Covid 19. Traidor
![[Img #51281]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/10_2020/3306__mercedesdsc0009-11.jpg)
Me levanto de la cama después de quince días de no poder hacerlo. El covid me atacó por sorpresa. Ni estaba ni se le esperaba pero llegó. Estoy de excursión por la montaña palentina recorriendo el magnífico románico de esta zona y de pronto me encuentro mal, bastante mal, muy mal. Mis amigos me llevan a urgencias de Cervera del Pisuerga y allí, ante el cuadro que mostraba me hacen ‘la prueba’. Al día siguiente me notifican ‘positivo’. No daba crédito, yo positivo, si vivo en el campo, asilada del mundo, bueno, de casi todo el mundo… Pero sí, no era gastroenteritis, ni catarro, ni debilidad por comer poco, ni, ni… era el covid 19 que había invadido mi intimidad por sorpresa.
La sorpresa empezó a caer cuando empezaron a dar positivo, uno a uno, todo el grupo de amigos que se habían reunido en una comida anterior a la que yo no asistí pero si habían estado mis acompañantes de excursión. Estos últimos también resultaron ‘en positivo’. Total, alrededor de quince amigos hemos ido sucumbiendo al virus como un castillo de naipes. Unos internados con la neumonía bilateral, otros internados sin neumonía, otros con oxígeno, otros con pocos síntomas, otros con síntomas fastidiosos pero en casa…, y así. El virus se propagó en nuestro entorno con la rapidez de un reguero de pólvora encendida. ¿Nos habíamos relajado? Seguramente.
A mí el virus me chupó toda la energía necesaria para mantenerme en pie. El hálito vital desapareció de mi cuerpo, como si la vida la hubiera olvidado en alguna esquina y yo no tuviera nada que ver con el mundo. La cabeza abotargada. El gusto y el olfato desaparecieron como por arte de magia. Un estado de letargo que no era doloroso pero sí muy penoso. Mientras yo había ‘perdido la vida’ mi amigo Max me decía que él ‘había perdido la voluntad’, no tenía ganas de hacer nada ni nada le interesaba, sólo estar en la cama, hasta que después de mucho tiempo de confinamiento llegó el día en que, con mucha alegría, encontró de nuevo la voluntad. Y yo creo que hoy empiezo a encontrar algún rasgo de vida.
Esta situación de aislamiento tan difícil que genera este virus me ha llevado a preocuparme por cómo pueden cuidarse las personas que viven solas. Yo hubiera estado quince días sin comer ni beber porque no me he podido mantener en pie, como si mis piernas fueran de trapo y mi cuerpo de plomo. La cama ha sido mi refugio y mi salvación. Pero he tenido, y tengo, la suerte de tener a uno de mis hijos en casa que es quien me cuida estupendamente con caldos, purés y zumos.¿Qué pasa con tantísimas personas mayores y no mayores que viven solas? ¿Cómo se puede gestionar una situación así? No lo sé, no sé si la Administración tiene algo organizado para estos casos, me encantaría pensar que sí, pero no es fácil.
Hoy he encontrado un poco de energía para levantarme de la cama, sentarme un ratito al sol en el jardín y animarme a escribir estas líneas. No sé si mañana estaré mejor o peor porque este puñetero virus va a su bola y cuando parece que estás mejor te lleva de nuevo para atrás, para que no te confíes. Un traidor.
El martes que viene me vuelven a hacer la prueba para ver si ya se ha ido el bicho, pero me dicen que no tenga demasiadas esperanzas optimistas porque casi todos las afectados vuelven a dar positivo en la segunda vuelta. Un volver a empezar. Un circuito que no parece acabar nunca. Veremos.
O témpora o mores
![[Img #51281]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/10_2020/3306__mercedesdsc0009-11.jpg)
Me levanto de la cama después de quince días de no poder hacerlo. El covid me atacó por sorpresa. Ni estaba ni se le esperaba pero llegó. Estoy de excursión por la montaña palentina recorriendo el magnífico románico de esta zona y de pronto me encuentro mal, bastante mal, muy mal. Mis amigos me llevan a urgencias de Cervera del Pisuerga y allí, ante el cuadro que mostraba me hacen ‘la prueba’. Al día siguiente me notifican ‘positivo’. No daba crédito, yo positivo, si vivo en el campo, asilada del mundo, bueno, de casi todo el mundo… Pero sí, no era gastroenteritis, ni catarro, ni debilidad por comer poco, ni, ni… era el covid 19 que había invadido mi intimidad por sorpresa.
La sorpresa empezó a caer cuando empezaron a dar positivo, uno a uno, todo el grupo de amigos que se habían reunido en una comida anterior a la que yo no asistí pero si habían estado mis acompañantes de excursión. Estos últimos también resultaron ‘en positivo’. Total, alrededor de quince amigos hemos ido sucumbiendo al virus como un castillo de naipes. Unos internados con la neumonía bilateral, otros internados sin neumonía, otros con oxígeno, otros con pocos síntomas, otros con síntomas fastidiosos pero en casa…, y así. El virus se propagó en nuestro entorno con la rapidez de un reguero de pólvora encendida. ¿Nos habíamos relajado? Seguramente.
A mí el virus me chupó toda la energía necesaria para mantenerme en pie. El hálito vital desapareció de mi cuerpo, como si la vida la hubiera olvidado en alguna esquina y yo no tuviera nada que ver con el mundo. La cabeza abotargada. El gusto y el olfato desaparecieron como por arte de magia. Un estado de letargo que no era doloroso pero sí muy penoso. Mientras yo había ‘perdido la vida’ mi amigo Max me decía que él ‘había perdido la voluntad’, no tenía ganas de hacer nada ni nada le interesaba, sólo estar en la cama, hasta que después de mucho tiempo de confinamiento llegó el día en que, con mucha alegría, encontró de nuevo la voluntad. Y yo creo que hoy empiezo a encontrar algún rasgo de vida.
Esta situación de aislamiento tan difícil que genera este virus me ha llevado a preocuparme por cómo pueden cuidarse las personas que viven solas. Yo hubiera estado quince días sin comer ni beber porque no me he podido mantener en pie, como si mis piernas fueran de trapo y mi cuerpo de plomo. La cama ha sido mi refugio y mi salvación. Pero he tenido, y tengo, la suerte de tener a uno de mis hijos en casa que es quien me cuida estupendamente con caldos, purés y zumos.¿Qué pasa con tantísimas personas mayores y no mayores que viven solas? ¿Cómo se puede gestionar una situación así? No lo sé, no sé si la Administración tiene algo organizado para estos casos, me encantaría pensar que sí, pero no es fácil.
Hoy he encontrado un poco de energía para levantarme de la cama, sentarme un ratito al sol en el jardín y animarme a escribir estas líneas. No sé si mañana estaré mejor o peor porque este puñetero virus va a su bola y cuando parece que estás mejor te lleva de nuevo para atrás, para que no te confíes. Un traidor.
El martes que viene me vuelven a hacer la prueba para ver si ya se ha ido el bicho, pero me dicen que no tenga demasiadas esperanzas optimistas porque casi todos las afectados vuelven a dar positivo en la segunda vuelta. Un volver a empezar. Un circuito que no parece acabar nunca. Veremos.
O témpora o mores






