Esteban Carro Celada
Domingo, 29 de Diciembre de 2019

La Astorga de los Años 20 (X)

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(...)

 

Frivolidades

 

El capítulo de ‘Frivolidades’, ya hemos recordado que se escribía a medias entre los diferentes redactores de ‘Humo’ especialmente por Juan y Luis. Eran alusiones directas a las muchachas y a sus novios. Se fijaban en el ti­po, en modo de bailar, en el lugar donde vivían, dando pis­tas, y sazonándolo casi siempre con algunos versillos.

 

Muchas noticas las cotorreaban con aire radiofónico, co­mo el de la E.A.J. 87 Radio Casino Astúrica. Los movi­mientos literarios de la época aparecen hasta en visión hu­morística como la del Ultraísmo definida la Aritmética eró­tica: 1.a Ligero, querer más capricho, más oposición fami­liar, más femeninas, más ¿reflexión?  ‘Desvío’.

 

Entre las to­maduras de pelo dirigidas a ellos mismos figura, la sempi­terna del bigote de Juan Panero: “Se ha incorporado a nuestra redacción el joven estudiante Juan Panero Torbado. El Bigote bien, gracias”. ‘Dama Gris’, es decir Dáma­so Cansado, por su parte, continuaba dando palique a las muchachas en el Epistolario Femenino. Elijamos una sola de sus muchas respuestas, en el consultorio: “A Zafiro: no me molestan sus preguntas ni las de ninguna de mis consultantes y voy a contestarlas por orden: 1) Me parece mejor el jugo de rosas que el de carmín que tiene el incon­veniente de ser muy cursi. 2) 42 años; era italiano pero na­cionalizado en Norteamérica. 3) Unas cuatro pesetas. 4) Lo ignoro y 5) De Ardavín”.

 

El 8 de julio comunican en el perió­dico-revista que por haber salido nuestro director “para sus posesiones de La Cabrera, queda encargado de la Di­rección de la revista, el Redactor Jefe, Luis Alonso Luengo”. Nos participan en una nota necrológica el falleci­miento de “nuestro particular amigo, don Leandro Buscan­do, que como era la primera vez que se moría estuvo poco oportuno en el momento de grillárselas; para la próxima ha prometido enmendarse. Así lo esperamos”.

 

Otra noticia de indudable interés es la participada a sus lectores: “El viernes, a última hora de la tarde, tuvo lugar el aconteci­miento del siglo: nuestra casa -que es la de ustedes y la de Miguel Montero- conoció, por primera vez, la caricia amorosa del escobajo. Hemos recibido muchas felicitacio­nes por haber adoptado tan enérgica determinación”.

 

En esta etapa de ‘Humo’, los tipos populares de Astorga fueron dejados de mano, no fueron objeto de sus puyas, que solamente recaían en amores y amoríos de la muchachada de aquel entonces.

 

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Encuestas a las chicas

 

Un nuevo género literario abren e inauguran a más de los dichos en otros momentos, es el de la encuesta. Los redactores de ‘Humo’ preguntan a las lectoras: ¿Por qué os gustaría haber nacido hombres? Elena Pérez querría haber sido marino; Luisa Criado, fraile; Amparo Revillo, callista, porque sería una profesión rentable “mientras ten­gamos un pavimento tan hermoso”. Un día hacen un dic­cionario de palabras con sus correspondientes significados­. Veamos por ejemplo el de DIBUJO: “Uno precioso obtuvo el domingo en la Plaza Mayor nuestro redactor ar­tístico Juan Panero sirviéndole de modelo una bella muñe­ca -vestida de azul- que iba muy devota en la procesión del Sagrado Corazón”. La H. Humorista: “Pelmazo hidroscópico que ora amodorra y ora regocija, produciendo hilari­dad arcatrócica de los púberes menores de ochenta abriles”, en la T. “Trabajo: No lo conocemos en ‘Humo’.

 

Se abrió una página femenina, redactada por las chicas. Sobre el primer artículo publicado por María de la Riva, se escribía, en el mismo 'Humo', un suelto en que se declaraba haber recibido una emoción semejante a la de un “soneto de Sebastián Risco Macías, antes de enfren­tarse con los áridos y prosaicos asuntos judiciales; la misma que cuando oigo ejecutar al piano a la inspirada artista Carmina García Villar algo de Beethoven, y la idéntica que experimento al ver a mis caros amigos Juan Panero y Julio Fernández Matinot, a la vera de una buena moza, propincua al maridaje, hablándole a flor de oreja”. A esta primera colaboración femenina siguieron artículos como el de Angelina San Román sobre 'La libertad de elección en la mujer; moderna', o el de Concha de Vega, por solo citar dos más.

 

Por cierto que cuando las mucha­chas de Astorga se cansaron de imaginarse como hom­bres, periodistas, industriales, médicos y otras adheren­cias similares, ‘Humo’ cambió el tercio de sus preguntas hacia el programa de fiestas veraniegas de Santa Marta. Tenemos un ramillete de respuestas de lo que a juicio de las jovencitas sobraba o faltaba en Astorga. Carmen Gar­cía del Villar pedía para Astorga un ‘tío vivo’, Pilar Pallarés notaba el exceso de polvo y falta de agua; Celia Rodrí­guez se afirmaba en la falta de adoquinado y el exceso de adoquines; Herminia Seco apuntaba a que el exceso está en el vino no en el agua; Benita Fuertes se queja del alumbrado y de las bombillas; Encarnita Fernández se fija en la falta de inspección sanitaria y en la sobra de perfume de los alcantarillados.

