Max Alonso
Jueves, 23 de Julio de 2020

Aznar y apariciones de los 'cacerolos' en Astorga

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LIQUIDAR A AZNAR/ 3

 

Aznar tiene a su favor su inestimable posición personal. La  mayoría de los ministros por él designados y muchos cargos de alta responsabilidad en su partido están sometidos a procesos y están señalados judicialmente por grandes corrupciones económicas personales. Su figura, sin embargo, se ha mantenido libre de estas asechanzas constituyendo un caso llamativo y ejemplar de extraordinario comportamiento, cristalizado cuando fue designado catedrático de ética de la Universidad Católica de Murcia, mientras su mujer, Ana Botella, era impuesta como alcaldesa de Madrid, donde fue alcanzada por el hecho más obsceno de la corrupción, autorizar en condiciones ventajosas para los ‘fondos buitre’ la venta de la propiedad de las viviendas sociales, cuyas consecuencias fueron la expulsión de sus inquilinos y la colocación de las mismas en el mercado libre. Hechos, el de la cátedra y la peripecia municipal de su mujer, que arrancaron al escritor Manuel Vicent su comparación a la vez sutil y sarcástica  de “cómo la madama, al frente de sus pupilas, podía mantenerse virgen”.

 

La situación del Partido Popular dominado por un liderazgo de Aznar encubierto nos lleva a invocar la necesidad de su desaparición cuando la estrategia  de confrontación impuesta resulta rechazada por la sociedad, con un 95 % de los encuestados que piden los pactos -otra vez ese porcentaje redondeado que expresa unanimidad-.

Estas referencias y el sometimiento experimentado por los actuales líderes de su partido queda más patentizado en la Comunidad de Madrid, donde su presidenta, en un papel a medias entre sor Intrépida y sor Osada, encarna la rivalidad política de oposición al Gobierno Central que hasta ahora, tras la huida del estrambótico expresidente Carles Puigdemont, encarnara el presidente de Cataluña Quim Torra. La presidenta de la Comunidad de Madrid no es más que una delicada marioneta de porcelana, que mueve Miguel Ángel Rodríguez,  el que fuera Secretario de Estado de Comunicación en el Gobierno de Aznar, cargo que ejerció como un sicario hasta el extremo de tener que  dimitir por sus nefandas actuaciones. Colocado ahora como jefe del gabinete de la presidenta madrileña le ha llevado a esta a actuar como transmisora de un ventrílocuo, con sus fijaciones y pulsiones.

 

En la fecha del 17 de mayo  los contagiados en el mundo sumaban la cifra de 4.848.525,  mientras que los pacientes recuperados suman 1.786.875. En España eran 150.376 los recuperados de los 178.188 contagiados. En esa misma fecha los muertos en el mundo llegaban a los 318.481 mientras que en España alcanzaban la cifra de 27.709. Las cantidades que se registran con tanta precipitación las hacen aparentemente frías cuando son desorbitadas.

 

 

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Es posible que sea verdad que los mayores vivan con una  falta de atención que no se ha tenido muy en cuenta en los últimos tiempos, como consecuencia de las políticas  llevadas a cabo. Esto en nuestra provincia y en nuestra comunidad queda manifestado porque más del 90 %, casi el 91 % de las víctimas del coronavirus hayan sido personas de más de 70 años. Habrá que analizarlo en tiempos de calma. Con una salvedad muy importante. Las dos residencias más numerosas de Astorga no han registrado ni víctimas ni infectados por las medidas previas tomadas por los médicos responsables, mientras que en las tres menores el virus se ha ensañado de mala manera.

 

De momento lo que se impone es un imperioso cambio de rumbo y la correspondiente asunción de responsabilidades por la estrategia de la confrontación llevado a cabo por los responsables del PP, que han sido los responsables en los últimos años del desmontaje de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, que siguen gobernando, y de la errónea estrategia de residencias, acaparadas en su gestión por fondos buitres y empresas domiciliadas en paraísos fiscales, con el objetivo  de ganar dinero. Indecoroso fin para el cuidado de los mayores, bajo el patrocinio de las administraciones,  beneficiándose de las aportaciones públicas.

