Las Autonomalas y otras sutilezas
![[Img #40071]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/10_2018/2382_19828656-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx.jpg?17)
Hablar de autonosuyas se está volviendo un tópico mientras ellas siguen imponiendo su voluntad porque no dan autonomía sino que se la quedan en un entramado burocrático que marea al más dispuesto.
Un principio de las autonomías era acercar la gestión a los ciudadanos. Bien vamos cuando una biblioteca pública, tiene que recibir los libros a través de Valladolid en un circuito que tarda un año, que es lo que tarda cualquier libro en llegar, incluso las novedades. Como lo de correos y sus juegos de cartas, que viajan a la capital para matasellarlas, lo que ya en siglos anteriores se hacía en la más mínima oficina postal. ¡Cosas de los masteritos que se va descubriendo por qué guindo andan! O la batalla perdida, de momento, por el rimbombante Centro de Salud y de Especialidades, que se retroalimenta con promesas incumplidas para justificarse. ¿Cuántos consejeros habrá que echar para que respeten sus palabras?
¿Con estas alforjas qué arregla la autonomía? La cuestión no era cambiar a Madrid por Valladolid, que está más cerca. Era mejorar la gestión. Esto no quiere decir que autonomía no, sino que no a la autonomala. Nos quedamos en lo mismo: Buena gestión.
O la mala administración del ‘Valle de los Caídos’, ese monumental y desproporcionado edificio de Delegación de la Junta en la ciudad de León, lleno de funcionarios recogidos de otras administraciones que se dedican en buena parte a marear la perdiz y darse sentido a ellos mismos más que a prestar servicios a los ciudadanos. No es fácil decir esto porque todo leonés capitalino tendrá un familiar en el empeño. ¿Se imaginan la autonomía de solo León en este plan?
Como prueba personal, son capaces de marcharse de ‘moscosos’ en el mismo día todos los de una misma oficina. Que tomen nota los sindicatos que no andarán lejos. Prueba número dos: Pintar la fachada de la casa cuesta más gestiones provinciales que hacer un rascacielos.
La autonomía era acercar la gestión a los usuarios no desplazarla a la capital de la autonomía o de la provincia, porque eso lo que hemos ganado, cien, pequeñas y cabreadas que decía Pedro Ruiz o una dividida por 17 con funcionarios y normativas multiplicados por esa enésima cantidad. Todo por seguir las imposiciones de los nacionalistas, que sueñan con ser nación, con tantos siglos de retraso, porque nunca lo han sido y necesitan pasar por la experiencia para poder alcanzar su madurez.
La escala local, provincial, comunitaria y nacional se convierte en una escalera de demasiados peldaños cuando cada una impone sus códigos propios. El usuario es solo uno contra todas y ya es demasiado un pobre e insignificante ciudadano contra una, la administración, cuando esta se erige en coloso para hacerle más pequeño. La lucha de David contra Goliat es imposible cuando Goliat se pone en su papel de que él es el gigante y el otro el enano y no puede ser que un ciudadano quede sometido a la voluntad de un funcionario, cuando este es por ejemplo un magistrado o una magistrada arbitrarios, que haberlo haylos y más que las meigas, que a fin de cuentas eran inofensivas.
Los ciudadanos somos enanos que tenemos que defendernos de bancos, corporaciones, instituciones y parafernalias. Tú solo, el enano, contra el Goliat de turno que te obliga a enfrentarte contra la división de leguleyos, que encima en las instituciones cuentan con la prima del corporativismo como una coraza que es un auténtico blindaje.
Cuando tratas de conseguir un mínimo servicio, pasa ya en las instituciones privadas que desvergonzadamente llaman corporaciones, te ponen por medio un pliego de condiciones. Empiezan mintiendo llamándole pliego, en singular, cuando es un mamotreto de muchas páginas y no con letra pequeña sino mínima. No te queda más remedio que tirarte a la piscina sin saber nadar y sin salvavidas o si te lo puedes permitir mandar a la porra la oferta y quedarte como estabas. Como medida preventiva, sin ella y que se la coman con patatas tan hábiles y listos picapleitos. Así vamos.
