Yo tengo una vaca
![[Img #31884]](upload/img/periodico/img_31884.jpg)
Blanca con manchas negras, parece... ¿O es negra con manchas blancas? Mi vaca pasta alegremente por el pradecillo, al que sombrean los chopos junto al río. Cuando subimos hasta el palomar, va como embravecida, con una potencia en sus patas de la que hace gala: da cabezadas y sonríe. Yo sé cómo sonríe mi vaca.
Le he visto los ojos aguados al escuchar el berrido de algún cachorro de su raza, perdido o buscando alimento. Le he visto lágrimas cuando me voy unas semanas y no me ve; después acude a mí al galope, con el corazón lleno de astillas blancas que no producen dolor, sino alegría. Mi vaca pasta sin premura, como degustando el alimento verde, cual manzana reineta, o liquen del fondo del río que hace tiempo que ni corre ni vuela.
Yo tengo una vaca, grande como un barco de imponente proa. De sus astas penden guirnaldas amarillas, y es mansa y sumisa, con un corazón, también, inmenso. Dicen que es extraño que me quiera, pero yo sé lo tierno de sus arrumacos, cuando me empuja para que esté más cerca de ella. No puedo retenerla al abrirle la cancilla, es tan feliz que salta, corre y se eleva, moviendo sus caderas en una polirritmia feroz, como un pueblo en plena verbena. Entonces, parece grácil, casi pájaro, cual bandera movida por el viento de una libertad agradecida.
![[Img #31884]](upload/img/periodico/img_31884.jpg)
Blanca con manchas negras, parece... ¿O es negra con manchas blancas? Mi vaca pasta alegremente por el pradecillo, al que sombrean los chopos junto al río. Cuando subimos hasta el palomar, va como embravecida, con una potencia en sus patas de la que hace gala: da cabezadas y sonríe. Yo sé cómo sonríe mi vaca.
Le he visto los ojos aguados al escuchar el berrido de algún cachorro de su raza, perdido o buscando alimento. Le he visto lágrimas cuando me voy unas semanas y no me ve; después acude a mí al galope, con el corazón lleno de astillas blancas que no producen dolor, sino alegría. Mi vaca pasta sin premura, como degustando el alimento verde, cual manzana reineta, o liquen del fondo del río que hace tiempo que ni corre ni vuela.
Yo tengo una vaca, grande como un barco de imponente proa. De sus astas penden guirnaldas amarillas, y es mansa y sumisa, con un corazón, también, inmenso. Dicen que es extraño que me quiera, pero yo sé lo tierno de sus arrumacos, cuando me empuja para que esté más cerca de ella. No puedo retenerla al abrirle la cancilla, es tan feliz que salta, corre y se eleva, moviendo sus caderas en una polirritmia feroz, como un pueblo en plena verbena. Entonces, parece grácil, casi pájaro, cual bandera movida por el viento de una libertad agradecida.






