José Luis Puerto
Sábado, 07 de Diciembre de 2019

Elogio de nuestros institutos

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A finales de noviembre, el suplemento ‘Castilla y León’ de un periódico de tirada nacional, en un reportaje sobre los resultados de la prueba de acceso a la universidad (la EBAU), indicaba que “son institutos públicos y del medio rural los que obtuvieron las mejores calificaciones en seis provincias”; una de ellas la de Salamanca; otra, la de León.

           

Y el mejor resultado de toda nuestra comunidad autónoma, el que ocupa, por ello, el primer lugar es el Instituto de Enseñanza Secundaria ‘Tierras de Abadengo’ de Lumbrales; y, en la de León, el IES ‘Padre Sarmiento’ de Villafranca del Bierzo, que ocupa el duodécimo puesto global. ¿No es para estar satisfechos?

           

Porque ya es hora de estar satisfechos y orgullosos (palabra esta última que no nos gusta) de nuestra enseñanza pública, frente a tantos ataques y segregaciones que sufre en nuestro país, en ocasiones de formas y a través de mecanismos muy sutiles. La enseñanza pública, de todos y para todos, en la que no se segrega a nadie, en la que hay pluralidad de enfoques y libertad de cátedra…

           

Hemos de defenderla, por ello. Si, en tal reportaje, nos detenemos en leer atentamente la lista de elaboración propia que ha elaborado Esther Neila, la reportera y su periódico, nos daremos cuenta que, de los cien primeros centros educativos que mejores resultados han conseguido en la EBAU, no pocos son salmantinos, y también leoneses, y, de ellos, la gran mayoría, institutos, centros públicos.

           

Y es que, para el mantenimiento y sostenimiento de nuestra población rural, es de capital importancia la existencia de servicios de todo tipo y, entre ellos, cobran especial relevancia los educativos, que ya permite que nuestros adolescentes permanezcan en sus pueblos y no tengan que irse a estudiar a la capital de provincia; por ello, el que nuestros institutos rurales obtengan tan meritorios resultados es un argumento para que se mantengan, se doten y se mimen.

           

Decimos esto, porque, pese a los notables resultados que obtienen –y que se pueden comprobar en el cuadro que aparece junto al indicado reportaje–, muchas veces tales institutos, estén en el mundo rural o en el urbano, no son atendidos como merecen, tanto en el aspecto del profesorado, como en el de los recursos económicos y otros aspectos. Y, sin embargo, lo han de estar, ya que cumplen una función social evidente.

           

Sí, hemos de mantener, sostener, mimar y elogiar a nuestros institutos, por su función, por sus resultados, por estar al servicio de toda la sociedad, por ser de todos y para todos, por ser abiertos, por formar e instruir a nuestros adolescentes y a nuestros jóvenes…, en definitiva, por ser un bien social que beneficia a todos.

 

 

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