Max Alonso
Miércoles, 22 de Julio de 2020

El confinavirus y la resurrección

Max Alonso, autor de 'Guerra por Paz', (2003), que fue el primer libro periodístico  sobre la caliente guerra del entonces humeante Irak.
Nos proporciona su diario reflexivo sobre su confinamiento en Astorga. Consta de diez apartados o capítulos que publicaremos en cinco entregas

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CONFINAVIRUS/ 1

 

A mediados de marzo ha empezado esta pesadilla, no soñada sino que la estamos viviendo como protagonistas, del confinamiento. Todos los españoles encerrados en nuestros domicilios porque así lo ha ordenado el Gobierno. No se trata de un simple toque de queda sino muchísimo más. Todos en nuestras casas y cada uno en la suya. No se va a trabajar. Ni a las fábricas. Ni a los comercios. Ni a los bares, ni  a los colegios…  Las calles vacías. No hay gente en  las grandes ciudades. ni en los pueblos en los que casi ya no se veía a nadie. Ni tráfico en la Gran Vía de Madrid, tal como se la imaginara Alejando Amenábar en ‘Abre los ojos’. No es ficción sino la realidad de cada nuevo día, como la podemos ver en la televisión y la vemos. Más que para narrarlos son días para verlos y es lo que nos muestran continuamente en las televisiones y la primera y repetida noticia de los telediarios en todo el mundo cuando toda la programación parece un  telediario sobre este mundo que se ha quedado vacío.

 

Ni  en la Puerta del Sol, ni en la Castellana de Madrid. Ni en Valladolid por el Paseo de Zorrilla, ni a las orillas del Pisuerga. Ni en el Real Alcázar de Sevilla hay turistas, ni en los alrededores de la Maestranza. Ni en la sevillana calle Sierpes, que siempre ha estado tan animada y bulliciosa ahora está abandonada como si en verdad le hubiera caído encima una leyenda negra.

 

Me he quedado tan absolutamente solo que al tercer día de no ver a nadie llegué a pensar que estaba abandonado. Desde la azotea miraba en derredor, entre tejados, y no veía a nadie. Ni en las ventanas de enfrente. Hasta las palomas, abundantes en la zona, habían desaparecido. ¿Me habría quedado solo en el planeta?

 

Tuve que asomarme a un balcón  de casa con necesidad de ver a alguna persona. Enfrente hay una farmacia. Estaba cerrada, pero pude ver una ante el pequeño torno de seguridad, como antaño en los conventos,  se agenciaba algún medicamento. Tampoco se veía a la farmacéutica como no se veía a las monjas. Aquellas protegían la virginidad con su enclaustramiento, esta su integridad, porque estaba siendo noticia que las farmacias estaban siendo asaltadas por cacos de esos que no descansan, y como las ratas acuden en busca de la comida a los sitios que la hay,  sin andarse con miramientos cuando tanto escasea. Atacaban a los pocos negocios en los que seguía moviéndose dinero.

 

En medio de la calle dos personas más, separadas, como mandaban, aguardaban su turno. Todo un alivio. La Tierra estaba rara pero seguía habiendo mortales. No muchos, porque  están aterrados con lo que está pasando y con lo que cuentan de que la gente muere y tanta,   después de haber superado aquellos primeros momentos en los que las noticias de lo que se avecinaba habían sorprendido a todos. Tanto tiempo temiendo una invasión de alienígenas y no han hecho ninguna falta. Ni enormes naves, ni pequeñas. Ni seres extraños con aspecto de insectos ni de guerreros.

 

Todo ha sido mucho más sencillo. Estaban en la misma Tierra. Seres minúsculos, que no llegan a seres vivos, pues se quedan en virus. Seres, sin embargo, mortíferos, que amenazan con conquistar la Tierra y acabar con la vida humana sobre el planeta. ¡Quién nos lo iba a decir! ¡El enemigo lo teníamos en casa! No hacían falta seres antropomorfos venidos de otro planeta. Son seres minúsculos que estaban aquí. Conviviendo con nosotros. Sólo para matar y ¡nos están matando!

