Esteban Carro Celada
Domingo, 20 de Octubre de 2019

La Astorga de los años 20 (I)

La Astorga de los años 20 (Humor, poesía y periódicos de una generación literaria) es el título de un breve ensayo de 63 páginas, escrito por Esteban Carro Celada y que editó 'El Pensamiento Astorgano', por entregas, en el año 1977.
Debido a la dificultad de encontrar esta sabrosa obrita y al interés que despierta, unida a la facundia y el desparpajo del escritor, repetiremos la hazaña de la entrega en Astorga Redacción a lo largo de 20 semanas.

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La Escuela de Astorga.

Gerardo Diego, con tres artículos publicados en ‘ABC’ en 1948, lanzó al mercado literario el marbete de Escuela de Astorga aplicada esencialmente a Leopoldo Panero, a Juan Panero, a Ricardo Gullón y a Luis Alonso Luengo. También tenderá a través del poeta de Zacos, crítico de novela, Eugenio de Nora, un puente con la Espadaña de León


Sin embargo Astorga solo ha sido el refugio de estos poetas y críticos. Su obra no la han hecho desde Astorga, sino desde Madrid, Santander, Norteamérica. La idea de Gerardo Diego ha prosperado y el mismo Gullón la incorpora en un libro reciente ('La invención del 98 y otros ensayos'. Gredos 1969. La generación  de 1936. Pag 168).


La oportunidad de poder fotocopiar las dos revistas en que se apoya la operancia de esta escuela o capilla literaria me ha excitado a realizar este trabajo, esencialmente temático y tan empalmado con la vida menuda de una ciudad provinciana de los años 20. Todo esto pertenece a la prehistoria literaria de estos cuatro hombres que tienen puesto en la historia literaria actual.


Lo más importante de todo es que hayamos podido rescatar una serie de prosas y versos, que no merecen pasar a ninguna antología, pero que explican la evolución literaria y la coyuntura juvenil que condicionó sus vacaciones. Justamente en el momento en que todo esto termina, en que no juegan ya al localismo de ‘La Saeta’ y de ‘Humo’, cuando ya no construyen humoradas dramáticas en verso, como ‘Los cuatro filetes del Apocalipsis’, cuando editan la ‘Guía artística y sentimental de Astorga’ en colaboración, saltan al plano nacional, asociándose o fundando nuevas revistas, publicando libros, en que ya son la individualidad y no el grupo, aunque la amistad les liga melancólicamente hasta que la muerte va desgajando escalonadamente a Dámaso, a Juan, a Leopoldo. Luis y Ricardo viven todavía. Ricardo hace años recordó estos tiempos, en una charla que llevaba por título: ‘Descubrimiento de la poesía’.


Los tres artículos que Gerardo Diego público en ‘ABC’ ponían de actualidad, en los medios literarios nacionales, la misma sustancia de Astorga. Todo lo que Astorga ha sido, como presentida en sus hijos, se convertía en prosa concreta y en artículos equilibrados.


Gerardo Diego no hablaba de memoria. Él mismo se había dejado enredar en los tipismos astorganos. Su estancia, en la casa de los Panero durante los veranos de la Guerra Mundial del 40, le habían dejado un sabor de boca inenarrable. Pudo comprobar por sí mismo la esencia de un martes de Astorga, se sometió al martilleo de nuestras campanas, aturdió sus oídos con el resón estrepitoso de la antigua tartana del obispo, que ahora hacía viajes diarios hasta uno de los molinos cercanos. Gerardo Diego compartió su charla y su veraneo con escritores asturianos y en casa de Panero, desde Astorga hasta el monte de Castrillo de las Piedras, comenzaron a ser parte de su paisaje que ha dejado reflejado en una parte de su libro ‘Paisajes con figuras’, dedicado a Alonso Luengo. Quiero decir que, si tres años más tarde escribe tres artículos en ‘ABC’, no habla de memoria, ni librescamente, por haber recibido alguna información de tercera mano. Gerardo Diego ha intuido esa realidad y la ha contado. Desde ese día se pone en circulación fiduciaria, en buena palabra amonedada de acierto, lo de ‘Escuela de Astorga’

 

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“De pronto tras de una generación de historiadores, arqueólogos, novelistas surge todo un grupo, una verdadera escuela de poetas adolescentes y escritores de rica y dibujada personalidad..." Hace unos 20 años -escribe en 1948- aparece un grupo de estudiantillos que agita y revuelve las aguas mansas de la ciudad dormida, con una revista literaria, que pública libros de versos y una guía más o menos anónima en colaboración, una de esas guías provincianas, deliciosas, con anuncios de sastrería local, de la fábrica de chocolates y mezclas de pedantería históricas, impresiones líricas  e itinerarios para el turismo.  Los autores de esas simpáticas travesuras de adolescencia , que ahora son buscabas con avidez por bibliófilos coleccionistas de los primeros pasos, son los hermanos Juan y Leopoldo Panero, Luis Alonso Luengo y Ricardo Gullón . Los de más decidida vocación poética resultaron ser a la larga los dos hermanos. Luengo y Gullón han derivado hacia la novela, la crítica o la biografía histórica, pero siempre sin desmentir, su ilusionado arranque de poetas" (ABC, pag.3,3 de marzo de1948).



