50 años en Rectivía
MERCEDES DE UÑA/
Con motivo de la jubilación, (dejémoslo así) de Don Patricio, párroco durante más de 50 años en Rectivía (Astorga), el día 31 de octubre algunos de sus feligreses a los que informó de su situación, le organizamos un muy pequeño homenaje, él no quiere nada dada su gran humildad, pero se merece lo más grande.
Cuando ya se iba de las manos el secreto que él quiso guardar, mensajes de todo tipo se enviaron a los vecinos de la parroquia, quizá se olvidó alguno o no se le pudo localizar, pero la iglesia se llenó de personas que con la celebración de la eucaristía, vespertina de la fiesta de Todos los Santos, quisieron darle las gracias por su labor grandemente encomiable en Rectivía y que nadie podremos nunca olvidar.
Salió de la sacristía sin sospechar nada y se puso contento de ver cuántas personas iban a rezar a sus Santos. Poco a poco fue cayendo en la cuenta de lo que estaba pasando. Como él mismo dijo, se descolocó un poco y no sabía ni lo que decía, pero sí supo pedirnos perdón, no por sus largos y pesados sermones (qué bien nos hicieron muchos de ellos), sino por no haber quizá llegado a estar a la altura y haber transmitido el mensaje de Jesús a cada uno de nosotros y por ello haber hecho daño. Nos pedía que pidiéramos perdón por él y dijo también, que si alguno encontrábamos motivos para dar las gracias por él, nos ponía una penitencia, rezar un Ave María (¡Dios Santo, no me quedan Ave Marías que rezar para cumplir esta penitencia! es la más gorda que me han puesto nunca).
No puedo decir nada más, muchos salíamos llorando por la pena, de despedir a don Patricio y a su hermana Maruja que con su gran labor callada estuvo siempre ahí para que todo estuviera en orden y todo hecho con mucho cariño.
Porras, estoy llorando y es que no solo es mi párroco y su hermana, me une a ellos, desde mucho antes de morir mi padre, una gran amistad.
Don Patricio, Maruja, os quiero, iros a descansar, que os lo merecéis como nadie, y felicidades por vuestra labor, el Señor os lo pagará con creces.
Rezaré a la Virgen de las Candelas esas muchas Ave Marías que don Patricio me ha puesto de penitencia.
MERCEDES DE UÑA/
Con motivo de la jubilación, (dejémoslo así) de Don Patricio, párroco durante más de 50 años en Rectivía (Astorga), el día 31 de octubre algunos de sus feligreses a los que informó de su situación, le organizamos un muy pequeño homenaje, él no quiere nada dada su gran humildad, pero se merece lo más grande.
![[Img #6064]](upload/img/periodico/img_6064.jpg)
Cuando ya se iba de las manos el secreto que él quiso guardar, mensajes de todo tipo se enviaron a los vecinos de la parroquia, quizá se olvidó alguno o no se le pudo localizar, pero la iglesia se llenó de personas que con la celebración de la eucaristía, vespertina de la fiesta de Todos los Santos, quisieron darle las gracias por su labor grandemente encomiable en Rectivía y que nadie podremos nunca olvidar.
Salió de la sacristía sin sospechar nada y se puso contento de ver cuántas personas iban a rezar a sus Santos. Poco a poco fue cayendo en la cuenta de lo que estaba pasando. Como él mismo dijo, se descolocó un poco y no sabía ni lo que decía, pero sí supo pedirnos perdón, no por sus largos y pesados sermones (qué bien nos hicieron muchos de ellos), sino por no haber quizá llegado a estar a la altura y haber transmitido el mensaje de Jesús a cada uno de nosotros y por ello haber hecho daño. Nos pedía que pidiéramos perdón por él y dijo también, que si alguno encontrábamos motivos para dar las gracias por él, nos ponía una penitencia, rezar un Ave María (¡Dios Santo, no me quedan Ave Marías que rezar para cumplir esta penitencia! es la más gorda que me han puesto nunca).
No puedo decir nada más, muchos salíamos llorando por la pena, de despedir a don Patricio y a su hermana Maruja que con su gran labor callada estuvo siempre ahí para que todo estuviera en orden y todo hecho con mucho cariño.
Porras, estoy llorando y es que no solo es mi párroco y su hermana, me une a ellos, desde mucho antes de morir mi padre, una gran amistad.
Don Patricio, Maruja, os quiero, iros a descansar, que os lo merecéis como nadie, y felicidades por vuestra labor, el Señor os lo pagará con creces.
Rezaré a la Virgen de las Candelas esas muchas Ave Marías que don Patricio me ha puesto de penitencia.