 

Con desconcierto, cuando saltó la alarma, y en medio de la incredulidad los consumidores armados con sus carros de compra, como primer recurso para la batalla incierta que se avecinaba. Asaltaron los supermercados para acaparar víveres. Como consecuencia de ese terror compartido y ocultado les dio por acaparar papel higiénico. Desapareció de las estanterías aunque a su lado vacío permanecían  los rollos de papel para manos que, ante lo que se avecinaba, resultaba más necesario y esencial.

 

El prodigio, puso en boca de los sabios del momento las más dispares explicaciones. Dejaban dudas sobre la forma de ser de los españoles porque fue un fenómeno genuinamente nacional. Ante  el temor por  lo que se anunciaba y por lo desconocido, como las aguas que se apantanan y desbordan sus cauces escapan por donde pueden, en la misma forma debimos temer extraordinarias diarreas que hicieron de este simple recurso higiénico un bien tan esencial. Cada pueblo en los momentos cruciales saca adelante su idiosincrasia. No nos dio como a los norteamericanos que se desmandaron para acaparar armas como forma de defenderse ante el virus. Cada pueblo actúa como puede y sabe.

 

 

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Pasados los primeros días los ciudadanos, refugiados en el terror personal de lo desconocido que les había caído encima y que a tantos se llevaba por delante,  sin que se pudiera exhibir el mínimo rechazo sino solamente vivir el pánico que les enmudecía como forma de romper el círculo, salieron a los balcones a aplaudir a los héroes del momento. Médicos y enfermeras y enfermeros, que con riesgo de su propia vida mantenían esa lucha sin cuartel contra el horrible bichillo.

 

Días más tarde emergieron las protestas, como es lo habitual, superada la cobardía inicial. Capitalizadas por quienes encuentran en la protesta  su justificación, heridos como están por la nostalgia de tiempos pasados, que temen que ya no volverán, cuando es lo que desean con más fuerza y estridencia. Ahora hay dictadura socialista-comunista, dicen. Sin advertir que Dictadura era lo de antes. Cuando ellos callaban y acataban. Nostálgicos hablan de régimen, sin que nadie impida que lo que digan sean disparates.

 

Lo  está demostrado el confinamiento. A pesar de llevar cuarenta años en democracia hay muchos españoles que todavía discurren como les enseñó la Dictadura. Sin advertir que los tiempos han cambiado y que ahora podían vivir de otra manera. Sus líderes, que conocen su aborregamiento, lo alimentan haciéndoles creer que lo hacen por ellos y entre ambos ofrecen un espectáculo vergonzoso. La prensa internacional  lo ha comentado y  lo decimos no porque esta sea más creíble, sino porque evidencia que el espectáculo que han propiciado ha sido de escándalo: la falta de respeto al Gobierno, que implica libertad. Respeto, que es una consecuencia de la educación. En este caso de su carencia. Es lo que ocurre cuando estos líderes se equivocan y ellos les siguen.

 

Se han manifestado como carroñeros, siguiendo a los políticos que  buscan sin escrúpulos los votos. Sin importarles los muertos. Mientras el Gobierno está  peleando por reducir el número de afectados ellos  pasan  por encima  porque no les importa nada más que la tajada política.

 

El día 9 de marzo, había 16 muertos y 445 nuevos casos, El día 14, sábado, ya eran 141 los fallecidos y 7.583 los casos confirmados. Estos se habían disparado a 57.525 el miércoles 25 y 3.303 los fallecidos. A pesar del confinamiento olía a  muerto y se sentía la muerte.

 

Hoy es domingo de Resurrección y 11 de abril.  El que para los cristianos es el día del amor, que es el mensaje que Jesucristo dejó en el Jueves Santo y que fructifica y florece con su Resurrección.  La Semana Santa no se está pudiendo celebrar en las calles, pero estos son sus días. Hay católicos que ese sencillo mensaje no lo entienden y quisieran obligar a Jesucristo a volver a la tierra para ser de nuevo crucificado y que vuelva a redimirles, que es el Redentor.

