Nostalgia del agua
![[Img #29796]](upload/img/periodico/img_29796.jpg)
Precioso título para una obra de teatro, surgida de la imaginación y la pluma de Ernesto Caballero, dramaturgo y director de escena, dominador del ‘hecho teatral’. La experiencia, del todo emocionante y llena de una ternura exquisita, la viví hace unas semanas asistiendo a la representación con solamente dos actores, él y ella, (Teresa del Olmo y Felipe G. Vélez), excelentes en su deambular por la escena y en su ‘decir’, desde el corazón sus textos. Ellos daban vida a dos ancianos a los que empuja la nostalgia, que es como un regreso, deseado, lejano.
Sólo dos actores, un par de sillas y un recipiente rectangular de cristal con un palmo de agua: el lago imaginario, el líquido elemento meciendo las conversaciones de aquellos desconocidos; reflexiones de la vida, anhelos, encuentros…
La sabia dirección de José María Esbec hizo que a lo sencillo y delicado le pusiéramos montes, bosques, lagos y valles…Todo estaba en la intención minimalista de un regocijo compartido. Unos silencios cómplices mimaban, sin desperdicio alguno, el diálogo entre ambos actores. La exploración humana de ambos personajes, a los que el silencio les tiene maniatados, es el hilo conductor de la obra; romper esa distancia para regresar a un punto de partida en busca del recuerdo.
Es, altamente gratificante, ver como gente joven se interesa por el teatro. Aún no está todo perdido y los sueños, aunque a veces parezcan irrealizables, con tesón y esfuerzo, se pueden plasmar en hechos tan creativos como el que pude afortunadamente presenciar.
Me felicito por haber cambiado el ‘sillón’ por otra butaca más llena de vida, a pesar de que la docencia a veces me expulsa hacia lo cómodo después de una jornada de trabajo. Felicito al autor de la obra, a los actores y a Esbec, porque su juventud no ha sido óbice para mostrar un estupendo trabajo. Agradecida.
![[Img #29796]](upload/img/periodico/img_29796.jpg)
Precioso título para una obra de teatro, surgida de la imaginación y la pluma de Ernesto Caballero, dramaturgo y director de escena, dominador del ‘hecho teatral’. La experiencia, del todo emocionante y llena de una ternura exquisita, la viví hace unas semanas asistiendo a la representación con solamente dos actores, él y ella, (Teresa del Olmo y Felipe G. Vélez), excelentes en su deambular por la escena y en su ‘decir’, desde el corazón sus textos. Ellos daban vida a dos ancianos a los que empuja la nostalgia, que es como un regreso, deseado, lejano.
Sólo dos actores, un par de sillas y un recipiente rectangular de cristal con un palmo de agua: el lago imaginario, el líquido elemento meciendo las conversaciones de aquellos desconocidos; reflexiones de la vida, anhelos, encuentros…
La sabia dirección de José María Esbec hizo que a lo sencillo y delicado le pusiéramos montes, bosques, lagos y valles…Todo estaba en la intención minimalista de un regocijo compartido. Unos silencios cómplices mimaban, sin desperdicio alguno, el diálogo entre ambos actores. La exploración humana de ambos personajes, a los que el silencio les tiene maniatados, es el hilo conductor de la obra; romper esa distancia para regresar a un punto de partida en busca del recuerdo.
Es, altamente gratificante, ver como gente joven se interesa por el teatro. Aún no está todo perdido y los sueños, aunque a veces parezcan irrealizables, con tesón y esfuerzo, se pueden plasmar en hechos tan creativos como el que pude afortunadamente presenciar.
Me felicito por haber cambiado el ‘sillón’ por otra butaca más llena de vida, a pesar de que la docencia a veces me expulsa hacia lo cómodo después de una jornada de trabajo. Felicito al autor de la obra, a los actores y a Esbec, porque su juventud no ha sido óbice para mostrar un estupendo trabajo. Agradecida.