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Hablar de autonosuyas se está volviendo un tópico mientras ellas siguen imponiendo su voluntad porque no dan autonomía sino que se la quedan en un entramado burocrático que marea al más dispuesto.
Un principio de las autonomías era acercar la gestión a los ciudadanos. Bien vamos cuando una biblioteca pública, tiene que recibir los libros a través de Valladolid en un circuito que tarda un año, que es lo que tarda cualquier libro en llegar, incluso las novedades. Como lo de correos y sus juegos de cartas, que viajan a la capital para matasellarlas, lo que ya en siglos anteriores se hacía en la más mínima oficina postal. ¡Cosas de los masteritos que se va descubriendo por qué guindo andan! O la batalla perdida, de momento, por el rimbombante Centro de Salud y de Especialidades, que se retroalimenta con promesas incumplidas para justificarse. ¿Cuántos consejeros habrá que echar para que respeten sus palabras?
¿Con estas alforjas qué arregla la autonomía? La cuestión no era cambiar a Madrid por Valladolid, que está más cerca. Era mejorar la gestión. Esto no quiere decir que autonomía no, sino que no a la autonomala. Nos quedamos en lo mismo: Buena gestión.
O la mala administración del ‘Valle de los Caídos’, ese monumental y desproporcionado edificio de Delegación de la Junta en la ciudad de León, lleno de funcionarios recogidos de otras administraciones que se dedican en buena parte a marear la perdiz y darse sentido a ellos mismos más que a prestar servicios a los ciudadanos. No es fácil decir esto porque todo leonés capitalino tendrá un familiar en el empeño. ¿Se imaginan la autonomía de solo León en este plan?
Como prueba personal, son capaces de marcharse de ‘moscosos’ en el mismo día todos los de una misma oficina. Que tomen nota los sindicatos que no andarán lejos. Prueba número dos: Pintar la fachada de la casa cuesta más gestiones provinciales que hacer un rascacielos.
La autonomía era acercar la gestión a los usuarios no desplazarla a la capital de la autonomía o de la provincia, porque eso lo que hemos ganado, cien, pequeñas y cabreadas que decía Pedro Ruiz o una dividida por 17 con funcionarios y normativas multiplicados por esa enésima cantidad. Todo por seguir las imposiciones de los nacionalistas, que sueñan con ser nación, con tantos siglos de retraso, porque nunca lo han sido y necesitan pasar por la experiencia para poder alcanzar su madurez.
La escala local, provincial, comunitaria y nacional se convierte en una escalera de demasiados peldaños cuando cada una impone sus códigos propios. El usuario es solo uno contra todas y ya es demasiado un pobre e insignificante ciudadano contra una, la administración, cuando esta se erige en coloso para hacerle más pequeño. La lucha de David contra Goliat es imposible cuando Goliat se pone en su papel de que él es el gigante y el otro el enano y no puede ser que un ciudadano quede sometido a la voluntad de un funcionario, cuando este es por ejemplo un magistrado o una magistrada arbitrarios, que haberlo haylos y más que las meigas, que a fin de cuentas eran inofensivas.
Los ciudadanos somos enanos que tenemos que defendernos de bancos, corporaciones, instituciones y parafernalias. Tú solo, el enano, contra el Goliat de turno que te obliga a enfrentarte contra la división de leguleyos, que encima en las instituciones cuentan con la prima del corporativismo como una coraza que es un auténtico blindaje.
Cuando tratas de conseguir un mínimo servicio, pasa ya en las instituciones privadas que desvergonzadamente llaman corporaciones, te ponen por medio un pliego de condiciones. Empiezan mintiendo llamándole pliego, en singular, cuando es un mamotreto de muchas páginas y no con letra pequeña sino mínima. No te queda más remedio que tirarte a la piscina sin saber nadar y sin salvavidas o si te lo puedes permitir mandar a la porra la oferta y quedarte como estabas. Como medida preventiva, sin ella y que se la coman con patatas tan hábiles y listos picapleitos. Así vamos.






