La voluntad periodística de la Alcaldía de Astorga
![[Img #25591]](upload/img/periodico/img_25591.jpg)
La cara amable no siempre es el espejo del alma, ni la displicente. Desde siempre han existido los falsarios, ‘les faux-monnayeurs’, los faranduleros. La mala fe abunda en gestos amistosos; la puñalada trapera te desarma pues venía avisada de un abrazo de amigo.
Nada es más material, más físico, más corporal que el ejercicio del poder. Se puede afirmar que el poder produce sobre quien lo detenta una metamorfosis psíquica que atraviesa lo corporal. El enamoramiento revoluciona la secreción de endorfinas hasta el paroxismo perceptivo, hace aflorar la belleza en los breves detalles hasta el punto inadvertidos. El ‘uso del poder’ provoca cambios somáticos: acelera el pulso, contrae los vasos sanguíneos, incrementa el azúcar en sangre, eleva el ritmo respiratorio, libera adrenalina, agranda las pupilas, eriza el vello, también el del pubis, produce sudoración; te vuelve arrogante, rapaz. Inviste de autoridad los discursos insulsos, fatuos y superficiales. El poder proporciona seguridad a los actos más descabales.
La impudicia del equipo de gobierno de Astorga es ya larga y cansina de enumerar, es la consecuencia del investimento del poder en un cuerpo poco experimentado; ese impudor no conoce límites, la desnudez salta a la vista.
Lejos de estorbar el conocimiento de la realidad estos ediles pretenden generarlo, ser una red productiva de verdad que atraviese todo el cuerpo social, antes que ejercer una función represora.
Quieren facilitar las cosas, transmitir bien claras las ideas, bien masticadas y digeridas, sin ambigüedades ni ruidos (al modo de ‘argumentarios’ y consignas) y qué mejor que acudir para toda obra y maniobra a los de su total confianza. Para cualquiera de sus proyectos, sean de comunicación o de eficiencia energética o de cualquier tipo, qué mejor que los amigos. (Nunca te defraudan y estarán a la altura presupuestaria. Sin complejos.)
Qué mejor entonces para bien comunicar a los ciudadanos que un vocero propio, un ‘vocerío de Astorga’. Qué mejor que un Diario. Qué mejor entonces que privilegiar la información, adelantándosela, siempre que sea jugosa, a ese Diario.
La página de transparencia se encorajina de humo, los problemas tecnológicos se vuelven insolubles, se ‘alongan’ ‘ad calendas graecas’. El azul tiene un cáncer por la usura, por ese supremo grado de oscurantismo que añade el intento de controlar lo que se informa: ¡Qué no entren periodistas!, podría decir el edil astorgano. Perdón; ¡con luz y taquígrafos!, pero de los nuestros. (Es lo que se oye, pues pudiera haber micrófonos abiertos.)
Esto ha sucedido con una información de calado, a propósito de la reunión de los alcaldes de las comarcas de La Cepeda y Maragatería para tratar la deficiente atención sanitaria de sus poblaciones. No ha habido periodistas, por decisión del alcalde astorgano. La información la elabora el gabinete de prensa de la Alcaldía, la información se adelanta al ‘diario de la casa’ para que salga con ventaja y le susurre otro canto más de sirena al Señor Alcalde. Otro tic de quien ocupa el poder es no poder reconocer la adulación.
¿Cuál es la desnudez -con el frío que está haciendo-, que aqueja a nuestro alcalde?
¿Cuáles cadáveres van llegando a complacer su banquete usurario?
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La cara amable no siempre es el espejo del alma, ni la displicente. Desde siempre han existido los falsarios, ‘les faux-monnayeurs’, los faranduleros. La mala fe abunda en gestos amistosos; la puñalada trapera te desarma pues venía avisada de un abrazo de amigo.
Nada es más material, más físico, más corporal que el ejercicio del poder. Se puede afirmar que el poder produce sobre quien lo detenta una metamorfosis psíquica que atraviesa lo corporal. El enamoramiento revoluciona la secreción de endorfinas hasta el paroxismo perceptivo, hace aflorar la belleza en los breves detalles hasta el punto inadvertidos. El ‘uso del poder’ provoca cambios somáticos: acelera el pulso, contrae los vasos sanguíneos, incrementa el azúcar en sangre, eleva el ritmo respiratorio, libera adrenalina, agranda las pupilas, eriza el vello, también el del pubis, produce sudoración; te vuelve arrogante, rapaz. Inviste de autoridad los discursos insulsos, fatuos y superficiales. El poder proporciona seguridad a los actos más descabales.
La impudicia del equipo de gobierno de Astorga es ya larga y cansina de enumerar, es la consecuencia del investimento del poder en un cuerpo poco experimentado; ese impudor no conoce límites, la desnudez salta a la vista.
Lejos de estorbar el conocimiento de la realidad estos ediles pretenden generarlo, ser una red productiva de verdad que atraviese todo el cuerpo social, antes que ejercer una función represora.
Quieren facilitar las cosas, transmitir bien claras las ideas, bien masticadas y digeridas, sin ambigüedades ni ruidos (al modo de ‘argumentarios’ y consignas) y qué mejor que acudir para toda obra y maniobra a los de su total confianza. Para cualquiera de sus proyectos, sean de comunicación o de eficiencia energética o de cualquier tipo, qué mejor que los amigos. (Nunca te defraudan y estarán a la altura presupuestaria. Sin complejos.)
Qué mejor entonces para bien comunicar a los ciudadanos que un vocero propio, un ‘vocerío de Astorga’. Qué mejor que un Diario. Qué mejor entonces que privilegiar la información, adelantándosela, siempre que sea jugosa, a ese Diario.
La página de transparencia se encorajina de humo, los problemas tecnológicos se vuelven insolubles, se ‘alongan’ ‘ad calendas graecas’. El azul tiene un cáncer por la usura, por ese supremo grado de oscurantismo que añade el intento de controlar lo que se informa: ¡Qué no entren periodistas!, podría decir el edil astorgano. Perdón; ¡con luz y taquígrafos!, pero de los nuestros. (Es lo que se oye, pues pudiera haber micrófonos abiertos.)
Esto ha sucedido con una información de calado, a propósito de la reunión de los alcaldes de las comarcas de La Cepeda y Maragatería para tratar la deficiente atención sanitaria de sus poblaciones. No ha habido periodistas, por decisión del alcalde astorgano. La información la elabora el gabinete de prensa de la Alcaldía, la información se adelanta al ‘diario de la casa’ para que salga con ventaja y le susurre otro canto más de sirena al Señor Alcalde. Otro tic de quien ocupa el poder es no poder reconocer la adulación.
¿Cuál es la desnudez -con el frío que está haciendo-, que aqueja a nuestro alcalde?
¿Cuáles cadáveres van llegando a complacer su banquete usurario?