 

Los redactores deseaban conocer públicamente las pre­ferencias femeninas sobre las diferentes secciones de ‘Humo’. Varias señoritas suscriben, como de su preferen­cia, la sección de chismes amorosos; ‘Frivolidades’. Otro grupo prefiere, entre todo, a los simpáticos redactores. Y mientras Carmen García critica el “pebetero de la portada”, a Anita Revillo le parece bien “la piramidal chimenea que a guisa de alegoría aparece en la portada”. Hay quien prefiere los versos, la claridad con que trasmite la ‘Ante­na’, ‘Los pasatiempos’, a otra le gusta ‘desde el papel a los redactores’, ‘todo menos los anuncios’, ‘la simpática Dama Gris’, que por supuesto era ‘Sines’, un hombre, el propio director. El disgusto o la critica de las consultadas sobre sus preferencias entre ‘Humo’ camina a rechazar el mobiliario de la redacción, las pocas páginas que tiene (16 páginas), el titulo porque pronto fe desvanece, “la galantería de votos, el poco tiempo que disfrutamos de su lectura”, “los chistes, porque tienen muy mala sombra”, los anuncios, el aparato de radio y la antena.

 

 

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La fiesta de la belleza

 

Humo se habla vuelto mucho más trascendental. Publi­caba editoriales con títulos como ‘La Catedral se hunde’, abogando por un empréstito estatal para defenderla, o se preocupaba por la Cripta de los Marqueses, bajo el pres­biterio de la Catedral. Si Leopoldo Panero enviaba crónicas desde Larache, el pintor Monteserín, acompañador –viajero y su sombra-  de su misma sombra firmante, visitaba la Costa azul, y enviaba con el seudónimo de ‘Don Deme, dibujitos tomados del natural, en Niza, comentados por su segunda personalidad literaria ’Garolla’ . Y así la muchacha astorgana conocía la moda de los chanchullos, las ligas enjoyadas en los muslos de las mariposas del American-Bar, y “el furor de las sandalias griegas”.

 

Todo toca a su fin. Y el último número de ‘Humo’ consistió en un homenaje a la belleza de la mujer astorgana. Es un extra, con abundantes colaboraciones y gran aparato fotográfico, en el que se encontraba la belleza múltiple de las muchachas que habían resultado vencedoras en el concurso. Una vez más, el final feliz. Happy end. Versos en el casino, proclamación de la reina, comentarios, trajes blancos y luces, muchas luces. La Fiesta de la Belleza y Poesía había sido programada como número dentro de las Fiestas de Astorga. Los jóvenes redactores de ‘Humo’ habían desplegado anteriormente su actividad de organizadores de verbenas en casa de los Cuadrillero, ante la falta de iniciativa del Ayuntamiento de Astorga. Ellos alentaron otra Kermesse, la verbena de las modistillas; cuando se habían apuntado varios éxitos, en los que colaboró Margot, la que era novia del aviador Ansaldo, pasaron los trastos a los responsables del Municipio y del Casino, no sin que antes se resarcieran los ‘humanistas’ de sus gastos anteriores.

 

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“La guía de Astorga”, nueva empresa común

 

Así se había esfumado aquel verano de 1928. Los cinco amigos habían sellado una vez más afanes comunes. Cada cual iba madurando hacia su propia vocación literaria. Cuando pasen otros nueve meses y estén juntos de nuevo en el verano de 1929, ya no les acuciará reeditar un nuevo periódico. Por entonces se hablan convertido en autores, en responsables de un futuro que supera las barbas medievales y romanas de nuestras murallas. Luis Alonso Luengo había reunido sus poemas en un libro, publicado con el título de ‘Estampas y Madrigales’ con prólogo de su profesor de literatura. Habían impreso ya Ricardo y Luis sus ‘Cuatro filetes del Apocalipsis’. Tenía, Luis, en preparación unas 'Notas para una  biografía de Godoy', una 'Monografía del Marquesado' y una 'Heráldica asturicense' que hasta hoy se ha quedado en el magín y en la oferta juvenil.

 

Leopoldo, Luis, Ricardo dedicaron su vera­neo de 1929 a escudriñar los secretos artísticos de Astor­ga. De ellos salió un libro en colaboración con más de 120 páginas. Se titula ‘Guía sentimental y artística de Astor­ga’. Describieron sus murallas, su alcantarillado romano, la ergástula y la cita de Gil Blas, la Catedral, con sus retablos, el coro sacristía, claustro, púlpito, sala capitu­lar, recorrieron iglesias y conventos. Fotografiaron con la cámara de Novo, charlaron con los párrocos, con los eru­ditos locales, manosearon libros, reprodujeron leyendas, analizaron arquitectónicamente el Palacio de Gaudí y el Ayuntamiento, el Seminario, el Cuartel de Santocildes, los parques y jardines, las calles y plazas, la epigrafía, con nuevas aportaciones, y la heráldica en su primera sistematización. Hay, al final, un grupo de anuncios de la Astorga del 29. Era la obsesión de la publicidad que les venía del galgo de su experiencia periodística. Entre esos reclamos comerciales un reportaje, con detalles sobre el origen monjil de las mantecadas, sobre el creciente y abovedado pan de Astorga y el titulo de sombrerero expe­dido por alguno de los gremios antiguos de Astorga.

 

 

(Continuará)

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