Astorga a vista de Facebook
![[Img #24989]](upload/img/periodico/img_24989.jpg)
Contemplar la realidad de Astorga a tiro de Facebook, supone verla de manera desrealizada. Aquí no funciona ese diálogo de perspectivas que nos llevaría al ‘socialismo lógico’ de K. O. Apel, produciendo transparencia cognoscitiva. No hace falta más que asomarse a algunos muros del facebook de nuestros convecinos para entender lo que digo.
Algunos, muy populosos, dan una imagen irreal, amabilísima de Astorga; no enuncian absolutamente nada, una emoción sin fin que conduce al fin de la emoción.
Hay otros 'muretes' que tampoco son nada, son un sin ser, un dibujo a la contra y por tanto una desrealización de la cosa que abominan; son abominables. Entrar en ellos es como ir a un abismo, a un baluarte defensivo como el descrito por Buzzati en ‘El desierto de los Tártaros’, consumir la vida entera en espera de una respuesta que solo llegará cuando llegue la muerte, sin esos tus ojos, vida mía.
Otros ‘murillos’ aún son más dañinos, por pertenecer a personajes vinculados al ‘poder municipal’; se entretienen en señalar al enemigo, atribuyéndole intenciones que indefectiblemente terminarían en pintadas y en desperfectos en la alta madrugada de los sábados. Sucede como en la famosa ‘Historia del martillo’, se confunde lo imaginado con lo real y se interpela al enemigo por lo que se fabula en ese desequilibrio: “¡Quédese usted con su martillo, so penco!”.
Si bien desde el punto de vista técnico ya sería posible la ‘autotransparencia’ social, ésta se revela actualmente como ideal de dominio y no de emancipación, orientándose a lo que Vattimo denominaba la ‘fabulación del mundo’.
Fabula tras fábula, facebook tras facebook. El portalito oscuro y transparentado o transparido del Ayuntamiento llegará a ser, si llega, cuando vaya agotándose la legislatura, casa tomada por el comején del exceso de las interpretaciones vertiginosas; si no, al tiempo. Datos, datos es lo que se querría saber, datos de las facturas, de los pagos, de los patrimonios de los concejales, de los ingresos de los mismos. En fin, a “seguir soñando sabiendo que soñamos”.
No faltan quienes en estas redes sociales han hallado el muro para escupir sus lindezas, y como en los gobiernos totalitarios salen cámara en mano a captar ese paso en falso de su convecino, haciéndolo público luego, bajo un falso perfil. Se pretende desprestigiar además de al individuo, al colectivo al que pertenezca (esto viene ya con 'denominación de origen', unas veces de racismo, otras de xenofobia y las más de cobarde maledicencia). Son también éstas, junto con la opacidad informativa, formas de control que caracterizan a una sociedad cerrada.
Apenas unos días, esto ha sucedido en Astorga.
![[Img #24989]](upload/img/periodico/img_24989.jpg)
Contemplar la realidad de Astorga a tiro de Facebook, supone verla de manera desrealizada. Aquí no funciona ese diálogo de perspectivas que nos llevaría al ‘socialismo lógico’ de K. O. Apel, produciendo transparencia cognoscitiva. No hace falta más que asomarse a algunos muros del facebook de nuestros convecinos para entender lo que digo.
Algunos, muy populosos, dan una imagen irreal, amabilísima de Astorga; no enuncian absolutamente nada, una emoción sin fin que conduce al fin de la emoción.
Hay otros 'muretes' que tampoco son nada, son un sin ser, un dibujo a la contra y por tanto una desrealización de la cosa que abominan; son abominables. Entrar en ellos es como ir a un abismo, a un baluarte defensivo como el descrito por Buzzati en ‘El desierto de los Tártaros’, consumir la vida entera en espera de una respuesta que solo llegará cuando llegue la muerte, sin esos tus ojos, vida mía.
Otros ‘murillos’ aún son más dañinos, por pertenecer a personajes vinculados al ‘poder municipal’; se entretienen en señalar al enemigo, atribuyéndole intenciones que indefectiblemente terminarían en pintadas y en desperfectos en la alta madrugada de los sábados. Sucede como en la famosa ‘Historia del martillo’, se confunde lo imaginado con lo real y se interpela al enemigo por lo que se fabula en ese desequilibrio: “¡Quédese usted con su martillo, so penco!”.
Si bien desde el punto de vista técnico ya sería posible la ‘autotransparencia’ social, ésta se revela actualmente como ideal de dominio y no de emancipación, orientándose a lo que Vattimo denominaba la ‘fabulación del mundo’.
Fabula tras fábula, facebook tras facebook. El portalito oscuro y transparentado o transparido del Ayuntamiento llegará a ser, si llega, cuando vaya agotándose la legislatura, casa tomada por el comején del exceso de las interpretaciones vertiginosas; si no, al tiempo. Datos, datos es lo que se querría saber, datos de las facturas, de los pagos, de los patrimonios de los concejales, de los ingresos de los mismos. En fin, a “seguir soñando sabiendo que soñamos”.
No faltan quienes en estas redes sociales han hallado el muro para escupir sus lindezas, y como en los gobiernos totalitarios salen cámara en mano a captar ese paso en falso de su convecino, haciéndolo público luego, bajo un falso perfil. Se pretende desprestigiar además de al individuo, al colectivo al que pertenezca (esto viene ya con 'denominación de origen', unas veces de racismo, otras de xenofobia y las más de cobarde maledicencia). Son también éstas, junto con la opacidad informativa, formas de control que caracterizan a una sociedad cerrada.
Apenas unos días, esto ha sucedido en Astorga.






