Juan Antonio Cordero Alonso
Sábado, 10 de Noviembre de 2018

Otras anécdotas

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8 Otras anécdotas...


A lo largo del recorrido que hemos venido haciendo sobre la historia de Instituto de Astorga, cuando ha venido a cuento, hemos comentado hechos y situaciones concretas que servían de condimento o sustancia a nuestros textos. Sin embargo el número de anécdotas que se han ido presentando ha sido mucho más copioso de lo que hemos mostrado… y no quiero dejarlas en el tintero, al menos, algunas de ellas, ni dejar de darle el énfasis que creo que merecen.


Comoquiera que no vamos sobrados, en general, de sonrisas cómplices, ni recuerdos tiernos, aprovecho para comentar las que considero de más interés, autónomas, desligadas ya unas de otras, vividas, contadas, graciosas, singulares, chocantes y reales… con las que pretendo complementar una larga evocación de recuerdos con una ligera sonrisa no amarga, como la que utilizan los que miran para atrás, de vez en cuando, y no se sienten culpables de su pasado, sino, en el fondo, un poco orgullosos. Solo un poco.



8.1 Un murmullo ensordecedor.


Tras amortizar los primeros miedos de recién entrados en INEMA, y vencer todas las prevenciones hechas por nuestros mayores (padres o no) sobre el ‘Insti’, y analizar los puntos débiles de los profesores, los chavales que éramos perfectamente homologables a los profesores, a los padres, a las madres y al resto de personas de la época no tardamos en mostrarnos tal como éramos una mayoría, niños de mucha calle. Astorga lo permitía.


Durante el Curso 64-65, Primero era un curso multitudinario. Teníamos un profesor que tenía algún pequeño déficit de audición… parecido al que muchos de nosotros tenemos ahora y del que no daré más detalles, al que le cayeron más de una situación que hoy podemos comentar de forma distendida y alegre.


Era norma de obligado cumplimiento cuando el profesor entraba en el aula, que los alumnos nos pusiésemos de pie como saludo o bienvenida y permanecer así, hasta que él llegaba a la mesa que estaba en la tarima y nos daba permiso para sentarnos con un seco ¡Siéntense!


El estruendo que se formaba tras la orden era monumental y se amparaba en la imposibilidad de saber quién era el causante concreto de tanto ruido y algarabía, circunstancia de la que los alumnos intentábamos sacar provecho contra el profe o contra lo que el profe representaba.


No era inusual comenzar un pulso, un tira y afloja de levantarse y volverse a sentar varias veces (muchas, en ocasiones) hasta hacerlo sin el más mínimo ruido, momento en el que quedaba de manifiesto el poderío del profe frente a esos locos bajitos que éramos nosotros.


Otras veces, espontáneamente, y en circunstancias concretas y puntuales (aulas muy masificadas, algún profesor en concreto…), los alumnos, con la boca abierta o cerrada pero sin mover los labios, empezábamos a nasalizar un “Nnnnnnnn”. Supongo que unos empezaban y nos uníamos todos los demás. Se formaba un ruido sordo impresionante y el profesor no sabía lo que hacer porque no había nadie concreto a quien poder señalar ni culpar.


Cuando la cosa era incontrolable el profesor en cuestión llamaba aleatoriamente a cinco alumnos por su número. Los sacaba a la pizarra y les/nos daba a cada uno un buen par de bofetones, con lo que el resto iba callando poco a poco. Esta era la secuencia estándar y normal, digamos. Poner en un brete al profe frente a la posibilidad de cinco sobre casi ochenta de recibir un par de bofetones… tampoco era tanta heroicidad.


No obstante, alguna vez, los abofeteados, durante el trayecto de vuelta al sitio, con la cara caliente y como pensando que por probabilidades sus números no saldrían otra vez, o pensando que si se repetían el profe se ablandaría ante la repetición, comenzaban nuevamente con el “Nnnnnnnn”, al cuál volvíamos a solidarizarnos los demás. Esto solo alguna vez, porque no todo el mundo continúa con ganas de juerga después digerir los dos fenomenales sopapos recibidos. ¿Nos pegaban, a veces? Sí. ¿Nos lo merecíamos, a veces? También.

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8.2 Dejó de venir.


Debía correr el Curso 1970-71, y la acción ocurría en un grupo de 5º en el Edificio B de la Muralla. El caso es que en ese Curso, como en otras muchas ocasiones, el Delegado elegido por los compañeros solía ser no tanto el más serio y responsable que buscaba el Profesor Tutor, sino otro que solía gozar de predicamento entre en alumnado, aceptado socialmente por el grupo…, pero más cercano a la broma que a la rigidez académica. 


Concretando, el Delegado que era un cachondo además de Delegado se llamaba José Durany y su familia había tenido un famoso bar en Astorga llamado el Cuatro Caminos, en el cruce de la Nacional 6 y la carretera que va al Val de San Lorenzo.


Había también un profesor del que ya se cuenta alguna que otra anécdota… porque daba mucho juego. La clase era bastante numerosa y el ruido de fondo era una constante en la clase. En esa, al menos.


