salomón. Con una solución que no ha sido la de la Justicia pero sí la de la Honra.






