Redacción
Martes, 04 de Febrero de 2020

Manos Unidas lucha contra las consecuencias del cambio climático en la población de África

La ONG ha puesto el foco de atención en la campaña de este año en el modelo de vida dominante, el consumismo, las estructuras de poder y la cultura del derroche que están provocando el deterioro medioambiental y las crisis humana y social que lo acompañan. El lema es 'Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú'.

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Sobre las consecuencias del cambio climático ha hablado este martes en Astorga Justina Banda, una monja de Zimbabwe que ha venido para contar en primera persona cómo las sequías y las inundaciones provocan muertes en este país africano. "Antes llovía siempre" a mediados de octubre y "ahora no se sabe" cuando el agua de lluvia regarán los campos de cultivo, "antes no había inundaciones y ahora las hay, la gente se muere fácilmente porque no hay viviendas como las de ustedes", ha detallado Justina Banda.

 

Desde Manos Unidas invitan a reflexionar este año sobre cómo la pérdida de biodiversidad (como la extinción de animales o la tala de bosques), la contaminación atmosférica, de ríos y mares o la sobreexplotación de los recursos naturales provocan la destrucción de la naturaleza, además de pobreza, enfermedades, hambre y sed en las comunidades más vulnerables. "La polarización del clima, con aumento de huracanes y tormentas, sequías extremas (como la que ha causado los incendios de Australia) ponen seriamente en peligro los medios de vida de millones de personas", aseguran desde la ONG.

 

Para tratar de aminorar las consecuencias que tienen los desastres sociales y medioambientales, Manos Unidas pone su granito de arena y Justina Banda ha venido para contarlo. La ONG desarrolla en Zimbabwe proyectos agrícolas de riego por goteo, pozos y construcción de embalses; pero su trabajo va más allá en la construcción de hospitales y orfanatos para niños con SIDA, una enfermedad que las madres transmiten a los hijos durante el parto y que desde el Gobierno del país africano tratan de combartirla obligando a las madres a dar a luz en los hospitales porque de esta manera evitan el contagio.

 

Banda pertenece a la congregación religiosa de las Misioneras Hijas del Calvario. Desde hace tres años reside en Burgos pero trabaja desde España por que salgan adelante los proyectos que Manos Unidas financia en su diócesis de Hwange, donde existen problemas de sanidad, educación y alimentación, "allí hay una comida al día si hay suerte, aquí la gente la tira".

 

Justina Banda está especialmente sensibilizada con la educación de las niñas, ella pudo estudiar Magisterio y seguir su vocación religiosa en una sociedad donde "mandar a una chica a la escuela se considera que es un gasto de dinero a lo tonto", asegura. Ella tuvo la complicidad de su madre para poder elegir la vida que quería. "Yo quiero ayudar a la gente para salir de la pobreza" y no duda en afirmar que la mejor manera es con la educación. "Ahora van las cosas cambiado a poquitos", dice la monja africana.

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