 

La reaparición del caudillismo en el Sr Aznar, como responsable último de la estrategia, obliga a plantearse la inevitable opción de liquidar a Aznar. No en el sentido de acabar con él físicamente sino de la liquidación, como los comerciantes se deshacen de sus maulas, o se pone término a un estado de cosas desmandadas, o se acaba con algo dañino suprimiéndolo o haciéndolo desaparecer. Sin  que la propuesta  tenga un sentido literal, sino meramente metafórico de algo que es necesario hacer simbólicamente para enderezar una situación grave que nuestro país está padeciendo.

 

Liquidarle para  hacer desaparecer la prepotencia  del expresidente, que fuera líder indiscutible del Partido Popular y Jefe del Gobierno legítima y democráticamente elegido. Puesto que abandonó a los ocho años por propia voluntad y que ahora, tantos años más tarde, ha vuelto a ejercer el liderazgo impuesto sobre su sucesor al frente del partido y su equipo de ninots.

 

Puede argumentarse que esta propuesta no le corresponde a quien no sea del propio partido. Afirmación que no es veraz. La figura de la Oposición está reconocida por la Constitución y financiada por el Estado. En este sentido corresponde a toda la sociedad  su enjuiciamiento  pues es ella la que le sostiene y a la que se debe rendir.  Se cortaría así de raíz tan funesta etapa negra, que priva al país de una oposición leal y digna como necesita. Fuera de la gravedad funesta que está padeciendo, con tan lamentables consecuencias.

 

Culminan así los 25 años que lleva el PP gobernando en Madrid, en donde hace diecisiete apareció como mandamás la ‘mamandurriera’  Esperanza Aguirre, que llevó a la Comunidad de escándalo en escándalo, como se encadenan las casillas del juego de la oca y tiro porque me toca. Llegó al poder con el ‘Tamayazo’, en el que anduvo de muñidor el astorgano Dionisio Ramos, por la puerta de atrás, como una premonición de lo que iba a ser su mandato en una charca llena de ranas. Con sus consejeros de sanidad Lamela y Guëmes empeñados de manera vergonzosa y obscena  en acabar con la sanidad pública cuando ellos eran sus gestores máximos y luego, tras cruzar la puerta giratoria, acogidos en empleos sustanciosos en la privada. Con la conclusión de la Operación Lezo, que descabalgó al que acabó siendo sucesor de Esperanza Aguirre, Ignacio González y la Operación Púnica, que también llevó a la cárcel a otro de sus delfines,  Francisco Granados.

 

Se encadenó la presidencia de Cristina Cifuentes que culminó apartada  por el propio  PP, para acallar sus porfías. El currículo  de la nueva lideresa Isabel Díaz Ayuso, IDA para los amigos, ya apareció marcado con los escándalos de Aval Madrid, que fueron tapados en la línea continuista del aznarismo que había contado con Esperanza Aguirre como cuña contra Mariano Rajoy y su liderazgo del partido.

 

 

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Es esa línea Casado  ha calificado a Ayuso de icono, como sucediera con Rajoy y su admiración por Fabra y su aployo a Bárcenas. Tácticas plenamente aznarianas de si no quieres sopa toma dos cazos, que no evitará su caída, presumiblemente peor que la de Cristina Cifuentes. Ya Aguirre inició la táctica de hacer oposición al Gobierno Central desde la Comunidad. Con una estrategia personal de colocar sus peones, mientras Rajoy lo consentía, en una lista interminable de la que ella dijo más adelante que dos le habían salido rana pero ante tantas como habitaban la charca le valió el título de ‘Rana Madre’.

 

La alternativa que ahora se vive es la de la vuelta de propio Aznar, siguiendo antecedentes como los de Putin en Rusia y sus enroques con Dimitri Medvédev. En España con un expresidente que dejó el Gobierno por voluntad propia.  ¿Puede volver Aznar a la presidencia del Gobierno como Perandones volvió a la alcaldía?  Constitucionalmente sí y hay otro precedente más claro en otro astorgano, Manuel García Prieto, que por otros métodos fue varias veces presidente del Gobierno en tiempos de Alfonso XIII.

