Tomás Valle Villalibre
Sábado, 08 de Febrero de 2020

El gran Harold Lloyd

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Reírse es una buenísima opción contra el estrés e insuperable para olvidar preocupaciones o malos momentos. Una extensa carcajada alivia el alma.
 
El cine, por su parte, ha contribuido desde sus inicios a proporcionarnos ese espacio de escape y desahogo, ya que a lo largo de su historia se ha erigido como un santuario de entretenimiento y diversión para el público de cualquier edad, ofreciéndonos la posibilidad, por un rato, de perdernos en increíbles ficciones ajenas y divertidas, con personajes intrigantes, agradables o curiosos hasta llegar, algunos de ellos, a ser tan entrañables y queridos, que se convierten en habituales de nuestras  vidas.
 
Siempre he pensado, que resulta más fácil hacer llorar con un relato dramático, que arrancar una espléndida risa por medio de una buena comedia si esta, claro está, es realmente simpática. Lo que me ha llevado a la conclusión de que  no todos los actores consiguen crear situaciones realmente graciosas, porque para ello se requiere un indudable talento y mucho ingenio, además de un dominio total del cuerpo, Esto fue mucho más visible en la época del cine mudo, donde los diálogos o la música no eran elementos que ayudaran a la construcción de situaciones de humor, todo dependía de los movimientos y gestos cómicos o gags.
 
Estos días he tenido la oportunidad de visionar varias películas de cine mudo, que me regalaron las pasadas Navidades, de grandes actores como Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd. Hoy me gustaría hablar sobre éste último, que aunque eclipsado por los dos anteriores, fue uno de los más grandes de la época; habiendo rodando más de 180 películas.
 
Harold Lloyd nació el 20 de abril de 1893 en Nebraska. Desde muy pequeño se sintió atraído por el mundo del teatro. Empezó a trabajar con doce años e hizo de todo: acomodador, vendedor de caramelos, encargado de atrezo, ayudante del director de escena. Sus primeros trabajos en Hollywood fueron como extra, pero pronto empezó a montar sus propias películas junto a su amigo y socio Hal Roach.
 
Este tipo con gafitas redondas y lleno de ingenuidad era además un gran acróbata y en muchas de sus películas lo hemos visto jugarse literalmente la vida sorteando coches por las calles o haciendo equilibrios en las alturas de los edificios. Los espectadores sufrían y se reían viendo, nos ocurre también ahora, cómo estaba a punto de caerse desde un andamio o colgado de las agujas de un gran reloj en un rascacielos, como en una de sus películas más famosas, El hombre mosca. Esta película realizada en 1923, es una obra maestra de principio a fin. Con una gran solidez narrativa, un ritmo maravilloso y multitud de gags memorables, es una de las películas más famosas de la historia del cine. Es la obra maestra de Harold Lloyd.
 
Toda la película se encamina a la espectacular secuencia final de la escalada del edificio, y dentro de ella, su clímax, la escena de Harold colgando peligrosamente de la aguja de un reloj. Un momento mítico que se ha convertido en todo un icono de la historia del séptimo arte.
 
Un repaso a su filmografía, nos llevaría a algunas de  las que perduran en la  memoria, tales como El tenorio tímido(1914), El hermanito (1927), Grandma´s Boy (1922), El relámpago (1928), Viaje al paraíso (1921),Los pies por delante (1930), o su primer largometraje Grandma’s Boy (El mimado de la abuelita, 1922). Esta película que fue preconcebida como un mediometraje dramático contenía situaciones muy graciosas que la convirtieron en largometraje y que causó una excelente impresión, incluso al mismo Chaplin, quien felicitó por telegrama a Harold por su buen trabajo asegurándole que desde ese momento tendría que mejorar muchísimo para estar a su altura dada la enorme calidad cómica del filme.
 
 
Mi película favorita junto con El hombre mosca, es For Heaven´s Sake realizada en 1926 y dirigida por Sam Taylor. Una película en la que el propio Lloyd no quedó muy satisfecho con el resultado final estando a punto de retirarla antes del estreno. Por suerte para él y para todos nosotros no lo hizo, ya que es una comedia muy divertida que acabó siendo uno de los mayores éxitos de taquilla de su carrera.
 
Debido quizás a la cotidianeidad de su tipología, con la que algunos de sus seguidores se identificaban y compartían sus disparatadas y graciosas aventuras en la gran pantalla, Lloyd era muy querido por el público, hoy lo sigue siendo. Personalmente soy un fanático de éste actor, un personaje adorable, que en 1953, recibió un Oscar honorífico por ser un indiscutible maestro de la comedia.
 
El gran Harold Lloyd falleció un 8 de marzo de 1976 a causa de un cáncer de próstata, tenía 77 años y el privilegio de ser reconocido, junto con Buster Keaton y Charles Chaplin, como uno de los más grandes cómicos de los años 20. Hoy, cuando más o menos hace cuarenta y nueve años de su muerte, es un buen día para recordarle con las palabras que sobre él dijo el periodista y crítico Ángel Zúñiga: “Ha sido un hombre básico en la historia del cine”.
 
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