A vueltas con la pela
![[Img #24996]](upload/img/periodico/img_24996.jpg)
Los catalanes siempre han sido así: muy suyos. Con toda esta algarabía que están montando (y que por cierto nos tiene tan cansados), no creo que les mueva tanto el sentido de la independencia en sí misma como el obstinada inclinación a la pela (dinerito). “La pela es la pela” es uno de sus postulados más queridos.
Andan ahí sopesando si ellos aportan más dinero que los demás a la comunidad nacional, y rabiando porque han llegado a la conclusión de que efectivamente son ellos los que aportan más que nadie. Eso para un catalán es lo peor. Pensar que tiene que soltar dinero es ya una importante contrariedad, pero si además no ve ni controla la inversión ni ve beneficio directo y personal eso ya es puro fastidio.
Esta rabieta ‘dineril’ ya la han tenido a lo largo de su historia y no les salió muy bien, pero parece que no se acuerdan.
En 1640 les pasó algo parecido. Eran tiempos de nuestro rey Felipe IV, tiempos en que ya no llegaba tanta plata de las Américas, y las guerras en Europa había vaciado bastante las arcas nacionales. Al Conde Duque de Olivares, que era quien mandaba, se le ocurrió que había que recaudar más dinero y aportar más hombres a las guerras. Ahí empezó el problema con los catalanes. No querían soltar ‘la pela’ ni tampoco ir a batallar fuera de sus fronteras. Vamos que querían quedarse en casa con su ‘buchaca’ llena (bolsillo).
Y como a los catalanes les ha gustado siempre mirar más hacia arriba que hacia abajo, (en el sentido geográfico me refiero, porque en el práctico tienen más bien inclinación a mirar hacia abajo, hacia la cosecha, que no hacia las nubes), pues decidieron hacer un noble corte de manga, o una orgullosa peineta a lo Bárcenas, a Felipe IV y pasarse al bando enemigo, es decir a los franceses. Se arroparon bajo el manto del rey francés al que le pidieron acogimiento y protección. Así Luis XIII, con su flamante Cardenal Richelieu, tomaron posesión de La República independiente recién constituida. Y Luis XIII se autonombró conde de Barcelona. Administración, economía, comercio… todo pasó al control de los franceses. De tal manera que por no pagar impuestos en España para mantener la lucha contra los franceses resultó que los franceses les hicieron pagar más impuestos que aquellos de los que habían huido para sufragar su guerra contra los españoles. En su arrebato no habían contado con que los franceses también miraban por ‘la pela’ y el cambio no les iba a salir beneficioso.
Y después de doce años de experimento independentista decidieron volver a casa. Se convencieron que no era tan malo, después de todo, pertenecer a esta España nuestra. ¡Donde mejor que en casa! debieron de pensar. Dijeron adiós a los sagaces franceses, no sin antes tener que regalarles como cortesía y agradecimiento por la buena acogida el condado del Rosellón y parte de la Cerdaña. Territorios que perdimos todos los españoles por mor de esa impenitente rabieta de los catalanes de no querer soltar ‘la pela’ a su debido tiempo.
Bueno, pues ahora les veo por el mismo camino. Erre que erre con que se quieren ir, con que no quieren soltar pela y… ya veremos, si acaban yéndose, cuánto tiempo les va a durar el berrinche. Mientras tanto todos sufrimos su pataleta.
O tempora, O mores
![[Img #24996]](upload/img/periodico/img_24996.jpg)
Los catalanes siempre han sido así: muy suyos. Con toda esta algarabía que están montando (y que por cierto nos tiene tan cansados), no creo que les mueva tanto el sentido de la independencia en sí misma como el obstinada inclinación a la pela (dinerito). “La pela es la pela” es uno de sus postulados más queridos.
Andan ahí sopesando si ellos aportan más dinero que los demás a la comunidad nacional, y rabiando porque han llegado a la conclusión de que efectivamente son ellos los que aportan más que nadie. Eso para un catalán es lo peor. Pensar que tiene que soltar dinero es ya una importante contrariedad, pero si además no ve ni controla la inversión ni ve beneficio directo y personal eso ya es puro fastidio.
Esta rabieta ‘dineril’ ya la han tenido a lo largo de su historia y no les salió muy bien, pero parece que no se acuerdan.
En 1640 les pasó algo parecido. Eran tiempos de nuestro rey Felipe IV, tiempos en que ya no llegaba tanta plata de las Américas, y las guerras en Europa había vaciado bastante las arcas nacionales. Al Conde Duque de Olivares, que era quien mandaba, se le ocurrió que había que recaudar más dinero y aportar más hombres a las guerras. Ahí empezó el problema con los catalanes. No querían soltar ‘la pela’ ni tampoco ir a batallar fuera de sus fronteras. Vamos que querían quedarse en casa con su ‘buchaca’ llena (bolsillo).
Y como a los catalanes les ha gustado siempre mirar más hacia arriba que hacia abajo, (en el sentido geográfico me refiero, porque en el práctico tienen más bien inclinación a mirar hacia abajo, hacia la cosecha, que no hacia las nubes), pues decidieron hacer un noble corte de manga, o una orgullosa peineta a lo Bárcenas, a Felipe IV y pasarse al bando enemigo, es decir a los franceses. Se arroparon bajo el manto del rey francés al que le pidieron acogimiento y protección. Así Luis XIII, con su flamante Cardenal Richelieu, tomaron posesión de La República independiente recién constituida. Y Luis XIII se autonombró conde de Barcelona. Administración, economía, comercio… todo pasó al control de los franceses. De tal manera que por no pagar impuestos en España para mantener la lucha contra los franceses resultó que los franceses les hicieron pagar más impuestos que aquellos de los que habían huido para sufragar su guerra contra los españoles. En su arrebato no habían contado con que los franceses también miraban por ‘la pela’ y el cambio no les iba a salir beneficioso.
Y después de doce años de experimento independentista decidieron volver a casa. Se convencieron que no era tan malo, después de todo, pertenecer a esta España nuestra. ¡Donde mejor que en casa! debieron de pensar. Dijeron adiós a los sagaces franceses, no sin antes tener que regalarles como cortesía y agradecimiento por la buena acogida el condado del Rosellón y parte de la Cerdaña. Territorios que perdimos todos los españoles por mor de esa impenitente rabieta de los catalanes de no querer soltar ‘la pela’ a su debido tiempo.
Bueno, pues ahora les veo por el mismo camino. Erre que erre con que se quieren ir, con que no quieren soltar pela y… ya veremos, si acaban yéndose, cuánto tiempo les va a durar el berrinche. Mientras tanto todos sufrimos su pataleta.
O tempora, O mores






