María José Cordero
Sábado, 22 de Junio de 2019

¡Qué bien huele Portugal! (A D. Antonio Pereira in memoriam)

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Decía Pereira, D. Antonio, que Portugal olía a pinares y que ese perfume llegaba desde el norte hasta Ciudad Rodrigo. Al escritor, la tierra de los lusitanos le aromaba cuando desde Ayamonte le llegaban briznas de “algarbes maduros y limones extendidos”.

 

Decía Pereira, D. Antonio, que había otro olor increíble, el del pan de Aracena que, acompañado del buen vino de Zamora, hacía templar las gargantas a orillas del río Duero, ese río amable que comparten dos países hermanos.

 

Ahí en las riberas del río, al arrullo del agua, bandadas de pájaros, provenientes del Miño, se deshacían en cantos y acrobacias.

 

Pero ‘La Raya’, también olía a otras cosas: a ‘amores antiguos’, de aquellos que con el paso del tiempo no se olvidan y que, siguiendo su estela, te hacían cruzar la sutil frontera que separa España de Portugal.

 

¡Qué bien huele Portugal, D. Antonio! Diez años de su partida y siempre con nosotros. Eso tienen los poetas, aquí quedan sus versos, sus historias y la morriña que nos produce su recuerdo.

 

Una noche, cantando música sefardí en León, entre el público asistente se encontraba Pereira, a partir de ese día siempre me saludaba con un “aquí está mi sefardita”, y alababa el empeño éste, de rescatar del olvido, las canciones que habitaron la península ibérica allá por el siglo XV.

 

Decía Pereira, D. Antonio, que no iba perdido cuando viajaba a Portugal, le acompañaban los fados que, por las callejuelas de O Chiado,  precioso barrio lisboeta, iban dejando en su alma muescas, como aquellas que los enamorados dibujan en el tronco de los árboles, muescas y olores, sabores de un país vecino al que viajó con asiduidad; de ahí su famoso poemario ‘Cancionero de Sagres’, del cual yo he extraído, con todo respeto, maravillosos versos que me sonaban ya a música, antes de pensarla y escribirla.  

 

Hoy desde estas páginas lo recuerdo, como el hombre afable que fue,  con un sentido del humor increíble y a Úrsula, su esposa, fallecida el mes pasado, espejo fiel del amor y el bien estar que les unió en vida.

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