Aidan Mcnamara
Sábado, 28 de Abril de 2018

Lexicaca y la pelelevisión

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Qué festín más salvaje, más mareante, nos está dando la actualidad para los que pensamos que opinar vale la pena. Y vaya pena. ¿Por dónde empezar? Desde Cataluña a la Comunidad de Madrid, vía Alsasua y Pamplona. De hecho, y lejos de viajes metafóricos, recomendaría esa ruta. Sobre todo por la noche en compañía de la Benemérita. Porque es más fácil identificar los clubes (que no saldrán en los titulares de Al Rojo Vivo, al menos estos días) y más discreto a la hora de recibir los jamones…

 

¡Cállese! A los españoles no les interesa…eso es muy técnico… y si llevas falda…

 

Pero opinar necesita tiempo y reflexión. Somos todos culpables de disparar desde las vísceras. No soy juez, ni soy licenciado en derecho. Ni tengo un máster en psicología o en crueldad taurina. Me imagino, sin embargo, que el señor Rato sí sabe lo que es un hurto y lo que es un robo. Y supongo que los que deciden y otorgan el premio Cervantes saben diferenciar los términos abuso y violación. Un pobre, ya manco y ciego, sabrá lo que es el terrorismo por no mirar debajo de su coche. Los de la Sexta Noche sabrán de sobra lo que es la violencia verbal y la falta de cortesía.

 

Sí es cierto que tendemos a confundir la moralidad con el derecho. Pero el derecho no define la maldad en términos de sentimientos. Trata de normas y castigos.  Lo bueno es que podemos cambiar las leyes según nuestros anhelos éticos (o las dietas que queramos cobrar por montar comisiones interminables en Las Cortes). Se nos olvida que el político es el máximo legislador y no el poder judicial. Lo frustrante es que la jerga noble de la calle está lejos de los barrios semánticos del código penal. Comprendo la frustración. Nace de la ambigüedad que se halla entre el (comprensible) grito popular contra una percepción de injusticia (en el sentido coloquial del término) y las (malditas) interpretaciones de unas leyes, a veces redactadas de manera atroz.  Hoy me limito a opinar sobre estas emociones. ¿Orden de alejamiento de 15 años? O sea, que dentro de quince años, el día 5.476, ¿tendrá derecho un(a) lobo(tomía) sanenfermizo a acercarse a una mujer de 33 años para pedirle una foto? ¿Para enviársela a su madre, su hermana, su abuela, o… su esposa (¡Dios!)?

 

¿Y qué son Los Sanfermines, de todos modos? ¿Y por qué los alemanes tienen más placas solares que España?

 

Y eso… ¿qué tiene que ver? A los españoles no les...

 

¿Y por qué los guionistas de El Intermedio tienen que emplear y hacer gala de la cutrez estética y machista del reguetón para ensalzar sus pullas satíricas? Dirán que es coña, que soy un dandi. Es fácil enfadarse y mofarse. Pero la indignación cansa. Porque no proporciona soluciones. (Ayuda, dice el optimista en mi corazón.) Sin embargo, admiro las protestas, las pancartas, a los pensionistas y a algunos periodistas. (Me acuerdo de Carlos Cué, por ejemplo. Lo mandaron a Argentina por ser demasiado cañero). Una sensación de solidaridad es mucho amor cívico.

 

No obstante, lamento la falta de rigor intelectual en la clase política. Nos siguen tratando como manadas…¡Ah, ahora caigo!

 

Pero estoy acostumbrado. Lo que sí echo de menos es la participación de los expertos en los medios de comunicación. En la tele privada ya salen tipos como Pablo Simón y Ignacio González Vega y celebro las labores de Jordi Évole.

 

Hola Corazones

 

Sin embargo, los de La Noche en 24 Horas (una tertulia que sigo cuando no tengo arcadas) tardaron dos meses en darse cuenta de que sus invitados habituales no sabían nada sobre la euroorden ni en qué se diferencia de la extradición internacional. Un día invitaron a Diego López Garrido a darles una clase magistral. Y lo hizo con una paciencia sublime. Ningún contertulio dimitió. Por supuesto. Son todos amigos. Opinadores. (¿Quién va a ser el guapo de patillas de OKDiario dispuesto a divulgar sus contratos y honorarios?)  ¿Para cuándo una televisión pública con personalidades académicas, filósofas, juristas, politólogas, arquitectas, médicas, economistas, historiadoras, lexicógrafas, incluso militares, con rotación, pluralidad e igualdad de género?  

 

Ser culto no está de moda porque requiere humildad y tiempo, Señor Casado. Os dejo con una palabra nueva: Kakistocracia. (Nueva, quiero decir, porque no está en La RAE.) Del griego kakistos (el peor), o sea, forma de gobierno en la que el poder supremo está en manos de los peores elementos de la sociedad. Me llama la atención porque no tiene nada que ver con cacique, que es de origen caribeño. Bromeo para secar las lágrimas. Y hablando del griego y para reírse un poco más, un titular que jamás va a aparecer en La Razón: La cleptocracia fuerza la dimisión de una cleptómana. Será por actuar en solitario. ¡Ya! ¿Y lo de entregar su acta de diputada? ¿Y cuántos años de alejamiento? Igual nos lo canta algún pedagogo de la oposición. O un notable feminista tipo Rafael Hernando.  

 

 

 

 

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