Ave María
Lunes Santo
![[Img #15255]](upload/img/periodico/img_15255.jpg)
Una Madre sostiene entre sus brazos a su Hijo ya muerto. ¿Cómo cuantificar ese dolor?
La Cofradía de las Damas de la Virgen de la Piedad procesiona a su titular, La Piedad. Una talla de siglo XVI que llevan sobre sus hombros 40 braceras. Acompaña a la bella imagen el Cristo Crucificado de mediados del siglo pasado, con el que el Viernes de Dolores realizaron el Vía Crucis procesional.
Transitan con paso lento y firme, la Banda de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno pone la sinfonía al desfile. Cruces negras y hachones encendidos escoltan los pasos, se intuye juventud bajo las túnicas. Una pendoneta y el nuevo estandarte marcan el paso.
![[Img #15254]](upload/img/periodico/img_15254.jpg)
La Plaza Mayor, la zona monumental de la ciudad, y calles sinuosas y angostas de la Plaza de la Semana Santa, van recibiendo a la Madre de Dios según avanza la noche.
A lo lejos se divisa ya el Santuario. Numeroso público, silencioso y expectante, espera la llegada de las imágenes. Los pasos se colocan 'enfrentados', y desde el silencio surge una hermosa voz que entona el Ave María de Schubert. Lágrimas de emoción bajo los capillos negros.
Lunes Santo
![[Img #15255]](upload/img/periodico/img_15255.jpg)
Una Madre sostiene entre sus brazos a su Hijo ya muerto. ¿Cómo cuantificar ese dolor?
La Cofradía de las Damas de la Virgen de la Piedad procesiona a su titular, La Piedad. Una talla de siglo XVI que llevan sobre sus hombros 40 braceras. Acompaña a la bella imagen el Cristo Crucificado de mediados del siglo pasado, con el que el Viernes de Dolores realizaron el Vía Crucis procesional.
Transitan con paso lento y firme, la Banda de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno pone la sinfonía al desfile. Cruces negras y hachones encendidos escoltan los pasos, se intuye juventud bajo las túnicas. Una pendoneta y el nuevo estandarte marcan el paso.
![[Img #15254]](upload/img/periodico/img_15254.jpg)
La Plaza Mayor, la zona monumental de la ciudad, y calles sinuosas y angostas de la Plaza de la Semana Santa, van recibiendo a la Madre de Dios según avanza la noche.
A lo lejos se divisa ya el Santuario. Numeroso público, silencioso y expectante, espera la llegada de las imágenes. Los pasos se colocan 'enfrentados', y desde el silencio surge una hermosa voz que entona el Ave María de Schubert. Lágrimas de emoción bajo los capillos negros.






