Lidia Latiseva LLK
Miércoles, 12 de Octubre de 2016

El cuadro roto

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Si pudiéramos cronometrar los tiempos de cada vivencia de nuestra vida y sumarlos, nos sorprendería ver que por más larga y azarosa que haya sido esta vida los acontecimientos significativos de ella ocupan solo unos pocos días.

 

El dicho de que hay que vivir que son dos días no parece haber nacido de esta reflexión, pues me parece demasiado simple para la experiencia.

 

El dicho me parece más bien que puede relacionarse con la totalidad de nuestra vida. Qué pena que la vida siga siendo solo una y que apenas llegue para esbozar nuestras ya de por sí  modestas posibilidades. De ahí nuestro continuo afán de expansionar nuestra vida. La estamos viviendo a través de otras personas por medio de la religión, del arte, de los viajes, drogas o de la violencia.

 

 Vivimos nuestra vida por etapas y no como una totalidad. La vivimos por edades, por ocupaciones o preocupaciones.

 

En una de estas etapas de búsqueda llegué a conocer la idea de ‘noosfera’, un concepto visionario de un espacio donde se une la espiritualidad, el pensamiento, la creatividad de todos los seres humanos; un lugar de genios, místicos, mártires y poetas y donde todo el lenguaje y la armonía de las esferas está a su disposición. La noosfera es un espacio mágico, fascinante. La idea de noosfera la conocí a través de unos filósofos rusos del siglo XIX, Vernadsky y Florensky, no marxistas, por supuesto, pero al parecer también Teilhard de Chardín hizo sus pinitos en el concepto. Dicen que todos estos filósofos han de haber sido drogados para ser tan visionarios. Todo es posible porque las setas de imaginar abundan también en Siberia, que es famosa además de por su taiga, por sus chamanes.

 

Pero yo me contenté tan solo con el concepto de noosfera y empecé a creer que tal lugar se puede imaginar, una vez me acerqué por allí llevando de la mano a un amigo, como en el cuadro de Marc Chagal, ‘Paseo’, una pintura ya de por sí hipnótica. Nos parecía que por allí flotaban como neblina unos poemas inacabados de Osip Mandelshtam que ocupaban ese espacio como lo hacen los sueños. Mi compañero de paseo pronto soltó mi mano rompiendo el cuadro por la mitad y pasando a la noosfera tecnológica, disfrutando de su nuevo móvil inteligente, de las bondades de 'whats app', y llevando consigo a otro sitio la estela del aroma ‘Secret’ de Antonio Banderas. Me quedé sola, suspendida en el aire, encima de Vladivostok, la ciudad donde se ha consumado el último martirio de Osip.

 

Qué difícil es inducir a alguien para que comparta tu vivencia, pensé yo algo decepcionada.

Pero ahora ya sabemos que todo hay que gestionarlo: las emociones, los pensamientos, los presupuestos, los tiempos, los alimentos, y para todo esto existen múltiples terapias, dietas, ejercicios, gurús y maestros. Y no es que haya más gente desquiciada ahora que antes, no; solo hay más terapias. Yo no soy de terapias, no, porque me gestiono bien mis estados de ánimo, solo gestiono mal mi economía y no me cubre el gasto de las terapias. Además yo no noto la diferencia entre la ‘gente de terapias’ y la ‘gente de la calle’. Solo que los primeros te machacan con consejos para todas las cosas con vocabulario que no es el de la calle.

 

A razón de todo lo dicho, empleo métodos caseros para gestionar mis emociones y me aferro a una actitud positiva. ¿Decepción? ¡Qué bobada! ¡A gestionarla!

 

Hoy ya sabemos que las responsables de nuestro bienestar son unas sustancias  que nuestro cerebro segrega: la dopamina y las endorfinas. Esta secreción es estimulada por alimentos ricos en calorías (ñam, ñan, ñan) pero también el baile, los baños de sol, el ejercicio físico, el amor, las relaciones con gente positiva que nos haga crecer.

El primer paso me llevó al monasterio de Santa Clara de Astorga donde una joven negra, de Kenia en ‘profesión solemne’ va a convertirse  de Teresía Wanyiru Chiuri en Sor Teresita de los Sagrados Corazones, prometiendo en un castellano con peculiar acento, vivir en la pobreza, castidad y obediencia. Todos los presentes en la ceremonia, que llenaron la iglesia estaban prendidos y prendados de sus pantallas táctiles, viviendo al margen del misterio y la trascendencia. La tecnología nos hace perder nuestra interioridad, nos homogeniza , fomentando unas mentalidades estandarizadas e intercambiables. A la nueva profesa le acompañaban unos familiares venidos de Kenia y otros que ya vivían en España, sacerdotes y monjas. La ceremonia se amenizo con música africana grabada y música maragata en directo, con la flauta y el tamboril del ínclito Antonio Martínez.

 

Para mí de esta ceremonia me llevé una oración de los fieles:

Por todos los que sufran

sin esperanza.

Por los que buscan

sin tener fe.

Por los que aman a Dios

sin saberlo.

Rogamos al Señor.

 

Y para recibir el último toque de gracia me fui al Pub ‘La cuadra’, en Carneros. Allí unos amigos celebraban el primer aniversario de la apertura de la editorial Marciano Sonoro Ediciones. Esta joven editorial se dedica a editar libros de poesía y CD`s musicales. Ya van por su tercer poemario y tienen en capilla dos CD`s nuevos.

Allí entre poetas que recitaban sus poemas y conjuntos de música que los acompañaban, me sentí plenamente recompensada.

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