Cartas Telénicas /2
![[Img #51450]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/10_2020/3617__dsc0031.jpg)
Querido padre:
Cuando llegue el frío, como visitante avispado a estas tierras maragatas, nos pillará con las mantas fuera del baúl y los abrigos puestos: unos guantes de lana y un buen gorro o sombrero; la pertinaz insistencia en taparse bien la boca para no pillar un catarro, con la bufanda como nuestra fiel compañera.
Este año, padre, ya tendremos la boca bien tapada. El dichoso virus que nos atormenta nos ha dejado comiéndonos nuestro propio aliento, pero en invierno será hasta una ventaja. Ya me veo con la mascarilla, el gorro de lana, las gafas de sol y el cuello del abrigo hasta las orejas. ¿Será que no cogeremos tantos catarros como en años pasados? – Yo cojo pocos, ya lo sabes – Alguna ventaja tendrá la llegada del invierno ante esta pandemia loca y destructiva.
Este año ha ocurrido lo nunca visto y, por ese lado, me alegra que no estés aquí para que no sufrieras con esta catástrofe. Tuviste una bella despedida, te arropó tanta gente… pero ahora, los que se van del mundo de los vivos se van solos, es como si les abandonaran no sólo las fuerzas sino el amor de los suyos. Y no es cierto, pero no hay despedidas, no las hay para demostrar el aprecio por el que se va. Así que hay un dolor más que se suma al dolor.
¿Se nos va la civilización al traste? ¿Habremos hecho deméritos para que la Naturaleza nos devuelva no su vida, sino su furia? ¿Qué estamos haciendo mal? Porque estamos haciendo muchas cosas mal. La avaricia de algunos está por encima de la salud de la Humanidad. Eso sí que es una verdadera calamidad y los que pueden frenar los despropósitos de tantos vertidos venenoso a los océanos, a la atmósfera, a los ríos, a los valles, a las ciudades, etc, etc, no hacen prácticamente nada; a algunos los compran las multinacionales de la avaricia para que callen, cobren y otorguen. Esa es la triste realidad, padre.
Hoy miraré al Teleno con los ojos de niña interrogante.
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Querido padre:
Cuando llegue el frío, como visitante avispado a estas tierras maragatas, nos pillará con las mantas fuera del baúl y los abrigos puestos: unos guantes de lana y un buen gorro o sombrero; la pertinaz insistencia en taparse bien la boca para no pillar un catarro, con la bufanda como nuestra fiel compañera.
Este año, padre, ya tendremos la boca bien tapada. El dichoso virus que nos atormenta nos ha dejado comiéndonos nuestro propio aliento, pero en invierno será hasta una ventaja. Ya me veo con la mascarilla, el gorro de lana, las gafas de sol y el cuello del abrigo hasta las orejas. ¿Será que no cogeremos tantos catarros como en años pasados? – Yo cojo pocos, ya lo sabes – Alguna ventaja tendrá la llegada del invierno ante esta pandemia loca y destructiva.
Este año ha ocurrido lo nunca visto y, por ese lado, me alegra que no estés aquí para que no sufrieras con esta catástrofe. Tuviste una bella despedida, te arropó tanta gente… pero ahora, los que se van del mundo de los vivos se van solos, es como si les abandonaran no sólo las fuerzas sino el amor de los suyos. Y no es cierto, pero no hay despedidas, no las hay para demostrar el aprecio por el que se va. Así que hay un dolor más que se suma al dolor.
¿Se nos va la civilización al traste? ¿Habremos hecho deméritos para que la Naturaleza nos devuelva no su vida, sino su furia? ¿Qué estamos haciendo mal? Porque estamos haciendo muchas cosas mal. La avaricia de algunos está por encima de la salud de la Humanidad. Eso sí que es una verdadera calamidad y los que pueden frenar los despropósitos de tantos vertidos venenoso a los océanos, a la atmósfera, a los ríos, a los valles, a las ciudades, etc, etc, no hacen prácticamente nada; a algunos los compran las multinacionales de la avaricia para que callen, cobren y otorguen. Esa es la triste realidad, padre.
Hoy miraré al Teleno con los ojos de niña interrogante.






