Max Alonso
Sábado, 07 de Diciembre de 2019

SuperIgea

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Cubrir el hueco dejado después de tantos años por el Presidente de Castilla y León, Herrera, no ha sabido hacerlo el nuevo presidente que anda por las mañuecas y ha intentado hacerlo el vicepresidente convertido en Superigea.

 

Asustó a la España Despoblada de la Laponia Leonesa, lo más fácil es asustar a los débiles y todavía más si son viejos, con la concentración sanitaria en los municipios integrados por pedanías minúsculas. La idea no partió de él sino que apoyaba a su consejera de sanidad, sumando dos inexperiencias para darle más valor. Ya lo dijo el sabio don Ramón y Cajal que los experimentos se hacen con gaseosa, pero ellos se fueron directamente al vino, a lo mejor pensando que le daban más fuerza con el ordeno y mando recién estrenado o que ya se les había subido a la cabeza. Al Presidente y al PP no les quedó más remedio que desmarcarse pero sin que se notara no fuera a pensarse que desautorizaban a los suyos, ahora que les tenían calladitos, que la corrupción ya no les preocupaba sino que participaban.

 

Para ver hasta dónde podía llegar Superigea, una especie de supergel que todo lo pega, tuvo que llegar el abrazo, no de Vergara sino de la Moncloa, y ofreció hasta descoser y volver a coser las autonomías con paños de genuina lana virgen constitucionalista al fin de evitar que se consumara el proyecto de acabar de destruir España. ¡Eso es generosidad!

 

Cuando Iglesias andaba tras ello y Sánchez no se dejaba seducir, ni PP ni Ciudadanos se enteraron. Andaban afanados a ver como componían las autonomías para hacerse un sostén para la vida y fue cuando un viejo gurú quiso “encontrar al imbécil”, que había ideado el trío de Colón. Posiblemente no lo tenía muy lejos y con experiencia en tríos. Centraron la campaña en criticar que los otros no habían llegado a ponerse de acuerdo para la coalición. Cuando abrieron los ojos vieron que ya estaban coaligados.

 

En vez de aceptar el gol que les habían encajado, desde no admitir la coalición para no perder el sueño hasta meterse en la cama al coaligado, soltaron rayos y centellas en vez de admitir que Sánchez, en argot futbolero, tras una magnífica entrada jugándose el pellejo les había clavado el balón en la red. Hasta algún sesudo analista cayó en la trampa. Al analizar el comportamiento de Sánchez y ver cómo cada vez que le echaban para atrás el encontraba otra puerta y entraba, concluía que por primera vez se había quedado fuera víctima de sí mismo.

 

Eso le dio alas a Superigea, como el superhombre justiciero y salvador que se cree que es, para llegar a proponer su solución cuando no se trataba de un simple desgarrón. Los independentistas temblaron sorprendidos por su agudeza al ver lo que en el tiempo de las costuras no habían visto y advirtieron que así Ciudadanos, su partido, que se había cargado sus líderes -¿Por qué se ha quedado Arrimadas, si era la continuación de Rivera?-  tal como las urnas habían ratificado, se salvaba. La ocurrencia en este caso era autorregeneradora. Para salvarse a sí mismo.

 

Los conmilitones de Superigea se apresuraron a desautorizarle: Ni Castilla y León, ni Murcia, ni Madrid, ni mucho menos Andalucía se venden… que ya están compradas. Con eso zanjaban la ocurrencia y se quedaban en donde estaban: la casilla de salida, que así es el juego de la oca.

 

A estas alturas no queda más que razonar mientras se espera una nueva ocurrencia. Señor Superigea: Usted que prometía la regeneración con la boca llena, nos engañó con una sola letra porque solo trajo degeneración. Como le dijeron a otros ilustres prepotentes en una ocasión histórica: No se trata de vencer sino de convencer.

 

La ocurrencia ya ha llegado, que esto es como los bolos del juego maragato. No se tira uno solo que pueden caer a la vez varios. Así se ha anunciado el plan de concentración de los centros sanitarios rurales. Ni que lo niegue el PP ni que lo rechacen los usuarios. Eso sí revestido el plan con eufemismos de mejora. Tenemos Superigea para rato cuando los sindicatos le piden que no filosofe sino que trabaje. De seguir así puede que se le conozca como ‘el Despoblador’ porque cuando se habla de combatir la despoblación la primera medida que toma es cerrar las habitaciones vacías  para que se noten menos las asencias.

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