Mercedes Unzeta Gullón
Jueves, 10 de Noviembre de 2016

La cobra

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Increíble. El telediario de hace unos días abre con tres impresionantes y largamente comentados titulares: la contaminación en Madrid y los posibles protocolos para abordarla, y donde pueden o no pueden aparcar los madrileños (algo propio de la televisión local, no nacional, porque imagino que no interesa demasiado a los habitantes del resto de la nación); algo de todos los días, sobre lo que dice o no dice Rajoy; y, finalmente, avanzan la noticia de un acontecimiento de gran trascendencia para nuestras vidas, porque según nos ilustra la presentadora/periodista, es lo más comentado en los medios y redes del mundo nacional el hecho de que Bisbal ha hecho la cobra a Chenoa en la cacareada gala del fin de semana.

 

No daba crédito. A  la envergadura que le dieron en la presentación de titulares siguieron los desarrollos más extensos. Más de diez minutos dedicaron, más tarde, a dar vueltas a la cuestión de si le hizo o no le hizo la cobra Bisbal a Chenoa. Pasaron infinidad de veces el momento cumbre del debate en cuestión  haciendo hincapié en la polémica si es/no es cobra la retirada de cara a tiempo del cantante cuando parece que ella le iba a dar un beso. Atónita. Escuchaba y miraba atónita. No podía creer que estuviera viendo un telediario nacional de una televisión pública. Pero, además, desde entonces, durante varios días nos sacan el tema en las noticias, pasan sin cesar las imágenes y persiguen opiniones al respecto… Ohh. ¡Qué falta de respeto a los oyentes, videntes y contribuyentes! Estupor. Los realitys  invaden  los ya reducidos espacios para las informaciones serias! Ahora, ya, todo es reality y, lo peor, es que la mayoría de la gente parece que está encantada.

 

Me da vergüenza ajena ver a una periodista fajada, de las de toda la vida, sometiéndose a tanta sandez. Y me produce un enorme coraje el que me tomen por lerda. Noticias de ese calibre en un espacio cuya finalidad es hacer saber cosas de importancia y trascendencia me parece una inmensa tomadura de pelo, un descomunal desprecio por la audiencia, una grandiosa ofensa al sentido de la información y un gigantesco desprecio por su importancia.

 

Cuando yo estudié, uno de los primeros y principales preceptos del periodismo que nos enseñaron era: el valorar las noticias. Fundamental para llegar a ser un buen periodista el desarrollar un espíritu crítico para dar prioridad a lo que la tiene y desechar los rellenos, la paja, lo no importante. Bien, he de reconocer que de aquellas ha pasado ya un tiempo, no me atrevo a contabilizarlo, pero si un tiempo largo. Ya sabemos que los tiempos cambian y nos cambian, y que no es un tópico, pero… hemos dado una vuelta tan grande que estamos en las antípodas… ufff, vamos como los cangrejos, pero a marchas forzadas.

 

Este cambio ¿es premeditado o es simplemente un extraño deterioro de la naturaleza periodística?

 

Creo que lo uno va directamente relacionado con lo otro. Evidentemente los gerentes de los medios de comunicación ya no son del ramo, se han convertido en gerentes de empresas de marketing. Venden todo tipo de mercancías, desde condones, mentiras, personas, política… Y ante el poder del comercio/dinero estamos hartos de ver que ¡todo vale! Y lo perverso de la cuestión es que la mente de la tropa se acostumbra a degustar, y le acaba gustando, lo que le dan de comer cada día.

 

La estrategia final, evidentemente, es que triunfe la mediocridad. Como es sabido el mediocre no quiere que nadie le sobresalga, que nadie le haga sombra, por lo que su pretensión es llegar a que los demás sean más insignificantes que él. ¡Enhorabuena! Van camino de conseguirlo. ¡El mundo mundial será de los mediocres!

 

Sinceramente he pasado de la alarma al desconsuelo. No veo luz.

 

O témpora, o mores.

 

 

 

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