Palabra de Balacera
Creo que fue el pasado domingo alrededor de las seis de la tarde.
Llevaba un buen rato dando vueltas por mi casa, no se puede salir por el tema del Coronavirus, y ya iba por mi segunda copa de Barceló, el añejo que por Navidad me había regalado mi amiga Laura. La música hacía un rato que había dejado de sonar y no tenía ganas de discutir conmigo mismo sobre nada.
Me acerque hasta la estantería donde, de una forma más o menos ordenada, tengo los libros que me pueden interesar, el resto permanecen ocultos en el armario abuhardillado. No supe muy bien porqué, aunque puede que sí, pero cogí un pequeño poemario que ya había leído en su momento: 'La Palabra Empeñad'.
Joder, cuanto significado tiene la frasecita en cuestión. 'La Palabra', algo tan importante. 'Empeñada' algo tan determinante
.
Quiero recordar que fue el pasado año, por estas fechas más o menos, cuando Carlos Balacera (Juan Carlos Moran Fernández) presentó este libro en La Casa Panero. Por cierto lo tengo dedicado, y siempre me ha picado la curiosidad dicha dedicatoria. Algún día el bueno de Carlos me aclarará el detalle.
Debo confesar que yo siempre pensé que solo se dedicaba a la música, y a patear escenarios, calle y carretera a base de Rock´n´Roll, definición que viene reflejada en la presentación de su poemario.
Vuelvo a poner música, la misma que había sonado antes: Anna Netrebko. ¿Para qué voy a cambiar?
“Los muchachos se arremolinan en la puerta del restaurante mexicano. Llevan veinte minutos sin parar de hablarme y aun me siento solo…”
“Fuimos tan pobres que robábamos los besos. Tan desesperados que saltábamos de los trenes en marcha…”
Tendréis que perdonarme los puristas por tener la osadía de hablar sobre la poesía, algo que soy consciente que me queda muy grande, a pesar de mi gusto por leer este tipo de expresión literaria, en la que el poeta habla como creador de mundos. Mundos que en este caso Carlos Balacera , con lenguaje sencillo y ahorrador, intenta que recorramos de forma tranquila y para nada farragosa.
“Tú, simplemente, no dejes de cubrir mi espalda. Puede parecer poco pero es más de lo que la mayoría harían por mi…”
“Déjame vomitar ahora lo que pasa por mi cabeza. Ahora que las palabras acuden a mí. Ahora que encuentro el sendero que baja hasta el pozo donde se guardan los secretos de los poetas…”
Perdonar que de un sorbo de ron, lo tengo olvidado desde hace buen rato. Se está haciendo de noche. La Netrebko me obliga a hacer una pausa mientras entona el Ave María. Sublime, como siempre.
Yo creo que en este poemario, la voz del grupo Balacera ha encontrado otra manera de expresarse, abriendo nuevos lenguajes y formas, para contarnos su realidad, tomando distancia de un discurso uniforme que la suele nombrar desde una rutina que a veces aburre. Son creaciones poéticas como las de Carlos, las que hoy han hecho que en mí tarde de confinamiento, como así debe ser para toda la población, haya podido hacer una amena lectura literario-poética, en la que incluso me he podido identificar en algunos de sus poemas.
“Me mandó a mil guerras sabiendo que sería yo quien pondría el pecho para detener la bala que buscaba alojamiento en otra piel…”
En este libro, el poeta nos muestra un laberinto interminable de insospechadas sorpresas, de anécdotas y de pensamientos, cuya verdad es difícil de saber si lo es por simple o por compleja. En definitiva, para mí la lectura hoy, de este poemario, del que fuera batería de Indeseables, su segundo ya que en el año 2018 escribió otro titulado ”Escríbalo yo, léalo el diablo”, que por cierto no he leído, ha sido una manera fácil de nutrir el espíritu un domingo que al parecer podía haber sido el domingo de ramos.
