Tomás Valle Villalibre
Sábado, 13 de Julio de 2019

Los nadies existen

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Existe un amplio y diverso colectivo, mucho más grande de lo que podemos imaginar, formado por personas dependientes supuestamente amparadas por una ley escasa de presupuesto, por mujeres víctimas de violencia machista, por parados de larga duración o aquellos que con más de cuarenta o cincuenta años ven improbable volver a tener un trabajo medianamente remunerado. También lo son jóvenes superpreparados que no encuentran salida y deben asumir trabajos precarios y mal pagados, o que se verán obligados a emigrar. A todos ellos el escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano los llamó ‘Los nadies’, los ningunos, los ocultos, los hijos de la nada.

 

Año 2014, casi tres millones de personas estaban intentando sobrevivir con los escasos 307 euros que ingresaban al mes, mientras en su destartalado televisor los informativos ponían énfasis en los discursos  con los que nuestros gobernantes, con todo el descaro del mundo y la maquinaria propagandística bien engrasada, pretendía hacernos creer que la recuperación económica era una realidad, que la crisis había quedado atrás y que los siguientes dos años serían de un crecimiento desorbitado.

 

Han pasado cinco años desde ese supuesto florecer de la economía de nuestro país y yo sigo viendo a muchísima gente pasándolo mal, muy mal. Son los sin nada, los nadie, los olvidados, gente que no aparece en los informativos, que hay que hacer invisibles porque crearían estadísticas incómodas difíciles de esconder bajo las grandes cifras con las que la maquinaria propagandística del Gobierno de turno intenta machacar nuestro cerebro y de paso hacerles creer a ‘estos invisibles’, que son menos pobres porque se exporta más o ha habido buen año para la remolacha. Y entonces, todos aquellos que tienen problemas para pagar la luz o el alquiler a final del mes, llegan a plantearse su fracaso social y humano, que igual la culpa es suya porque según la televisión, que todos sabemos que nunca mienten, la economía  ha ido subiendo y la suya no ha mejorado.

 

El objetivo de la propaganda de los Gobiernos, desde los discursos, desde los platós o las portadas de los grandes periódicos, es negar la existencia de “los ningunos”.

 

Eduardo Galeano en su poema ‘Los nadies’, describe de tal manera a ‘los ocultos’ que invita a la reflexión sobre los prejuicios y el egoísmo en los que está inmersa nuestra sociedad: “Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.

 

Puede que alguien no lo entienda así o simplemente le parezca un poema apropiado para épocas ya pasadas, pero yo veo en él una realidad de rabiosa actualidad. Veo a seres humanos humillados, despreciados y olvidados. Algunos irreconocibles en su propia condición humana.

 

Pero la propaganda del Gobierno no se conforma solo con negar a estos colectivos más desfavorecidos, utiliza incluso a trabajadores explotados de forma ruin, para maquillar los datos del paro de forma maravillosa ya que cada mes es el mejor de los últimos 15 0 20 años. Todo son logros gubernamentales, gobierne quien gobierne, pero la realidad es que siguen existiendo ‘Los nadies’. Y existen aquí a nuestro lado, no solo en las grandes ciudades. Son los invisibles, esos seres humanos que nos miran de frente o tienen una mirada perdida. Que lloran, claman e incluso odian, que apenas tienen fuerza para levantar sus ojos y aún menos para gritar. Personas que están mal por circunstancias de la vida, que se han visto mal paradas aunque no hayan tenido culpa de nada. Gente a la que vemos pero que hacemos como si no, porque no queremos verlos.

 

 

Eduardo Galeano tenía razón en llamarlos ‘los nadies’. No nos dejemos engañar por las interesadas estadísticas de la administración central o local, que intentan hacernos olvidar que “los nadies no son recursos humanos, sino humanos sin recursos”. Y eso a pesar de haber salido de la crisis hace cinco años, según la maquinaria propagandística del ejecutivo de turno.

 

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