Una red que se teje en el fluir de la palabra
Conversaciones y acrobacias con 'Trébol'
Como una acrobacia sin red, “porque todo está abierto, sin ningún tipo de pacto” se plantean las conversaciones entre Tomás Néstor y los sucesivos ‘interlocutores rurales’ que serán invitados a lo largo de este otoño, por la Concejalía de Cultura de Villarejo de Órbigo, en el auditorio de Veguellina.
![[Img #24612]](upload/img/periodico/img_24612.jpg)
Este sábado era el caso de Miguel Pérez García, de todos conocido como ’Trébol’, un titerista de lujo, vecino del barrio de arriba, “que posee la mayor colección de proyectores de cine del Noroeste de España”.
Tomás Néstor dirigía la interlocución y estuvo fino y punzante en la sonsaca.
-¿Yo no sabía que tenías una compañía de cine que se llamara ‘Trébol Films’? A lo que Trébol pareció ejecutar un volatín semimortal, como si quisiera zafarse de la pregunta, -es siempre así, sabe a dónde va, pero el rodeo puede ser tan prolongado que pareciera hablar de otra cosa-.
-Pero, ¿me vas a hablar de la empresa ‘Trébol Films’ o de otra historia?, le interrumpió por las bravas Tomás Néstor.
-Sí, sí, le dijo Trébol, y siguió con la torsión de su pirueta de feria, contando sus inicios en el manejo de un proyector de carbones. Los asistentes al diálogo bajo la carpa del circo: perplejos.
-Total -continuó Trébol,-"que arranco el proyector de mi primera película en solitario, toco el timbre como siempre las tres veces, damos el NODO, los dos trailers y a continuación en los créditos de la película veo que pone "‘CC Trébol Films’ Madrid, presenta". -Digo: ¡Anda no sabía que yo tuviera una distribuidora de cine!
En este momento se escucha el resuello contenido de los asistentes, nerviosos por la osadía del salto en el vacío que como milagro apresa la mano de su asistente que ha aparecido en columpio de anillas, como un ángel, y se lo lleva con él, en vaivén al otro lado de la pista.
![[Img #24611]](upload/img/periodico/img_24611.jpg)
Humor ácido de una parte y facundia de la otra, alguna vez Tomás Néstor hubo de cortar la digresión como de sesión continua, como de cine sin fin en el encadenado de anécdotas.
Acusó el entrevistador a Trébol de estar contra los tiempos que corren por su afán filantrópico, pues la adquisición de los proyectores coleccionados viene corriendo de su peculio. -"¿Para qué este desprendimiento ? ¿Qué pretendes?"
Tampoco se cortó de llamarlo “soltero amancebado con la cinematografía, que ha cambiado los hijos por los ‘Pathe Baby’", de los que confesó tener media docena. Aquí una nueva cabriola de Trébol en la que contó sus habilidades en el acoplamiento de generadores en la fábrica remolachera.
Hubo que volver al funámbulo a su alambre y allí aquietado, Tomás inquirió por su biografía, por sus maestros, por Adolfo García Fines, el operador de cine de 'el Gordón' de Veguellina, iniciador de Trébol cuando tan solo tenía 14 años en las técnicas de la proyección, del empalmado de la película, del raspado y pegado con acetona.
Trébol cuenta estas operaciones con mucho lujo de detalles, pero como si nosotros viviésemos en su imaginación, no sabe que nos faltan muchos de sus referentes espaciales y visuales, y que no acabamos de entender cómo se hace para pasar de un rollo a otro de película sin que se notara. Puede que este sea el sentido último de su afán, de su colección.
Pero la pirueta más disparatada que ejecutó el volatinero fue cuando recordó la peripecia de la proyección de ‘Ben-Hur’ en 'el Imperial' de Benavides; seis kilómetros de película y se les partió el eje que sujetaba la bobina y tuvieron que mantenerlo a pulso durante toda la proyección.
![[Img #24613]](upload/img/periodico/img_24613.jpg)
Tomás Néstor, siempre tan atento y sensible a los paralelismos históricos o míticos, trajo entonces a colación los personajes de ‘Cinema Paraíso’, Totó y Alfredo “que reproduce a la perfección la anécdota del Imperial con la película de ‘Ben-Hur’”.
-"¿A ti te gustaría de verdad ser algún día Totó?"
-"Ya lo he sido", le dijo Trébol.
-"¿Y volver a ser Totó grande?", insistía Tomás Néstor.
La respuesta fue la acrobacia mortal de la sesión, el sinceramiento que nos dejaba atónitos y satisfechos de esta conversación sin red.
-"Ya lo somos también, me parece a mí", terminó diciendo Trébol.
