La Democracia
![[Img #25889]](upload/img/periodico/img_25889.jpg)
Objetivamente la democracia no es el mejor de los sistemas de gobierno.
He llegado a la conclusión de que la democracia ha sustituido los valores por derechos y la conciencia por leyes.
Y sin valores y sin conciencia la sociedad se convierte en un campo de batalla en el que sálvese quien pueda es el lema principal. Y el más osado, el más listillo, el más tramposo y el más ambicioso es el que acaba haciéndose con todos los poderes (político, económico y social).
Ya no se trata de si un hecho es moral o inmoral, no, no; se trata de si esa hazaña está en la ley o no está en la ley, o si consigo hacer una interpretación a mi favor de esa ley.
Ya no se trata de si esa proeza entra dentro de la ética o no, sino de si tengo o no tengo derecho: “si se ajusta a derecho”. Y ya sabemos que eso de ajustar goza de mucha elasticidad.
Recordemos cómo las mujeres de antaño llegaban a ajustarse aquella angosta prenda de belleza llamada corsé por mor de la seductora perfección. Corsés chiquitísimos, imposibles, que tenían que reducir los talles femeninos a la mitad de su tamaño. Parecía imposible aquel ajuste pero…, a fuerza de empeño y de estrategias, se llegaba a conseguir el cometido y finalmente las graciosas damas lograban lucir un bello talle (la mayoría de las veces a costa de su salud). Así son los ajustes. Es cuestión de tesón. Y aunque definitivamente el ajuste luzca bien parecido y perfecto, es posible que por dentro lo ajustado se mantenga congestionado, a punto de la asfixia.
Toda esta subjetividad, esta ductilidad de los cánones, de las normas, de los derechos y deberes, da un margen amplísimo a la astucia para sortear y eludir los cauces y acomodar unas reglas de juego propicias a sus intereses particulares.
La mayoría de las veces, la democracia acaba diluyendo el castigo de la fechoría a los listillos en infinitos pasos de procedimientos e interpretaciones, y, por el contrario, los no listillos generalmente son castigados por antelación a la verificación de su fechoría por no saber o no poder sortear las vías punibles.
No, definitivamente la democracia no protege la igualdad para todos.
En la democracia el más tonto paga y el más listo gana.
Continuamente lo estamos viendo, y, últimamente, cada día. Vemos a los listillos manejarse con un descaro y una impunidad que da flojera (como diría un mejicano). Los Bankia, los Púnicas, los Pujol, los Rato, los Bárcenas, los Gurtel…etc.
Hasta un niño tiene derecho a denunciar a sus padres por una bofetada educativa y sus padres ser castigados, mientras un estafador se sale de rositas porque ha prescrito su delito.
Aristóteles (no el Onassis) ya decía que la democracia es una forma política completamente defectuosa. El filósofo de la antigua Grecia, hablando de formas de gobierno, distingue tres formas políticas fundamentales: monarquía, aristocracia y república; y sus respectivas corrupciones: tiranía, oligarquía y democracia.
Abanderamos la Democracia como si fuera la panacea de la sociedad pero tiene tantas brechas por donde se escapa su sentido, su fuerza, que habría que ir pensando en ponerle diques o cavilar algún otro sistema. Esta democracia no funciona, ampara la delincuencia.
Dicen que vamos hacia un cambio climático, ojala afecte también ese cambio al clima político y disipe la niebla que lo enturbia. Es verdaderamente necesario.
O témpora, o mores
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Objetivamente la democracia no es el mejor de los sistemas de gobierno.
He llegado a la conclusión de que la democracia ha sustituido los valores por derechos y la conciencia por leyes.
Y sin valores y sin conciencia la sociedad se convierte en un campo de batalla en el que sálvese quien pueda es el lema principal. Y el más osado, el más listillo, el más tramposo y el más ambicioso es el que acaba haciéndose con todos los poderes (político, económico y social).
Ya no se trata de si un hecho es moral o inmoral, no, no; se trata de si esa hazaña está en la ley o no está en la ley, o si consigo hacer una interpretación a mi favor de esa ley.
Ya no se trata de si esa proeza entra dentro de la ética o no, sino de si tengo o no tengo derecho: “si se ajusta a derecho”. Y ya sabemos que eso de ajustar goza de mucha elasticidad.
Recordemos cómo las mujeres de antaño llegaban a ajustarse aquella angosta prenda de belleza llamada corsé por mor de la seductora perfección. Corsés chiquitísimos, imposibles, que tenían que reducir los talles femeninos a la mitad de su tamaño. Parecía imposible aquel ajuste pero…, a fuerza de empeño y de estrategias, se llegaba a conseguir el cometido y finalmente las graciosas damas lograban lucir un bello talle (la mayoría de las veces a costa de su salud). Así son los ajustes. Es cuestión de tesón. Y aunque definitivamente el ajuste luzca bien parecido y perfecto, es posible que por dentro lo ajustado se mantenga congestionado, a punto de la asfixia.
Toda esta subjetividad, esta ductilidad de los cánones, de las normas, de los derechos y deberes, da un margen amplísimo a la astucia para sortear y eludir los cauces y acomodar unas reglas de juego propicias a sus intereses particulares.
La mayoría de las veces, la democracia acaba diluyendo el castigo de la fechoría a los listillos en infinitos pasos de procedimientos e interpretaciones, y, por el contrario, los no listillos generalmente son castigados por antelación a la verificación de su fechoría por no saber o no poder sortear las vías punibles.
No, definitivamente la democracia no protege la igualdad para todos.
En la democracia el más tonto paga y el más listo gana.
Continuamente lo estamos viendo, y, últimamente, cada día. Vemos a los listillos manejarse con un descaro y una impunidad que da flojera (como diría un mejicano). Los Bankia, los Púnicas, los Pujol, los Rato, los Bárcenas, los Gurtel…etc.
Hasta un niño tiene derecho a denunciar a sus padres por una bofetada educativa y sus padres ser castigados, mientras un estafador se sale de rositas porque ha prescrito su delito.
Aristóteles (no el Onassis) ya decía que la democracia es una forma política completamente defectuosa. El filósofo de la antigua Grecia, hablando de formas de gobierno, distingue tres formas políticas fundamentales: monarquía, aristocracia y república; y sus respectivas corrupciones: tiranía, oligarquía y democracia.
Abanderamos la Democracia como si fuera la panacea de la sociedad pero tiene tantas brechas por donde se escapa su sentido, su fuerza, que habría que ir pensando en ponerle diques o cavilar algún otro sistema. Esta democracia no funciona, ampara la delincuencia.
Dicen que vamos hacia un cambio climático, ojala afecte también ese cambio al clima político y disipe la niebla que lo enturbia. Es verdaderamente necesario.
O témpora, o mores






