Feminuestras
![[Img #47335]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/9924_dsc_0142.jpg)
Ahora que la salud medioambiental de España se resiente de más achaques que en toda su historia. Ahora que los aires fétidos, los discursos corrompidos, las aguas de la convivencia contaminadas y a punto del shock séptico infectan pantallas y conversaciones, quizás sea el momento de buscar causas, dirimir responsabilidades y ventilar nuestra casa común en beneficio de todos.
Uno de los temas más zarandeados últimamente en foros y corrillos afecta, para nuestra desventura, al papel que desempeña o debe desempeñar la mujer en la sociedad: coprotagonista, figurante, pieza observada con lentes de última generación o con antiparras quevedescas.
Aunque llueve sobre embarrado, la irrupción de cierto partido político que abanderan épicos capitanes Pitito, aguiluchos engominados y estrictas gobernantas de rosario y canastilla primoderivera ha contribuido no poco a agitar unas aguas ya bastante revueltas, a pesar de que la ficción de una España equiparable a los países de su entorno parecía haber relegado la ideología cavernaria a las profundidades abisales.
Nada más lejos. De repente surfea las olas de la actualidad con desparpajo ante la estupefacción de quienes nos acostamos en el siglo veintiuno y nos hemos despertado vecinos de Atapuerca. Una Atapuerca donde los valores se han invertido y las víctimas han pasado a convertirse en sospechosas, quienes reivindican igualdad son acusadas de intolerancia, y a las históricamente relegadas se las invita a ocupar un discreto lugar secundario en la neopatriótica guardia sobre los luceros, lo más alejado del vocerío de esas brujas supremacistas sin depilar.
Porque pocos malvados habrá en las innúmeras películas de malvados con que el cine nos agota que hayan generado tanto rechazo y a quienes se les carguen tantos desastres sociales como a las ‘feministas’, grupo difuso, de márgenes y militantes indeterminadas, pero contra el que se arremete con el todasaúna de la verdad absoluta: un solo saco, un solo sexo y muchas arpías lesbinazis espoleadas por la única intención de acabar con el imperio masculino y reducir al hombre a un estereotipo violento gobernado por sus hormonas, siempre en entredicho, siempre presunto culpable, animal violador y digno de extinción.
Los reduccionismos tienen eso. Ofrecen un puré cien veces triturado para que no se le indigeste a ninguna tragadera, por estrecha que sea, aunque a cambio termine obstruyendo la razón. Porque los rifirrafes sociales e ideológicos, sean de sexo, raza, religión, estrato económico o cultural, aficiones deportivas o cualquier otra forma de esgrimir banderas con las que sacudirse unos a otros, nunca han destacado por su argumentario sino por manejar impulsos, emociones y miedo en tenguerengue. También aquí los hay. También aquí nos pesan y es difícil librarse de su lastre, sus babas y sus prejuicios.
¿Que muere una mujer de parto? ¡Dónde están las feministas! ¿Arrastra una riada a cientos de personas en La India? ¡Qué tienen que decir las feministas! ¿Se pilla un probo oficinista el dedo gordo con la grapadora? ¿Y las feministas? ¿Una turista es asaltada y desvalijada en plena calle? ¡A ver qué hacen con esto las feministas! ¿Una multinacional despide a cien empleadas, una cadena de televisión a una presentadora, un famoso a su secretaria? ¡De esto no dicen nada las feministas! ¿Una desequilibrada, probablemente pasada de mística y setas, asesina a sus hijos? ¡A saber lo que inventan ahora las feministas! ¿Otra mal bicho secuestra y mata al hijo de su pareja, a su pareja, a la familia de su pareja? ¡Las feministas! Una mujer miente, es injusta, mala madre, infiel, de Pozal de Gallinas…¡Ay, las feministas! Responsables, al parecer, de todo descalabro que en el universo mundo afecte por activa o por pasiva a una mujer y, por supuesto, culpables de no gritar y manifestarse lo suficiente cuando el ciudadano y ciudadana biempensantes y nadahacientes consideran que deben gritar y convocar manifestaciones a las que nunca irán, faltaría más, ¡con semejante chusma!