 

Perandones volvió desde la paz, Aznar desde las guerras. La guerra con Irak y la de la estrategia de la Confrontación, que llegó con él, que la ha manejado  como nadie, y se remonta  siglos  en la lucha permanente de la España de la Reconquista, capitaneada por Santiago Matamoros y la leyenda de su caballo blanco. El argumento final para la contienda era Dios, cuando si algo hay claro en la idea de Dios  es que no le pega nada como atributo ser justificación para la guerra. Sin embargo, él ha sido el estandarte de cristianos y musulmanes por cuestiones no teológicas sino prácticas.

 

Tampoco entonces suponía la justificación de la guerra la aparición de Santiago en su caballo blanco, espada en mano, aunque se le pintara con forma de cruz. Fue esta una invención del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y su falseamiento histórico sobre la batalla de Clavijo, otra leyenda, que funcionó para llevar adelante la Reconquista y fundamentar la historia de la España Imperial, que llegó hasta nuestros días recuperada por el franquismo. Como se mantiene ahora latente en el siglo XXI en la conciencia nacional. La cuestión es ¿Tiene sentido ahora el aznarismo con su estrategia de la confrontación? ¿Nunca va ser posible la gobernanza de España por otros métodos que los de la batalla y la leyenda?

 

Los movimientos ultra católicos sectarios españoles se han levantado en pie de armas y están prestos a la lucha. Son estos la Fundación Villacisneros, la Asociación de Propagandistas Católicos y Fundación Valores y Sociedad, que junto a sus líderes Alfonso Bullón Mendoza, Iñigo Gómez Pineda, Jaime Mayor Oreja, María San Gil, Esperanza Aguirre y  Herman Tertsch fundamentan por igual a Vox y al PP en esas líneas que al no estar todavía entrecruzan a los militantes de uno y otro partido y juntan el neoliberalismo y el ultracatolicismo.

 

Están en su derecho de reunirse y opinar. Lo que se hace preocupante son las conclusiones a las que llegan al considerar compra de votos por el  Gobierno de la Izquierda, con fondos públicos, los subsidios establecidos. Llegan a la idea,  antidemocrática, de quitar el voto a los parados. Se basan en la esencia de la civilización, pero cercenando valores de esta misma en la que se han consolidado. Es decir, apuestan por la civilización, que consideran suya sin que lo sea, pero  la limitan posponiendo la justicia social para mantener la caridad. Es decir, vuelven a tiempos anteriores a la justicia social y a la Rerum Novarum de León XIII.

 

 

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LLEGARON LOS CACEROLOS/  4

 

Con su lucidez habitual Javier Cercas ha resaltado en El País la conveniencia, en el fragor de la catástrofe desencadenada sobre la población por el coronavirus, de apoyar al Gobierno cuando se afana en parar sus  estragos. Una vez más, ahí está el  ejemplo de la Oposición de Portugal a su Gobierno progresista “porque la buena gestión y el acierto del Jefe de Gobierno será para el bien de todos”.

 

Mientras, en España, la oposición aznarista ha aprovechado la situación, sin importarle las víctimas, para atacar al Gobierno, que paradójicamente lo ha hecho muy bien, con los errores de toda situación inesperada y sorprendente. Preocupado por reducir los muertos y salvar víctimas y propiciar recursos a los afectados.

 

El aznarismo desatado ha dado ejemplos de lo contrario para consternación sorprendida de la opinión pública internacional, exhibiendo su falta de argumentos y sensibilidad, que se han  hecho monumentales. Así ha alentado las manifestaciones enaltecidas de los ‘cacerolos’ del barrio de Salamanca, que tergiversan el derecho a manifestarse con la forma ilegal de hacerlo. No hay bochorno mayor que ver a los moradores del Barrio de Salamanca comportarse como tarados, envueltos en la bandera de todos, reclamando ‘Libertad’ y ‘Libertad de Expresión’. Dos conceptos nuevos en su vocabulario, que son ignorados cuando sean reclamados por los otros. Nunca es tarde para aprender y hay que reconocer que la pandemia ha traído cosas buenas.

