Mercedes Unzeta Gullón
Sábado, 30 de Noviembre de 2019

Pragmatismo político. Ayer y hoy

 

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Estamos en plena efervescencia de ajuntes y desajuntes, ajustes y desajustes, apuntes y desapuntes políticos, y de todas estas enredadas agitaciones depende nuestra estabilidad nacional, social y doméstica. ¿Cómo acabaremos? Muchas especulaciones pero difícil las previsiones.

 

Se me ocurre mirar hacia atrás y recordar.

 

Nos situamos en los años 20. Los sindicatos (la CNT), y comunistas encabezaban entonces, con sus acciones violentas, el movimiento obrero del país frente al ‘inmovilismo’ del Partido Socialista Obrero, PSOE. Eran ellos, CNT Y PCE, quienes manejaban la fuerza obrera mientras que el partido de los socialistas estaba a punto de desaparecer. La fuerza obrera prefería a los sindicalistas frente a los socialistas. Pero en 1920-21, con el gobierno del conservador Eduardo Dato, los sindicalistas y comunistas sufrieron una gran represión, hecho que favoreció el crecimiento del  PSOE. Sin embargo en 1922-23, el gobierno de Sanchez Guerra, en su tendencia liberal, permitió la vuelta de los sindicalistas. Entonces sindicalistas y comunistas recuperaron sus posiciones fuertemente arraigadas en una buena parte del país. De nuevo el PSOE, con su UGT, volvió a sufrir una merma importante de su fuerza no sólo porque la CNT le había comido el terreno sino porque dentro del partido se había producido una importante escisión: muchos socialistas se movieron hacia un socialismo menos oficialista y más revolucionario (llegaban los efluvios revolucionarios de la Rusia de Lenin).

 

Y… llegamos septiembre de 1923 cuando el orondo general Primo de Rivera decidió poner orden en el país considerando que el gobierno que gobernaba no gobernaba a su gusto (gobierno liberal del astorgano Manuel García Prieto, Marqués de Alhucemas), que no había orden ni concierto, que él, como general que era, sabía cómo llevar a buen puerto esta algarabía que tenía al país en desconcierto. Claro, hay que recordar que él vivía en Barcelona donde la anarquía campaba por sus fueros y no había día sin tiros y muertos en las calles. Esta necesidad de mando llevó al satisfecho general a dar un ágil golpe de estado, sin necesidad de sacar la espada, para erigirse en salvador de la patria bajo la dictadura de su mandato.

 

Bien, en ese momento crucial de cambio radical en la dirección del país, el PSOE ve la gran oportunidad de recuperar, y agrandar, prestigio político aprovechando que el primer objetivo del general Primo es poner orden en las calles, lo que supone aplacar las iras sindicalistas de los obreros en pro de los patronos. La competencia obrera del PSOE va a ser perseguida con rigor por lo que este partido  va a tener campo libre para su establecimiento. Así, sopesando las circunstancias y con previsión de beneficios, el Partido Socialista Obrero Español decide apoyar el golpe de estado del general Primo de Rivera. Y aunque los destacados socialistas Fernando de los Ríos y Indalecio Prieto se negaron a esta colaboración con el dictador, su voto en contra no sirvió de mucho y la moción de apoyo al dictador prosperó.

 

Naturalmente el general es agradecido e inmediatamente asegura a los socialistas que la UGT seguiría funcionando y que respetaría los avances sociales conseguidas por los obreros. Efectivamente el Partido Comunista de España, PCE, fue inmediatamente declarado ilegal por Primo de Rivera, encarcelando a sus dirigentes como también a los dirigentes  de los sindicatos únicos de la CNT. El camino para el PSOE se despejaba. Y a partir de entonces la preferencia oficial de la dictadura por la UGT cerró las posibilidades a otros sindicatos  consiguiendo así los socialistas el monopolio de representación de la clase obrera en los organismos.

 

El dirigente socialista y sindicalista Largo Caballero, que no tiene reparos en colaborar con la dictadura, negocia puestos y coloca representación de la UGT en organismos oficiales: Cuentas del Estado, Consejo del Trabajo y Consejo de estado.

 

Con un gran pragmatismo el señor Caballero afirma: “una lucha contra la Dictadura sería el suicidio; hay que salvar y consolidar la organización a trueque de algunas concesiones; no tenemos que aliarnos con nadie: el papel esencial en este período corresponde a la Unión General de Trabajadores”.

 

Así resume el catedrático de economía y político Ramón Tamames: “La mayoría de los afiliados a UGT y de los socialistas del PSOE valoraron el momento en que se encontraban en la historia de España, y no dudaron en asumir una táctica claramente de socialismo templado respecto a la dictadura militar. Esto es, un enfoque según el cual lo más urgente no estaba en el cambio de sistema productivo, del capitalismo al socialismo, lo principal residía en lograr los máximos avances posibles en materia social. En lo cual influyó decisivamente la postura ideológica antileninista adoptada por el PSOE tras el viaje de Fernando de los Ríos a la Rusia sovietista en 1921, donde tuvo la célebre entrevista con Lenin en la cual el líder soviético reaccionó con aquello de  “¿libertad para qué?”.

 

En fin. No es una situación exactamente similar a la de hace 100 años pero podría decirse que esta algazara en la que estamos bailando hoy, de deseos y contrapartidas,  de socios y enemigos, y de trueques de prebendas: ‘yo te quiero si tú me das’,  tiene ciertos aires a los de antaño.  Asociaciones insólitas para conseguir los fines perseguidos.

 

Parece que el socialista Julian Besteiro llegó a asumir que prefería “un concubinaje abierto con la Dictadura a una virginidad impoluta”. Pragmatismo en estado puro.

 

¿Veremos luz cálida y transparente a final del  túnel en que nos encontramos?

 

O témpora o mores

 

 

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