 

Una católica confesa comentaba en whatsapp, la forma de hablar y comunicarse en este tiempo, que la Guardia Civil, siguiendo órdenes de la Superioridad, había impedido al obispo de Granada continuar la misa con un grupo de feligreses, que mantenían la distancia social,  y que, sin embargo, les permitió a los musulmanes celebrar el Ramadán. Sin reparar en que el Ramadán comenzará al fin previsto del confinamiento y que la misa se estaba celebrado cuando estaba en vigor la prohibición por las aglomeraciones. No era porque fuera misa católica sino porque era un acto social, que estaba fuera de la ley. Si esa persona no se dejara llevar por el odio, mezclado de ignorancia, cuando estaba tan patente la renovación del mensaje de Jesucristo sobre el amor para los cristianos, no habría escrito lo que escribió porque hubiera advertido que era imposible y sin sentido. Es más fácil convivir con la idea de que los católicos siempre son los buenos y por eso son perseguidos.

 

Otra buena católica avisaba que el Gobierno bolivariano había anticipado que para hacer frente a la crisis iba a tener que contar con propiedades privadas y que eso era el aviso de que se iban a hacer con viviendas y que se prepararan los que tenían segunda vivienda, que se iban a quedar sin ellas. Lo decía con toda la angustia de haber perdido su casa y con esa pena se quedó. Como la de aquellos que se creían los bulos que ellos hacían correr. Se hacían sufrir tan inútilmente como los niños que juegan con fuego y acaban quemándose.

 

 

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¿Qué es el odio que rezuman? Ignorancia secular cultivada por sus guías y pastores,  administradas con inquina y falsedades para mantenerles como a las ovejas sin salir del redil. Nunca va a  estar tan vivo su mensaje como en esta Semana Santa que no puede celebrarse  cuando la sociedad está en carne viva, atacada y desangrándose. Muriendo. Por eso es necesaria la vuelta de Jesucristo para hacer entender su mensaje de amor a los que se consideran católicos pero no son cristianos. Es verdad que los mensajes de odio van  muchas veces mecidos por la incultura, pero, desgraciadamente, es  como  muchos  viven. Sin llegar a ser ciudadanos y mucho menos demócratas. ¿Quién es el culpable? En tan gran parte sus líderes más sus obispos y arzobispos. Cuentan con un arma poderosa, que financiamos entre todos, su cadena de televisión.

 

Como la Iglesia falló con Hitler, con Pio XII a la cabeza,  dejándole hacer,  confundidos  por sus halagos. Solo al final el papa  reaccionó. Puede que ahora estén en las mismas circunstancias en España sin saber lo que consienten y bendicen.

 

 

LA RESURRECCION/ 2

 

El 19 de mayo vuelve a ser domingo y los muertos han subido a 27.793 y los confirmados a 279. 012.  A los 74 días de contabilizarse la pandemia Madrid ya había sumado 8.931 muertos como epicentro de la tragedia.

 

Está patente el  liderazgo de José María Aznar en su situación de expresidente y exlíder del PP, responsabilidades a las que renunció y ha retomado, tanto por su acción directa como indirecta a través de la FAES, fundación financiada con dinero público, que preside, incidiendo plenamente en el líder actual del PP Pablo Casado. Bajo su batuta le condujo en las dos últimas elecciones al fracaso y ante el flagrante fiasco de los resultados, tras las primeras, el poderoso se escondió durante dos meses en EE.UU.. Después retomó el liderazgo absoluto como responsable de la crispación que ha mantenido su partido, incidiendo sobre los restantes y sobre la sociedad española en general.

 

Han protagonizado hechos bochornosos registrados no exclusivamente en el Congreso de los Diputados, en donde se manifestó con la política de acoso y derribo al Gobierno, configurado tras la moción de censura que se efectúo contra el presidente Mariano Rajoy, como consecuencia de la sentencia por su participación en la Gürtel, que sumó el rechazo de todos los partidos de la oposición. Así llegó a la presidencia del Gobierno Pedro Sánchez y a la presidencia del PP Pablo Casado y tras él su  equipo. Integrado por Teodoro García Egea, Javier Maroto, senador por Castilla y León, con la trampa de su empadronamiento en Segovia;  Andrea Levy; Carlos Iturgáiz, recuperado para el País Vasco; Pablo Montesinos, Cayetana Álvarez de Toledo e Isabel Díaz Ayuso.

