Tres poemas de 'Vida en la reserva'
Tres poemas de ‘Vida en la reserva’, que forman parte de ‘Valle durmiente’, libro de Víctor M. Díez publicado por Marciano Sonoro, en el que aborda el tema de la despoblación, de la primera y de esta de ahora, en los pueblos de León. Valle durmiente es un libro mixto formado por el texto teatral 'Aquí en la tierra' y por la colección de poemas 'Vida en la reserva'
![[Img #44099]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/8155_144.jpg)
Donde la ciudad en los huesos empieza
se retira un arroyo que sigue resonando
en los ancianos
a los que nadie escucha.
Y ellos buscan un castaño frondoso
y afilan la navaja
y apañan plásticos para envolver.
Guardan el ganado en las cabinas raquíticas
hacen fuego con papeles
y lavan su pañuelo de tela en las fuentes.
Donde la ciudad falta de riego se pierde
caminan buscando la era
y un tiempo que venía a la mano
y se echaba a sus pies
y les seguía
como un perro de casa.
![[Img #44098]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/7422_dsc_0233-2.jpg)
Al dibujarles les daba muerte.
Parecían espectros
los vecinos de la aldea
fijos en el papel.
Frutas de un bodegón.
Era verano,
eso se veía bien.
Aunque nadie jugaba ya,
se oían incesantes
los tejos sobre la rana
y las risas a la sombra por el vino
de aguja.
Recorrimos descalzos
aquel verano en ruinas.
Nadie queda allí.
Solo toses y campanas.
Nos escondíamos del dibujante
tras el trazo de la sebe.
![[Img #44100]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/3546_villadangos-exposicion-sacra-048.jpg)
Sobre el miche cae un sol
que ilumina a los machos
pinados en el castro.
Y caen girando
planetas cortados
sobre el corro dibujado
como un mapa.
Y cae el cielo imaginario
sobre el pantano
donde ya eran de adobe
los paisajes de entonces
y, ahora,
siguen birlando ahí abajo
en el redondel turbio del agua.
![[Img #44099]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/8155_144.jpg)
Donde la ciudad en los huesos empieza
se retira un arroyo que sigue resonando
en los ancianos
a los que nadie escucha.
Y ellos buscan un castaño frondoso
y afilan la navaja
y apañan plásticos para envolver.
Guardan el ganado en las cabinas raquíticas
hacen fuego con papeles
y lavan su pañuelo de tela en las fuentes.
Donde la ciudad falta de riego se pierde
caminan buscando la era
y un tiempo que venía a la mano
y se echaba a sus pies
y les seguía
como un perro de casa.
![[Img #44098]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/7422_dsc_0233-2.jpg)
Al dibujarles les daba muerte.
Parecían espectros
los vecinos de la aldea
fijos en el papel.
Frutas de un bodegón.
Era verano,
eso se veía bien.
Aunque nadie jugaba ya,
se oían incesantes
los tejos sobre la rana
y las risas a la sombra por el vino
de aguja.
Recorrimos descalzos
aquel verano en ruinas.
Nadie queda allí.
Solo toses y campanas.
Nos escondíamos del dibujante
tras el trazo de la sebe.
![[Img #44100]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/3546_villadangos-exposicion-sacra-048.jpg)
Sobre el miche cae un sol
que ilumina a los machos
pinados en el castro.
Y caen girando
planetas cortados
sobre el corro dibujado
como un mapa.
Y cae el cielo imaginario
sobre el pantano
donde ya eran de adobe
los paisajes de entonces
y, ahora,
siguen birlando ahí abajo
en el redondel turbio del agua.