 

No aparecieron por generación espontánea. Preexistían ocultos y aletargados y emergieron, todos a una como zombis, cuando oyeron la voz que les llamaba. Desde Vox y la garganta profunda de su líder natural Santiago Abascal, o Gregorio II, como papa palmariano, o  su segundo Javier Ortega  Smith, el Legionario, e Iván Espinosa de los Monteros, el Aristócrata. Máximos representantes del partido conservador y reaccionario, que encarna los valores integristas del viejo franquismo. Vociferan que no son franquistas pero se rebelaron cuando sacaron al Dictador de su aposentamiento en el Valle de los Caídos, lugar que no le correspondía al no ser víctima de la guerra Civil. Como gritan que no son racistas pero reciben complacidos las felicitaciones del Ku Klus Klan, se oponen a la emigración de una forma visceral aunque admiten la presencia de los emigrantes hispanoamericanos para que atiendan a sus padres. Eso si sin reconocerles derechos para poder tratarlos como esclavos. Admiten la democracia para mantenerse y cobrar los sueldos de parlamentarios, pero la negarían si alcanzaran el poder, porque no son  demócratas, como no admiten  al LGTBEI, ni a las feministas, ni los crímenes de género porque ellos lo que son es machistas y les encanta.

 

En defensa de la unidad de España, ejerciendo un nacionalismo centralista opuesto a los independentistas, propugnan la abolición de las autonomías y promocionan los valores conservadores de la vida y la familia, con manifiesta oposición al aborto, la eutanasia, el feminismo, el matrimonio homosexual, la ley de la Memoria Histórica, que ya fuera alumbrada unidireccionalmente por Franco, como la reivindicación de Gibraltar y demás valores del franquismo, los toros, la caza y el futbol, como si peligraran.

 

Neoliberales en lo económico, opuestos a los impuestos y acérrimos defensores de lo privado en contra de lo público. Todo ello bajo el ámbito de movimientos ultra católicos y franquistas de los que los españoles parecían haber huido y ellos quieren recuperar en plenitud, envueltos en la bandera nacional de la que se apropian como si fuera exclusiva de ellos y no de todos los españoles. Como se apropian de otros símbolos, especialmente militares y de palabras comunes como Dios, Patria y Rey, que ya gritaran los carlistas. Las hacen suyas con exclusividad, cuando en realidad son malos cristianos y patriotas de pacotilla. Con un bajo nivel cultural, que camuflan tras el populismo. Así es como han despertado a los ‘Cacerolos’ que rápidamente han respondido a sus reclamos.

 

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Triste panorama el que dibujan si se hiciera caso a sus valedores y se quitara el voto a los parados y se le dejara a los currantes. Ellos también quedarían excluidos porque encajaban más en el grupo de ‘tarados’, los que gritan sin saber por qué. Como se ha manifestado burlonamente si se les enviara a inspectores de hacienda, en vez de policías, saldrían corriendo por simple aberración de clase. Así son de importantes sus motivos para manifestarse.

 

Aunque sean alentados por sus líderes y lideresas. La suya, la de Madrid –ya está bien de tabarra madrileña, con lo agradable que es la ciudad y sus habitantes, empeñada en hacerla estúpida porque ella o su mentor lo sean- envuelta en su bandera -¿no era la de todos?- haciendo sonar su cacerola, que debía ser un pandero con sones festivos de la ciudad, aunque lo haga desde la terraza de un oscurecido apartamento, que ni sabe si se lo han prestado ni por qué.

 

Esto es lo que se propugna con la vuelta del aznarismo –hay que tener cuidado para no confundirse y escribir ‘asnarismo’- que como Santiago y Cierra España vuelve sobre su caballo blanco. Una vez más la leyenda y la espada.

