Pilar Blanco
Sábado, 02 de Febrero de 2019

Las cosas del querer

 

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Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

                                          C. Cavafis

 

Este es el primero. El primer texto con que saludar y presentarse desde las páginas abiertas de Astorga Redacción y el primer balbuceo de mi ‘lengua blanca’, un tanto modosa de momento pero que, si son ciertas las noticias que me llegan acerca de su dueña, no tardará en descararse. Como si lo viera.

 

Pues algo de descaro hay, y hasta asomos de temeridad, en el hecho de ponerse a opinar públicamente como quien lanza al aire una pelota que se puede convertir en bumerán. Ven luego con arrepentimientos y “quién me mandaría a mí”.

 

Bien mirado, ¿qué necesidad, qué desasosiego, qué afán de embrollo puede llevar a una persona a sobrepasar sus límites laborales, personales y literarios de esta manera?

 

En lo que a mí respecta no sabría decirlo, la verdad. De lo que  sí sé es de mi devoción por la escritura, a cuyo auxilio me acojo para urdir de ahora en adelante pensamientos e invenciones que os hablarán de aquello que me preocupa o me divierte, de lo que vaya brotando en el huerto de la memoria o las aguas de la actualidad arrastren a sus orillas.

 

Pero ¿por qué no empezar por el principio, por la razón del nombre con que he bautizado la sección, Lengua blanca, en cuya panza se encierran matrioskas cada vez más pequeñas y menos explícitas?

 

Lengua porque su argamasa fija ideas e inquietudes que poner en común, y es lengua blanca como una lengua franca que nos une, blanca como yo misma, blanca y Blanco amasando palabras para vosotros.

 

Lengua porque quiénes seríamos si no hubiéramos hecho del lenguaje reflejo fidedigno de nosotros mismos. Blanca porque las lenguas blancas no ofenden, señora. Porque todo puede opinarse y discutirse sin que se haga leña o se derrame sangre. Porque el respeto es hoy un bien tan valioso que parece una especie en extinción. Y no, no me resigno. No debería serlo.

 

Lengua blanca no ofende, no hiere con intención, no desacredita. Pero tampoco se muerde y busca la corrección por encima de la verdad. Lengua porque pronuncia y se pronuncia, porque si calla muere. Blanca porque no admite medias tintas ni verdades a medias. Porque todo puede y debe discutirse. Porque la comunicación recoge en amor y compañía lo que tú. Lo que yo.

 

En estas andaremos por un tiempo, entre la evocación lírica y la busca de los tres pies que el gato tiene a veces, aunque creamos y nos cuenten que tiene cuatro. Ofreciendo una visión personal enmarcada en una forma también personal de reflejarla y de las que seré visionaria responsable. Para que conversemos cada cual desde su lado del espejo. Porque los ojos necesitan miradas y el diálogo voces. Y el escritor al lector: tú. Su semejante.

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