Creo que fue el pasado domingo alrededor de las seis de la tarde.
Llevaba un buen rato dando vueltas por mi casa, no se puede salir por el tema del Coronavirus, y ya iba por mi segunda copa de Barceló, el añejo que por Navidad me había regalado mi amiga Laura. La música hacía un rato que había dejado de sonar y no tenía ganas de discutir conmigo mismo sobre nada.
Me acerque hasta la estantería donde, de una forma más o menos ordenada, tengo los libros que me pueden interesar, el resto permanecen ocultos en el armario abuhardillado. No supe muy bien porqué, aunque puede que sí, pero cogí un pequeño poemario que ya había leído en su momento: 'La Palabra Empeñad'.
Joder, cuanto significado tiene la frasecita en cuestión. 'La Palabra', algo tan importante. 'Empeñada' algo tan determinante
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Quiero recordar que fue el pasado año, por estas fechas más o menos, cuando Carlos Balacera (Juan Carlos Moran Fernández) presentó este libro en La Casa Panero. Por cierto lo tengo dedicado, y siempre me ha picado la curiosidad dicha dedicatoria. Algún día el bueno de Carlos me aclarará el detalle.
Debo confesar que yo siempre pensé que solo se dedicaba a la música, y a patear escenarios, calle y carretera a base de Rock´n´Roll, definición que viene reflejada en la presentación de su poemario.
Vuelvo a poner música, la misma que había sonado antes: Anna Netrebko. ¿Para qué voy a cambiar?
“Los muchachos se arremolinan en la puerta del restaurante mexicano. Llevan veinte minutos sin parar de hablarme y aun me siento solo…”
“Fuimos tan pobres que robábamos los besos. Tan desesperados que saltábamos de los trenes en marcha…”
Tendréis que perdonarme los puristas por tener la osadía de hablar sobre la poesía, algo que soy consciente que me queda muy grande, a pesar de mi gusto por leer este tipo de expresión literaria, en la que el poeta habla como creador de mundos. Mundos que en este caso Carlos Balacera , con lenguaje sencillo y ahorrador, intenta que recorramos de forma tranquila y para nada farragosa.
“Tú, simplemente, no dejes de cubrir mi espalda. Puede parecer poco pero es más de lo que la mayoría harían por mi…”
“Déjame vomitar ahora lo que pasa por mi cabeza. Ahora que las palabras acuden a mí. Ahora que encuentro el sendero que baja hasta el pozo donde se guardan los secretos de los poetas…”
Perdonar que de un sorbo de ron, lo tengo olvidado desde hace buen rato. Se está haciendo de noche. La Netrebko me obliga a hacer una pausa mientras entona el Ave María. Sublime, como siempre.
Yo creo que en este poemario, la voz del grupo Balacera ha encontrado otra manera de expresarse, abriendo nuevos lenguajes y formas, para contarnos su realidad, tomando distancia de un discurso uniforme que la suele nombrar desde una rutina que a veces aburre. Son creaciones poéticas como las de Carlos, las que hoy han hecho que en mí tarde de confinamiento, como así debe ser para toda la población, haya podido hacer una amena lectura literario-poética, en la que incluso me he podido identificar en algunos de sus poemas.
“Me mandó a mil guerras sabiendo que sería yo quien pondría el pecho para detener la bala que buscaba alojamiento en otra piel…”
En este libro, el poeta nos muestra un laberinto interminable de insospechadas sorpresas, de anécdotas y de pensamientos, cuya verdad es difícil de saber si lo es por simple o por compleja. En definitiva, para mí la lectura hoy, de este poemario, del que fuera batería de Indeseables, su segundo ya que en el año 2018 escribió otro titulado ”Escríbalo yo, léalo el diablo”, que por cierto no he leído, ha sido una manera fácil de nutrir el espíritu un domingo que al parecer podía haber sido el domingo de ramos.