 

No pudieron menos que sumar en Astorga, la muy Noble, Benemérita y Bimilenaria a sus borregos y pendejos, en número menor del centenar, sin ni siquiera cacerolas, haciendo gala de la pobreza del lugar, aunque ellas sean de las primeras que en el invierno se echan encima sus abrigos de pieles, en esta ocasión envueltas en la bandera de todos como si fuera la suya, que las banderas se crean con la historia y ellos propia no la tienen, percutiendo latas y cencerros. La bandera les tapaba a quienes van de astorganos pero se empadronan fuera para eludir impuestos, a quienes van de patriotas, aunque la patria sea lo primero que venden, de cristianos aunque ellos sean a quién primero Jesucristo echaría del templo. No están todos, solo una representación de valientes, a los que no les importa descubrir el secreto del voto.

 

Qué se puede esperar de un ser que se cree un elegido, sin advertir la ironía de un adversario político, Clinton, que le confiesa que le admira porque concentra sobre él todas las críticas de un dictador, condición que para sí mismo desearía. Se lo recomienda a su pupila más inexperta, la icónica IDA, para que ocupe su lugar ante ‘los hijos del Dictador’. Como en el viejo cuento de la madama que se confiesa virgen ante sus pupilas. Le ocurre como a la ‘Rana Madre’ entre todas las ranas que acuden a la charca. Él entre las propias, acusadas y perseguidas por la Justicia, es quien se conserva incólume. Divino, se considera, aunque no fuera nada más que un despojo miserable. Como que él ha sido el mejor presidente de España, continuador de los Reyes Católicos y del mismísimo Franco, que fue el que se propuso devolver la grandeza al país, sentándose con sus botas camperas sobre la mesa cuando había alcanzado la cúspide en el ‘Trío de las Azores’ y le iban a conceder una medalla de oro norteamericana comprada con el dinero de los españoles, como una cátedra en Georgetown, que el dinero público daba para todo y así quedaba legitimado para ser catedrático de Ética o de lo que fuera, que lo mismo daba, en una significada universidad española.

 

La confrontación llegó a la política española de su mano rompiendo la paz de la democracia cuando se propuso hacer la transición de la Transición, sin advertir que la Transición era pasar de la Dictadura a la Democracia no de la Democracia a sus manos. Esa confrontación se ha reavivado ahora que vuelve, travestido de Casado, convertido en Chucky, el muñeco diabólico y sus ninots. Con los que todo es posible aunque solo sea estridencia y malos modos antidemocráticos, como los que guían a sus hermanos descarriados y ahora recuperados de ‘voxeros’. Muy pronto volverán a entrar en el redil, aunque eso suponga que los del PP hayan dejado de ser demócratas. Por eso se puede quitar el voto a los parados, que están comprados, y apoyarse en los ‘tarados’ de las democracias restringidas. Como hay que echar a los emigrantes y mantener en su sitio a los trabajadores, que la política tiene que estar en manos de los mejores, aunque sean menos, porque son los que saben. ¡Qué idea tan vieja, que ya la propugnara Platón!

 

 

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Con la gran paradoja de un Gobierno, que pone por delante la tragedia que estamos viviendo, y una oposición que la deja de lado, incluso la favorece, para hacerse con el gobierno. Haciéndose con la esencia de la civilización, pero renunciando a valores de esta misma, consolidada con las nuevas conquistas que se habían sumado. No importa el inmovilismo y la recesión porque lo importante es la llave de la caja, que para eso es el poder, y no importa el precio que se pague, que se afrontará  con dinero de todos.

 

Se ha apuntado la falsedad de argumentos neoliberales por la teoría de sacrificar al más débil para justificar las muertes, -Ay, Ayuso, que la lengua te pierde-. De individuos más vulnerables por ser  ancianos y otras patologías “que iban morirse en pocos meses o pocos años”. Entre ellas han fallecido personas con una media de esperanza de vida de 11 años, han señalado en el Reino Unido ante su propio problema. Tiempo el de ahora, en España, en el que Isabel Ayuso ha pasado de ser la voz de un perro faldero llamado Pekas a, gracias al PP y su duro estilo perruno, convertida en icono, para tratar a todos los mayores como perros.

 

(Continuará.)

 

 

 

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