Detrás de los cristales llueve y llueve
![[Img #47505]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/7702_alumnos-creacion-034.jpg)
Lleva varios días lloviendo y mi espíritu, regocijado, se agazapa tras los cristales. Una cierta nostalgia acompañada de recogimiento hace que me sienta afortunada por tener un techo, una chimenea con leños crepitantes, un libro y una cocina donde poder poner a hervir unas verduras y conseguir tomar una sopa calentita. Bueno, y también un ordenador para poder escribir lo que estoy escribiendo.
Sí, estos momentos que puedo vivir tan confortablemente, en contraste con el desapacible ambiente exterior que la naturaleza nos está proporcionando, con lluvias tenaces y vientos incansables, me llevan a pensar en todas aquellas, muchas, muchísimas, personas que en este momento están sobreviviendo a duras penas sin cobijo, sin comida, sin vida, tratando de arrastrar su existencia como si fuera un carro pesado. Soy y me siento una privilegiada.
La cabeza se me va a la incomprensión del funcionamiento de este mundo. ¿Cómo es posible tanta desigualdad? ¿Cómo es posible que cada vez haya más multimillonarios y cada vez más necesitados? ¿Para qué esos multimillonarios quieren tanto dinero si no lo van a poder disfrutar nunca ni llevárselo al otro mundo? ¿Por qué tanto egoísmo y maldad? Ya sé que son preguntas sin respuestas convincentes pero no dejan de venir a mi espíritu. Money, money, money…
Mi infancia fue feliz
porque no pensaba.
Luego, la existencia fue feliz
porque la inventaba.
Pronto se desnudó la magia,
adiviné la vida.
Ahora pienso y deseo.
Ahora pienso y soy afortunada
porque entiendo muchas cosas
pero
ya no hay felicidad
sino tristeza en mi alma.
Detrás de los cristales llueve y llueve, como dice Serrat en su balada de otoño. La naturaleza ha puesto en marcha todos sus fenómenos naturales desapacibles: frío, viento, lluvia, árboles que se caen, ríos que se desbordan e inundan las praderas, las calles, las casas… Parece como si se hubiera aburrido de ser benévola con el mundo en general y con nuestro pequeño mundo en particular, y haya decidido ponerse a tono con el colectivo político. Si ellos son caóticos ella nos demuestra que también puede serlo, y mucho.
Podría ser el momento, con estas circunstancias propicias, para que los incoherentes políticos se cobijen detrás de los cristales y, en la intimidad de su recogimiento, hagan algún acto de profunda meditación. Quizás tengamos la suerte de que en sus introspecciones y concentraciones mentales se sitúen en un punto de recato, honestidad y vergüenza y desde esa línea de partida les surjan las ideas, los buenos pensamientos, palabras y obras. Si realmente pudiera darse esa coyuntura pues… que llueva, que llueva y que siga lloviendo.
Sería estupendo que esta lluvia tan beneficiosa para que la tierra pueda germinar sus provechosos frutos pudiera también regar las mentes resecas de los políticos y favorecer la germinación de buenas y provechosas ideas para beneficio de la humanidad, no sólo para el suyo propio. Una utopía, lo sé.
Han pasado 24 horas y sigue lloviendo, quizás tengamos suerte y el nivel del agua llegue hasta las cabezas pensantes y con su humedad se consiga que broten en ellas algo más que margaritas. Esperaremos.
O témpora o mores
![[Img #47505]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/7702_alumnos-creacion-034.jpg)
Lleva varios días lloviendo y mi espíritu, regocijado, se agazapa tras los cristales. Una cierta nostalgia acompañada de recogimiento hace que me sienta afortunada por tener un techo, una chimenea con leños crepitantes, un libro y una cocina donde poder poner a hervir unas verduras y conseguir tomar una sopa calentita. Bueno, y también un ordenador para poder escribir lo que estoy escribiendo.
Sí, estos momentos que puedo vivir tan confortablemente, en contraste con el desapacible ambiente exterior que la naturaleza nos está proporcionando, con lluvias tenaces y vientos incansables, me llevan a pensar en todas aquellas, muchas, muchísimas, personas que en este momento están sobreviviendo a duras penas sin cobijo, sin comida, sin vida, tratando de arrastrar su existencia como si fuera un carro pesado. Soy y me siento una privilegiada.
La cabeza se me va a la incomprensión del funcionamiento de este mundo. ¿Cómo es posible tanta desigualdad? ¿Cómo es posible que cada vez haya más multimillonarios y cada vez más necesitados? ¿Para qué esos multimillonarios quieren tanto dinero si no lo van a poder disfrutar nunca ni llevárselo al otro mundo? ¿Por qué tanto egoísmo y maldad? Ya sé que son preguntas sin respuestas convincentes pero no dejan de venir a mi espíritu. Money, money, money…
Mi infancia fue feliz
porque no pensaba.
Luego, la existencia fue feliz
porque la inventaba.
Pronto se desnudó la magia,
adiviné la vida.
Ahora pienso y deseo.
Ahora pienso y soy afortunada
porque entiendo muchas cosas
pero
ya no hay felicidad
sino tristeza en mi alma.
Detrás de los cristales llueve y llueve, como dice Serrat en su balada de otoño. La naturaleza ha puesto en marcha todos sus fenómenos naturales desapacibles: frío, viento, lluvia, árboles que se caen, ríos que se desbordan e inundan las praderas, las calles, las casas… Parece como si se hubiera aburrido de ser benévola con el mundo en general y con nuestro pequeño mundo en particular, y haya decidido ponerse a tono con el colectivo político. Si ellos son caóticos ella nos demuestra que también puede serlo, y mucho.
Podría ser el momento, con estas circunstancias propicias, para que los incoherentes políticos se cobijen detrás de los cristales y, en la intimidad de su recogimiento, hagan algún acto de profunda meditación. Quizás tengamos la suerte de que en sus introspecciones y concentraciones mentales se sitúen en un punto de recato, honestidad y vergüenza y desde esa línea de partida les surjan las ideas, los buenos pensamientos, palabras y obras. Si realmente pudiera darse esa coyuntura pues… que llueva, que llueva y que siga lloviendo.
Sería estupendo que esta lluvia tan beneficiosa para que la tierra pueda germinar sus provechosos frutos pudiera también regar las mentes resecas de los políticos y favorecer la germinación de buenas y provechosas ideas para beneficio de la humanidad, no sólo para el suyo propio. Una utopía, lo sé.
Han pasado 24 horas y sigue lloviendo, quizás tengamos suerte y el nivel del agua llegue hasta las cabezas pensantes y con su humedad se consiga que broten en ellas algo más que margaritas. Esperaremos.
O témpora o mores






