La España de charanga y pandereta
Fue el gran poeta Antonio Machado quien entre sus numerosos versos escribió: “La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía…” Versos que se me antojan apropiados un siglo después para calificar el país en el que nos hemos convertido.
La España de charanga y pandereta vuelve a aparecer en forma de caos y desconcierto, la honestidad política es inexistente y los grandes pilares sociales son una amalgama de chatarra, la corrupción es un secreto a voces y el pillaje está a la orden del día.
Los partidos políticos que nos han gobernado han premiado a quienes han mancillado a la sociedad, el cinismo, el egocentrismo, el egoísmo y los que han saqueado el país ni siquiera se esconden, siguen llevando una vida llena de ostentación y despiporre sin miedo a tener unas mínimas consecuencias.
Esos mismos partidos han fomentado que gente con buenos contactos o con mucho dinero, aunque sin apenas estudios, lleguen lejos sin esfuerzo, quedando por el camino otros mejor cualificados.
Todo esto junto a la maldad premeditada, la soberbia y cabeza alta, tantos sinvergüenzas sin una pizca de arrepentimiento, tanta manipulación genera indignación e incluso vergüenza. Vergüenza que por otro lado no deberíamos sentir nosotros sino ellos, los avariciosos y usureros que se apropiaron de nuestro dinero controlando las Cajas de Ahorro, subvencionando Televisiones Autonómicas para utilizarlas en su favor, construyendo aeropuertos y un largo listado de caprichos que serían largos de enumerar. Ladrones que para más cachondeo celebran sus robos con Ferraris y veleros, con fiestas regadas con champagne en las que aprovechan para colocar en puestos estratégicos a sus acólitos y familiares. Esta es la España de charanga y pandereta que está creando la clase política que tenemos.
Mediocridad política que ha fomentado trabajos parciales, temporales, discontinuos y mal pagados, con el único objetivo de disminuir de forma ficticia las tasas del paro. Uno de tantos datos ‘positivos’ que nos venden de forma fraudulenta, ya que sin contrastar y comparar con otros muchos datos no significan absolutamente nada.
Una España en la que las Comunidades Autónomas son una autentica sangría ya que la mayoría de ellas baten todos los records de gasto público y que gracias a la irresponsabilidad que desde hace años ha tenido el bipartidismo alternativo, han puesto al Estado al borde del abismo y no solo económicamente, también en convivencia y estabilidad.
En este circo de locos no es de extrañar que una parte importante de la sociedad, harta de escuchar a políticos ineptos y corrosivos se refugie en la caja tonta, enganchándose a programas de cotilleos o a competiciones de futbol como si ganar o perder dependiera de ellos mismos. Muchos idiotizados a voluntad, para ignorar la realidad de desigualdades sociales y económicas que nos rodean.
Los ciudadanos nos sentimos huérfanos de líderes serios y honestos que sean capaces de capitanear esta nación que se llama España. Estamos hartos de escuchar a políticos amortizados, de los que ya no nos fiamos nadie, de líderes de la oposición confusos y preocupados exclusivamente en cultivar su ego y su bolsillo, y que solo saben hacer política llevando la contraria, buscando el enredo permanente con la crítica fácil y simplona por el simple hecho de diferenciarse representando unos colores políticos que en realidad están difuminados por falta de significado. De partidos emergentes que no inspiran confianza alguna por falta de seriedad en sus propuestas, por sus tolondras actuaciones defendiendo posturas absurdas y vacías de contenido, por sus soflamas incendiarias, por su lenguaje de barricada persiguiendo la confrontación.
Necesitamos una profunda reforma democrática que ponga orden dentro del caos existente, para ello es preciso que tomemos buena nota de lo que está pasando y de quienes son los responsables de haber llegado a tan lamentable situación. El problema de nuestra nación no es solo económico, básicamente es político e institucional. Los ciudadanos no podemos mirar hacia otro lado…
Confío que algún día se cumpla el final del poema de Machado: “Más otra España nace, la España del cincel y de la maza, con esa eterna juventud que se hace del pasado macizo de la raza…”
Fue el gran poeta Antonio Machado quien entre sus numerosos versos escribió: “La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía…” Versos que se me antojan apropiados un siglo después para calificar el país en el que nos hemos convertido.