El clamor es, si no unánime, indigestamente recurrente. Y para colmo suele provenir de quienes ignoran lo que es el feminismo, lo citan mal y como insulto, descartando, a la manera de pensadores como Bertín Osborne, que sea necesario en una sociedad moderna y desarrollada donde flamea la igualdad, donde hombres y mujeres caminan codo con codo, en fraternidad y sororidad, rodeados de mariposas, tórtolas y lirios del valle.
Siempre ha sido cansado ser mujer, sea florero o superwoman, odalisca o proletaria del hombre, explotada por la codicia o por el amor. Pero más aún está siendo declararse feminista, acto heroico que requiere adjuntar lista de puntualizaciones y botiquín de primeros auxilios. Aun así, la valerosa ‘Femi’ se topará con un sinfín de acusaciones apriorísticas (muchas de ellas de otras mujeres) que darán por hecho que miente y se aprovecha de jugosas subvenciones, pretende la condena e incluso el exterminio de los hombres solo por serlo, sin descuidar la reeducación lavacerebros de la mujer mujer, que vendría a ser la mujer ‘femenina’ de Elena Francis envuelta en celofanes y sumisión, que vendría a ser el grado universitario ante el feminismo casposo de las demás.
Yo me pregunto si alguna de ellas se considera inferior a los hombres de su entorno. Si le parece justo no tener acceso, o tenerlo más difícil, a los mismos puestos y metas que sus compañeros. Si ve bien el control de sus vidas, de sus cuentas, de su salud, de su cuerpo, de sus ideas. Si el amor es para ella dependencia emocional y sometimiento mental. Si defiende la invisibilización de la violencia contra sus congéneres, disimulada entre otros muchos tipos de violencia que no proceden de la misma actitud por parte de los hombres ni alcanzan su insoportable número. Si opina que la culpa de las violaciones es de las chicas que salen solas, que salen de noche, que salen. Si no ven, no oyen, no saben de las mujeres de toda edad y condición explotadas, torturadas y asesinadas cada año en todo el mundo. Si se sienten suficientemente defendidas y representadas por la sociedad anterior al feminismo.
Pero, visto lo visto, me asusta la respuesta.
![[Img #47335]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/9924_dsc_0142.jpg)
Ahora que la salud medioambiental de España se resiente de más achaques que en toda su historia. Ahora que los aires fétidos, los discursos corrompidos, las aguas de la convivencia contaminadas y a punto del shock séptico infectan pantallas y conversaciones, quizás sea el momento de buscar causas, dirimir responsabilidades y ventilar nuestra casa común en beneficio de todos.
Uno de los temas más zarandeados últimamente en foros y corrillos afecta, para nuestra desventura, al papel que desempeña o debe desempeñar la mujer en la sociedad: coprotagonista, figurante, pieza observada con lentes de última generación o con antiparras quevedescas.
Aunque llueve sobre embarrado, la irrupción de cierto partido político que abanderan épicos capitanes Pitito, aguiluchos engominados y estrictas gobernantas de rosario y canastilla primoderivera ha contribuido no poco a agitar unas aguas ya bastante revueltas, a pesar de que la ficción de una España equiparable a los países de su entorno parecía haber relegado la ideología cavernaria a las profundidades abisales.
Nada más lejos. De repente surfea las olas de la actualidad con desparpajo ante la estupefacción de quienes nos acostamos en el siglo veintiuno y nos hemos despertado vecinos de Atapuerca. Una Atapuerca donde los valores se han invertido y las víctimas han pasado a convertirse en sospechosas, quienes reivindican igualdad son acusadas de intolerancia, y a las históricamente relegadas se las invita a ocupar un discreto lugar secundario en la neopatriótica guardia sobre los luceros, lo más alejado del vocerío de esas brujas supremacistas sin depilar.
Porque pocos malvados habrá en las innúmeras películas de malvados con que el cine nos agota que hayan generado tanto rechazo y a quienes se les carguen tantos desastres sociales como a las ‘feministas’, grupo difuso, de márgenes y militantes indeterminadas, pero contra el que se arremete con el todasaúna de la verdad absoluta: un solo saco, un solo sexo y muchas arpías lesbinazis espoleadas por la única intención de acabar con el imperio masculino y reducir al hombre a un estereotipo violento gobernado por sus hormonas, siempre en entredicho, siempre presunto culpable, animal violador y digno de extinción.