 

Él llegaba con su historial académico sobre cómo había obtenido su título en derecho y su famoso máster, cuya legitimidad solo aclaró como trilero documental. Desde su liderazgo, tras  la eliminación de todos los fieles de Rajoy, se produjo el regreso de Aznar, como en Pentecostés cuando llegó el Espíritu Santo. Totalmente obsoleto por cuestiones de edad, como el otro exlíder, su coetáneo,  el del PSOE, autodenominado ‘El jarrón chino’ y conocido como el Abuelete Cebolleta, aquel personaje del TBO, por las tesis que apadrina en tándem con Juan Luis Cebrián, fundador y defenestrador de El País.

 

 

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La postura de Casado de servilismo a los postulados de Jose María Aznar y las FAES han alcanzado su culminación al acaudillar un frente con VOX y Ciudadanos ante el gobierno socialista y comunista, como le denominan con lenguaje despectivo, encasillándose ellos en consonancia  como ‘nazistas’. Aquellos responsables de la Segunda Guerra Mundial, en la que se registraron tantos  millones de muertos entre soldados y civiles. Tan difíciles de contar, entre los 50 y los 60 millones de personas.

 

Todo esto está ocurriendo al tiempo de las tragedias más personales. Un amigo lo narra. “Laura me llamó cuando se iniciaba el confinamiento para advertir que no podía acudir a su casa  de la playa, en donde él ya se encontraba con su mujer, porque había tenido que acudir a un hospital aquejaba con los síntomas de la pandemia. Fiebre, dificultad para respirar, opresión en el pecho y pérdida del olfato.  Le quitó importancia porque eran síntomas débiles y reconoció que así estaban ella y su marido, Román, pero que esperaba que al día siguiente les darían el alta y partirían para su casa vecina de la playa.”

 

Nada de esto ocurrió no porque  ya imperara la ley que impedía hacer esos viajes sino porque ella fue internada en la UCI ante el agravamiento que le había sobrevenido. En la UCI cayó en coma, mientras su marido, era enviado a casa ante su menor gravedad y sometido a cuarentena. Estas noticias le llegaron por el hijo. La madre seguía en la UCI, en coma, y  no podía  visitarla, mientras el padre estaba en casa y  a  él tampoco podía verle. Solo hablar por teléfono y encontrarle angustiado porque había abandonado a su mujer, sin poderla acompañar.

 

Todo empezó a ocurrir el día en el que alguien empezó a cambiar las agujas por dígitos. Así lo pensaba Román, el marido, convenido de que ahí comenzó a desencadenarse todo como cuando el tren se descarrila. Se sale de la vía, sí, y se desbarata. Vagones, railes que de rectos pasan a retorcidos, prados, vacas arrastradas cuando pausadamente rumiaban. Hierros y obstáculos. Ha llegado el desorden y el caos. Nada es lo que era sino lo contrario. El espacio se rompe y los dolores atenazan a los humanos.

 

Transcurrieron cuadro días lentos y pesados como si las agujas de los relojes que persistían se hubieran ralentizado en su obligación de medir el tiempo. Al sexto al hijo le llegó la noticia tan imposible como imprecisa de que su madre había fallecido. De primeras no se lo dijo al padre porque tal disparate necesitaba confirmación. ¿Cómo podía haber sucedido si todo se había iniciado con una fiebrecilla de una de esas gripes invernales? ¿Qué era lo que había ocurrido en esta ocasión para que todo pareciera como parecía?  El padre encerrado en casa mientras su mujer permanecía en la clínica, entregada a manos extrañas,  que era lo que les vendían. Sin que ellos, ni el padre, ni el hijo, pudieran hacer nada por ella. Sólo obtener noticias contradictorias de una repentina gravedad, de la pérdida de la conciencia y el sometimiento al coma, para finalmente fallecer. Sin saber nada más que esas noticias, lejanas como rumores, que finalmente habían balbucido que estaba muerta.