La España de charanga y pandereta vuelve a aparecer en forma de caos y desconcierto, la honestidad política es inexistente y los grandes pilares sociales son una amalgama de chatarra, la corrupción es un secreto a voces y el pillaje está a la orden del día.
Los partidos políticos que nos han gobernado han premiado a quienes han mancillado a la sociedad, el cinismo, el egocentrismo, el egoísmo y los que han saqueado el país ni siquiera se esconden, siguen llevando una vida llena de ostentación y despiporre sin miedo a tener unas mínimas consecuencias.
Esos mismos partidos han fomentado que gente con buenos contactos o con mucho dinero, aunque sin apenas estudios, lleguen lejos sin esfuerzo, quedando por el camino otros mejor cualificados.
Todo esto junto a la maldad premeditada, la soberbia y cabeza alta, tantos sinvergüenzas sin una pizca de arrepentimiento, tanta manipulación genera indignación e incluso vergüenza. Vergüenza que por otro lado no deberíamos sentir nosotros sino ellos, los avariciosos y usureros que se apropiaron de nuestro dinero controlando las Cajas de Ahorro, subvencionando Televisiones Autonómicas para utilizarlas en su favor, construyendo aeropuertos y un largo listado de caprichos que serían largos de enumerar. Ladrones que para más cachondeo celebran sus robos con Ferraris y veleros, con fiestas regadas con champagne en las que aprovechan para colocar en puestos estratégicos a sus acólitos y familiares. Esta es la España de charanga y pandereta que está creando la clase política que tenemos.
Mediocridad política que ha fomentado trabajos parciales, temporales, discontinuos y mal pagados, con el único objetivo de disminuir de forma ficticia las tasas del paro. Uno de tantos datos ‘positivos’ que nos venden de forma fraudulenta, ya que sin contrastar y comparar con otros muchos datos no significan absolutamente nada.
Una España en la que las Comunidades Autónomas son una autentica sangría ya que la mayoría de ellas baten todos los records de gasto público y que gracias a la irresponsabilidad que desde hace años ha tenido el bipartidismo alternativo, han puesto al Estado al borde del abismo y no solo económicamente, también en convivencia y estabilidad.
En este circo de locos no es de extrañar que una parte importante de la sociedad, harta de escuchar a políticos ineptos y corrosivos se refugie en la caja tonta, enganchándose a programas de cotilleos o a competiciones de futbol como si ganar o perder dependiera de ellos mismos. Muchos idiotizados a voluntad, para ignorar la realidad de desigualdades sociales y económicas que nos rodean.
Los ciudadanos nos sentimos huérfanos de líderes serios y honestos que sean capaces de capitanear esta nación que se llama España. Estamos hartos de escuchar a políticos amortizados, de los que ya no nos fiamos nadie, de líderes de la oposición confusos y preocupados exclusivamente en cultivar su ego y su bolsillo, y que solo saben hacer política llevando la contraria, buscando el enredo permanente con la crítica fácil y simplona por el simple hecho de diferenciarse representando unos colores políticos que en realidad están difuminados por falta de significado. De partidos emergentes que no inspiran confianza alguna por falta de seriedad en sus propuestas, por sus tolondras actuaciones defendiendo posturas absurdas y vacías de contenido, por sus soflamas incendiarias, por su lenguaje de barricada persiguiendo la confrontación.
Necesitamos una profunda reforma democrática que ponga orden dentro del caos existente, para ello es preciso que tomemos buena nota de lo que está pasando y de quienes son los responsables de haber llegado a tan lamentable situación. El problema de nuestra nación no es solo económico, básicamente es político e institucional. Los ciudadanos no podemos mirar hacia otro lado…
Confío que algún día se cumpla el final del poema de Machado: “Más otra España nace, la España del cincel y de la maza, con esa eterna juventud que se hace del pasado macizo de la raza…”






