Lunes, 18 de Julio de 2016

La teoría del bigote maligno y la enseñanza de la historia

Por Óscar González

"La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres"

Manuel Azaña

 

 

Quién se dedique a la enseñanza en estos días adversos para la profesión, sabe que ha de recurrir a los más elaborados subterfugios si desea atraer la atención de su alumnado, sobre todo si este es adolescente. Uno que se considera ya experto en la materia ideó hace algún tiempo la llamada “teoría del bigote maligno” para aproximar a su audiencia a la historia de los pronunciamientos y golpes de Estado contemporáneos de nuestro país que, siendo conceptos diferentes, se explican mucho mejor juntos; pero no es esa la finalidad de este artículo.

 

Recurrir a esta frivolidad histórica me permite despertar la curiosidad de mis estudiantes sobre una –seguro la más insignificante–, de las características comunes de prohombres que, en un momento dado, se arrogaron la salvaguardia de la patria por bandera para transformar al Estado español según sus intereses; dicha peculiaridad no es sino el mostacho que todos compartían, más o menos poblado y acompañado o no de patillas o perillas, al son de las modas del momento.

 

[Img #23102]

(De izquierda a derecha y de arriba abajo: Baldomero Espartero, Leopoldo O´Donnell, Francisco Serrano y Domínguez, Juan Bautista Topete, Arsenio Martínez Campos, Miguel Primo de Rivera, Francisco Franco Bahamonde, Antonio Tejero)

 

 

El ejercicio que planteo gira en torno a la foto que ven donde aparecen ocho bigotudos insignes,quienes en alguna ocasión hicieron algo que no debían hacer… Les puedo asegurar que la táctica funciona y chicos y chicas investigan con gran interés quiénes eran estos tipos y sus hazañas…

 

Evidentemente dejarse bigote no otorga un sentimiento incontenible de dominar un país o incluso el mundo –de sobra todos podemos identificar otras malvadas pelambreras labiales cuya sombra ha afectado a diversas partes del Globo– pero la actividad que planteo me permite explicar algo muy a tenor de este 18 de julio en que se cumplen 80 años del golpe de Estado que desembocó en la Guerra Civil española: aquello no fue un hecho aislado, y en España había una larga tradición de golpes militares y conspiraciones contra el orden establecido frente a la que precisamente Manuel Azaña se apresuró a luchar restando poder al ejército, lo que le garantizó la enemistad eterna de un sector del mismo que comenzó a planear la caída de la República desde prácticamente su origen.

 

En los últimos tiempos parece que aquella guerra está más presente que nunca en los medios de comunicación, estantes de librerías e incluso debates políticos, y esto es debido a que el asunto está muy lejos de estar zanjado. No solo por el hecho de que aún más de 100.000 cuerpos de desaparecidos del bando perdedor permanecen en las cunetas del país sin que los diferentes gobiernos aboguen por su búsqueda, sino también porque se ha desarrollado una especie de enfermiza nostalgia y disculpa del franquismo que parece querer instaurar la idea de que no fue una larga y sanguinaria dictadura de unos cuarenta años instaurada en el poder tras un golpe de Estado y una guerra civil, calificados como “glorioso alzamiento y cruzada nacional”. No fue glorioso y ni mucho menos fue nacional…

 

No es mi labor ni es este el espacio donde exponer las causas de esta guerra, la bibliografía y los expertos en el tema son abundantes, sino que pretendo llamar la atención modestamente sobre la necesidad de explicarlo muy bien a nuestros jóvenes. Las leyes educativas observan su enseñanza en los años de instituto, pero aún es frecuente escuchar que quedan lugares en donde no se habla de este tema y uno no deja de sorprenderse cuando empieza a abordarlo y escucha a gente joven farfullar aquello de “con Franco no había paro”, por ejemplo. Es muy necesariotratarlo sin tapujos, sin tópicos y con rigor historiográfico, tal vez así algún día dejemos de ver banderas que no queremos ver pululando por nuestras calles (en ocasiones en manos de gente muy joven) y podamos llevar a cada muerto a la sepultura que le espera. No es una cuestión ideológica; estamos en una democracia y cada cual puede pensar cómo quiera, pero no defender dictaduras aunque sean nuestras; especialmente si lo son.

 

En cuanto al ejercicio de “los bigotes”, si he sido un buen profesor habré despertado su curiosidad así que… sea un buen estudiante e investigue sobre esos personajes, lo disfrutará.

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