Los reduccionismos tienen eso. Ofrecen un puré cien veces triturado para que no se le indigeste a ninguna tragadera, por estrecha que sea, aunque a cambio termine obstruyendo la razón. Porque los rifirrafes sociales e ideológicos, sean de sexo, raza, religión, estrato económico o cultural, aficiones deportivas o cualquier otra forma de esgrimir banderas con las que sacudirse unos a otros, nunca han destacado por su argumentario sino por manejar impulsos, emociones y miedo en tenguerengue. También aquí los hay. También aquí nos pesan y es difícil librarse de su lastre, sus babas y sus prejuicios.
¿Que muere una mujer de parto? ¡Dónde están las feministas! ¿Arrastra una riada a cientos de personas en La India? ¡Qué tienen que decir las feministas! ¿Se pilla un probo oficinista el dedo gordo con la grapadora? ¿Y las feministas? ¿Una turista es asaltada y desvalijada en plena calle? ¡A ver qué hacen con esto las feministas! ¿Una multinacional despide a cien empleadas, una cadena de televisión a una presentadora, un famoso a su secretaria? ¡De esto no dicen nada las feministas! ¿Una desequilibrada, probablemente pasada de mística y setas, asesina a sus hijos? ¡A saber lo que inventan ahora las feministas! ¿Otra mal bicho secuestra y mata al hijo de su pareja, a su pareja, a la familia de su pareja? ¡Las feministas! Una mujer miente, es injusta, mala madre, infiel, de Pozal de Gallinas…¡Ay, las feministas! Responsables, al parecer, de todo descalabro que en el universo mundo afecte por activa o por pasiva a una mujer y, por supuesto, culpables de no gritar y manifestarse lo suficiente cuando el ciudadano y ciudadana biempensantes y nadahacientes consideran que deben gritar y convocar manifestaciones a las que nunca irán, faltaría más, ¡con semejante chusma!
El clamor es, si no unánime, indigestamente recurrente. Y para colmo suele provenir de quienes ignoran lo que es el feminismo, lo citan mal y como insulto, descartando, a la manera de pensadores como Bertín Osborne, que sea necesario en una sociedad moderna y desarrollada donde flamea la igualdad, donde hombres y mujeres caminan codo con codo, en fraternidad y sororidad, rodeados de mariposas, tórtolas y lirios del valle.
Siempre ha sido cansado ser mujer, sea florero o superwoman, odalisca o proletaria del hombre, explotada por la codicia o por el amor. Pero más aún está siendo declararse feminista, acto heroico que requiere adjuntar lista de puntualizaciones y botiquín de primeros auxilios. Aun así, la valerosa ‘Femi’ se topará con un sinfín de acusaciones apriorísticas (muchas de ellas de otras mujeres) que darán por hecho que miente y se aprovecha de jugosas subvenciones, pretende la condena e incluso el exterminio de los hombres solo por serlo, sin descuidar la reeducación lavacerebros de la mujer mujer, que vendría a ser la mujer ‘femenina’ de Elena Francis envuelta en celofanes y sumisión, que vendría a ser el grado universitario ante el feminismo casposo de las demás.
Yo me pregunto si alguna de ellas se considera inferior a los hombres de su entorno. Si le parece justo no tener acceso, o tenerlo más difícil, a los mismos puestos y metas que sus compañeros. Si ve bien el control de sus vidas, de sus cuentas, de su salud, de su cuerpo, de sus ideas. Si el amor es para ella dependencia emocional y sometimiento mental. Si defiende la invisibilización de la violencia contra sus congéneres, disimulada entre otros muchos tipos de violencia que no proceden de la misma actitud por parte de los hombres ni alcanzan su insoportable número. Si opina que la culpa de las violaciones es de las chicas que salen solas, que salen de noche, que salen. Si no ven, no oyen, no saben de las mujeres de toda edad y condición explotadas, torturadas y asesinadas cada año en todo el mundo. Si se sienten suficientemente defendidas y representadas por la sociedad anterior al feminismo.
Pero, visto lo visto, me asusta la respuesta.