El verano de la saeta

Pero volvamos hacia atrás en el tiempo. Justamente a esta hora, de ser finales de junio del año 1925.


Juan y Leopoldo Panero, Luis Alonso Luengo y Ricardo Gullón acaban de volver de sus exámenes, y los periódicos locales lo registran con minuciosa fidelidad. Unos estudian el último de bachillerato, otros el primer curso en la facultad de derecho.


En Astorga circulan tres periódicos. Los lunes, miércoles y viernes aparecen dos: ‘La Luz de Astorga’ y ‘El Faro Astorgano’. Aquel, regido por el carlistón de boina roja y tronituante don Nicesio Fidalgo y este, el periódico más demócrata, en cuya escuela se graduó otro jovenzuelo, Lorenzo López Sancho. Don Porfirio López era el padre directo de ‘El Faro Astorgano’, que frecuentemente anduvo a la greña episcopal, teniendo que pasar por el matute de un cambio de nombre. Los martes jueves y sábados apareció otro periódico, ‘El Pensamiento Astorgano’. La figura de don Magín Revillo, padre, con sus gafas casi unamunianas, su buida figura de búho quijotesco pasea su seriedad diaria desde la calle de Modesto La Fuente hasta las oficinas curialescas del obispado.

 

 

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Yo quisiera ayudarles a reconstruir en lo posible este verano del Astorga de 1925, cuando los cuatro muchachos, entre los 16 y 17 años fundan un periódico veraniego que se titula ‘La Saeta’. Los astorganos acuden a Casa Herminia a comprarse el canotier, sombrero de paja, menos ‘Leopoldito Panero’, que, por su cabezón, ha de pedirlos fuera, bien a León o más concretamente a Madrid. Los viejos suscriptores de ‘El Faro’ leen ‘Los sueños de Blanquita’ de Berta Quintero. Se reúnen los chocolateros, a las 19:30, en el Teatro Velasco para tratar cosas relacionadas con la suerte de sus productos. Cuando entran hay un tufo a cacao que llega hasta la corbata.

 

Estamos en la época de la dictadura y en el mes de junio pasa la censura local de los periódicos de las manos de los jefes y oficiales de la Caja de Reclutas a la del delegado gubernativo, señor Pla. En Puente de Órbigo están preocupados por el pulgón de los viñedos. La banda de Órdenes Militares ha tocado en todas las procesiones sacramentales, bajo la ascendencia sonora de la gran clueca del paisaje removido acústicamente que es la campana María. Por cierto, si alguno de ustedes “encontró un guante de color café a la salida del cine Gullón, cuando rieron lo de Charlot, debe entregarlo a su dueño”. En la librería de Porfirio, el padre de Lorenzo, se vende el figurín de moda: La Femme Chic. Si la ojeamos vemos que las siluetas de las muchachas van vestidas con trajes deshilachados para bailar el charlestón, que no todavía la java, el pelo cortito y la anticipación de la minifalda. Esta tarde el mundo juvenil se conmueve porque hay unos apuestos militares -oficiales se entiende- que acaban de llegar a Astorga. Los estudiantes se chinchan pero ellas se lo pasan fenómeno. En casa Montero acaba de entrar un oficialito. Acude por el reclamo de las tres admiraciones de un anuncio: "De gran fantasía son las camisas y corbatas para  caballero". Si por ser sábado acudís a La Bañeza, Demófilo presenta al público su omnibus, y por el precio módico de cinco pesetas os dará baches, saltimbanquis de rueda dura y todas las comodidades, incluida la luz interior. Se vive de sport. No tenemos el 600 de hoy, pero con llamar al teléfono 140 se nos presentan "hermosos, cómodos y elegantes automóviles cerrados y abiertos, con luz interior, conducidos por mecánicos" por supuesto que escogeremos el coche abierto por si la asfixia. Ay, frágiles memorias femeninas cabecitas a pájaros que os olvidéis de unas telas y unas sedas, cuando os acercáis a comprar una novela en casa de Porfirio. No os apuréis porque os lo recuerda el periódico. Por cierto que en el tren del oeste, se marcha el obispo Senso Lázaro para pasar sus vacaciones en su Montánchez natal. No os apuréis, porque don Melitón Amores se quedará aquí: ¿Quién va a hacer sino los versos de la cabecera de ‘La Saeta’?

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