También brindaron con un vino berciano por todos los presentes, y tras ese brindis hubo compostura, tejido, red; y el deseo expreso de que todo lo conseguido y su valor pudiera convertirse en un 'Museo de Cine', en Veguellina o donde hubiese lugar.
![[Img #24612]](upload/img/periodico/img_24612.jpg)
Este sábado era el caso de Miguel Pérez García, de todos conocido como ’Trébol’, un titerista de lujo, vecino del barrio de arriba, “que posee la mayor colección de proyectores de cine del Noroeste de España”.
Tomás Néstor dirigía la interlocución y estuvo fino y punzante en la sonsaca.
-¿Yo no sabía que tenías una compañía de cine que se llamara ‘Trébol Films’? A lo que Trébol pareció ejecutar un volatín semimortal, como si quisiera zafarse de la pregunta, -es siempre así, sabe a dónde va, pero el rodeo puede ser tan prolongado que pareciera hablar de otra cosa-.
-Pero, ¿me vas a hablar de la empresa ‘Trébol Films’ o de otra historia?, le interrumpió por las bravas Tomás Néstor.
-Sí, sí, le dijo Trébol, y siguió con la torsión de su pirueta de feria, contando sus inicios en el manejo de un proyector de carbones. Los asistentes al diálogo bajo la carpa del circo: perplejos.
-Total -continuó Trébol,-"que arranco el proyector de mi primera película en solitario, toco el timbre como siempre las tres veces, damos el NODO, los dos trailers y a continuación en los créditos de la película veo que pone "‘CC Trébol Films’ Madrid, presenta". -Digo: ¡Anda no sabía que yo tuviera una distribuidora de cine!
En este momento se escucha el resuello contenido de los asistentes, nerviosos por la osadía del salto en el vacío que como milagro apresa la mano de su asistente que ha aparecido en columpio de anillas, como un ángel, y se lo lleva con él, en vaivén al otro lado de la pista.
![[Img #24611]](upload/img/periodico/img_24611.jpg)
Humor ácido de una parte y facundia de la otra, alguna vez Tomás Néstor hubo de cortar la digresión como de sesión continua, como de cine sin fin en el encadenado de anécdotas.
Acusó el entrevistador a Trébol de estar contra los tiempos que corren por su afán filantrópico, pues la adquisición de los proyectores coleccionados viene corriendo de su peculio. -"¿Para qué este desprendimiento ? ¿Qué pretendes?"
Tampoco se cortó de llamarlo “soltero amancebado con la cinematografía, que ha cambiado los hijos por los ‘Pathe Baby’", de los que confesó tener media docena. Aquí una nueva cabriola de Trébol en la que contó sus habilidades en el acoplamiento de generadores en la fábrica remolachera.
Hubo que volver al funámbulo a su alambre y allí aquietado, Tomás inquirió por su biografía, por sus maestros, por Adolfo García Fines, el operador de cine de 'el Gordón' de Veguellina, iniciador de Trébol cuando tan solo tenía 14 años en las técnicas de la proyección, del empalmado de la película, del raspado y pegado con acetona.
Trébol cuenta estas operaciones con mucho lujo de detalles, pero como si nosotros viviésemos en su imaginación, no sabe que nos faltan muchos de sus referentes espaciales y visuales, y que no acabamos de entender cómo se hace para pasar de un rollo a otro de película sin que se notara. Puede que este sea el sentido último de su afán, de su colección.
Pero la pirueta más disparatada que ejecutó el volatinero fue cuando recordó la peripecia de la proyección de ‘Ben-Hur’ en 'el Imperial' de Benavides; seis kilómetros de película y se les partió el eje que sujetaba la bobina y tuvieron que mantenerlo a pulso durante toda la proyección.
![[Img #24613]](upload/img/periodico/img_24613.jpg)
Tomás Néstor, siempre tan atento y sensible a los paralelismos históricos o míticos, trajo entonces a colación los personajes de ‘Cinema Paraíso’, Totó y Alfredo “que reproduce a la perfección la anécdota del Imperial con la película de ‘Ben-Hur’”.
-"¿A ti te gustaría de verdad ser algún día Totó?"
-"Ya lo he sido", le dijo Trébol.
-"¿Y volver a ser Totó grande?", insistía Tomás Néstor.
La respuesta fue la acrobacia mortal de la sesión, el sinceramiento que nos dejaba atónitos y satisfechos de esta conversación sin red.
-"Ya lo somos también, me parece a mí", terminó diciendo Trébol.
También brindaron con un vino berciano por todos los presentes, y tras ese brindis hubo compostura, tejido, red; y el deseo expreso de que todo lo conseguido y su valor pudiera convertirse en un 'Museo de Cine', en Veguellina o donde hubiese lugar.