 

 

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A partir de ahí,  todo había sido tan confuso como estremecedor. Llegaba la peor parte, más demencial. El hijo seguía sin poder ver el cadáver de su madre, que había sido llevado a un palacio del hielo, porque no era posible enterrarla de momento. El padre, encerrado en su casa, no era plenamente consciente de lo que estaba ocurriendo. Sólo de lo que percibía seminconsciente tal como se lo comunicaba el hijo por el teléfono.  El no veía a su mujer. Sólo se la imaginaba pálida depositada sin vida sobre el hielo blanco  esperando ser sepultada.

 

Esto fue lo que me trasmitía mi  amigo para ir poniéndole ojos y cara a la tragedia que vivía la nación. Mientras los políticos, los malos, desmarcados de tan absurdo dolor cuando sólo eran tiempos de dolor y este se acumulaba hasta hacer insuperables las borrosas noticias de lo que estaba sucediendo en las residencias de los mayores. Se decía que los militares al entrar en ellas con la orden de desinfectarlas, se habían encontrado con numerosos cadáveres abandonados sobre sus camas sin saber qué hacer con  ellos. Alguno de estos militares dio testimonio en la televisión de cómo  por azar, camuflado tras su vestuario protector como un monstruo, hubo de asistir como único acompañante en sus últimos momentos a alguna de aquellas víctimas anónimas y abandonadas. Un cuadro goyesco con mucho de esperpento. Un monstruo galáctico enfundado en su traje protector y enmascarado, asistiendo a una mujer anciana aterrada, con los ojos desorbitados, con sus manos agarradas a las del extraño monstruo, con las angustia de la respiración y sintiendo como la vida se le escapaba. Sin aclarase en este macabro final  de su existencia y adentrándose en el más allá, sin saber lo que se encontraba.

 

A los 66 días Castilla y León sumaba 1.960 muertes. Cataluña, a los 69 días alcanzaba las 6.021 y el País Vasco, a los 71 días, 1.438. En la tribuna del Congreso el líder del PP leyó una serie de argumentos de rechazo a la cuarta propuesta de renovación del Estado de Alarma. Solo al final de su intervención, ante los movimientos favorables de  PNV y Ciudadanos, improvisó una titubeante salida para anunciar su abstención, lo que dejaba a su partido en una posición de gravedad, como aliado de los ‘voxeros’ e independentistas, sin respeto ni atención al bien general. Preocupado solo por propiciar el cambio de Gobierno, en sometimiento a sus postulados, pero no conveniente ni estratégico en el momento, con riesgos de muertes para los ciudadanos.

 

 

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Al lunes siguiente el joven líder del PP hizo una presentación de un plan de propuestas con una puesta en escena que se interpretó como la presentación  de un Gobierno en la sombra. El  acto quedó deslucido por las maniobras de la presidenta de la Comunidad de Madrid y su personal estrategia. Fue la culminación de esta política de confrontación, impuesta a toda costa por el Partido Popular y llevada a cabo por el señor Casado, en cumplimiento de todos los postulados del señor Aznar. Los mismos que ejerció durante su mandato cuando se posicionó en el Trio de las Azores, justificando una guerra preventiva  contra Sadam Husein, en Irak, por su posesión de armas de destrucción masiva. Junto a sus compañeros de ‘trinka’, el presidente norteamericano George W. Bush y el líder del Reino Unido Tony Blair.

 

Este hecho tiene mayor gravedad cuando su posición la mantuvo en contra de la voluntad de los españoles estimada por las encuestas como contraria a la guerra, en una actitud solidaria del 95 % y que él traicionó por intereses personales, que supusieron para los españoles consecuencias como el atentado de los trenes de Cercanías de Madrid, conocido como el 11 M, que sumó cerca de 200 víctimas mortales. La responsabilidad fue atribuida por la investigación policial, la sentencia de la Audiencia Nacional y la confirmación del Tribunal Supremo a los yihadistas. Verdad de Estado, que el señor Aznar siempre ha negado, atribuyéndolo en conspiración paranoica nunca probada a la ETA y al señor Rubalcaba  por la derrota electoral que llevó a su partido a perder las elecciones y dar el mando al señor Rodríguez Zapatero. Tiempos después los dos líderes extranjeros  acabaron reconociendo que se debió  una información falsa. Lo que nunca ha reconocido el viejo líder español, que sigue  sin apearse de su pedestal de la soberbia.

 

(Continuará)

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