Cuando el Profesor pasaba lista, en voz alta, a la que había que contestar con el famoso “¡presente!”... solía haber, obviamente, algunas ausencias, generalmente por enfermedad.


Ocurrió una vez que sin darse el caso de enfermedad, el Delegado intentó cubrir a los compañeros, o hacer simplemente una broma, y contestó como Delegado al Profesor, “!Dejó de venir!”, a lo que el Profesor debió de anotar ‘Baja’ en su cuadernillo de seguimiento. Hasta ahí ningún problema.


Lo malo fue cuando estos alumnos que habían causado ‘Baja’ a cuenta del “¡Dejó de venir!”... se presentaron días después en clase. El Profesor los tenía como Baja… pero estaban allí.


Rápidamente el Profesor pidió explicaciones al Delegado de cómo estaban allí si le había confirmado su Baja con un “¡Dejó de venir”.


El Delegado muy serio y en su papel le respondió que no. Que no era cierto que le hubiera dicho “¡Dejó de venir!. Que lo que le dijo fue “¡Le jode venir!...” dando a entender que el problema era del profesor que había entendido mal lo que él había dicho.


La risa fue absoluta en toda la clase… creo que también el profesor participó de ella. No era para menos. El tema debió de quedar zanjado con una pequeña reprimenda de las que un profesor le echa a un alumno cuando solo puede contar con la baza de la autoridad y se ve sobrepasado, en este caso, por la chispa del alumno. (Contada por Gelo, año 1970 y contrastada con el autor).



8.3 11,5 sobre 10


Hubo un profesor del que no hemos hablado apenas, pero que era muy conocido y que publicaba artículos en ‘La Luz de Astorga’, comenta  Miguel Ángel López. “Se llamaba Ernesto Fidalgo, era sacerdote y tenía una gran cultura. Era muy buena persona. Me dio clase de Geografía de España en 1º de Bachiller, año 1958. Creo que vivía en la plaza de San Miguel”.


“Firmaba sus artículos como Fotófilo (amante de la luz) y estos, a veces, adquirían la forma de conversaciones con el río Jerga, se supone que a su paso por la Eragudina. Normalmente aprovechaba dichas conversaciones con el Jerga para comentar los aconteceres de Astorga, criticando, ensalzando o enfatizando los aspectos de la vida social astorgana como periodista”.


“Recuerdo de él que cuando le ponías en los exámenes más materia de la que venía en el libro te guardaba puntos para otro examen en el que flojearas. En una ocasión, por ponerle más pueblos de la provincia de Sevilla de los que él había dicho y de los que venían en el libro, me calificó el examen con un 11,5 y me guardó 1,5 puntos para el examen siguiente. Seguramente era una estrategia para hacer interesarse por el estudio, cuanto más mejor, y con más nota, incluso por encima de 10. De hecho dio resultados y no eran pocos los alumnos que no se conformaban con lo que traía el libro y lo ampliaban con Atlas, otros libros, otras fuentes… conscientes de que todo ello podía verse reflejado en la nota”.


Complementando la información que nos ha dado Miguel Ángel Gómez respecto a este profesor de Geografía en 1958, hemos de decir que Don Ernesto Fidalgo no solamente escribía en la Luz de Astorga, sino que además, en la última etapa fue su Director y por si esto fuera poco, la empresa editora de la Luz de Astorga, era propiedad suya y de su familia, al menos en una buena parte. Y que había permanecido en dicha familia desde su creación en mes de marzo de 1892 cuando Don Domingo Fidalgo Mata la fundó.


Desde los orígenes de la Luz de Astorga, el periódico de existencia más dilatada de la ciudad, hasta la actualidad han pasado, al menos, cuatro generaciones de periodistas, la primera del citado Don Domingo Fidalgo, la segunda de su hijo Don Nicesio Fidalgo, le sigue la de Don Ernesto Fidalgo, tío de otro periodista llamado Don Angel María Fidalgo, quién lo recuerda así: “fue un notable periodista, de gran formación, acusado instinto, que ejerció de astorgano y que se dedicó, permanentemente, a la defensa de los intereses generales de la ciudad, desde una inquebrantable independencia y sensibilidad, sin concesiones a la adulación interesada o al compadreo rentable con los poderes establecidos.


Criticado en su momento y olvidado en la actualidad, Don Ernesto Fidalgo, ese profesor de Geografía, Filosofía, Latín o Griego… porque así de amplia era su formación tuvo una extensa actividad periodística. Destacó como gestor y escritor, desde los Reflejos Ciudadanos de Fotófilo, marco desde el que abordaba los sucesos de Astorga, a veces en clave crítica, otras irónica, siempre constructiva y sin componendas ni concesiones a los muchos y dispersos poderes de Astorga. Un lujo de profesor”.

 

 

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8.4 Notas a peso


“Hacia finales de la década de los 50, había un profesor, un fumador empedernido de puros, que daba… entre otras materias Geografía y que parece que sentía una cierta sensibilidad a la cantidad de letras que colocaras en sus exámenes. Cuando el alumnado se dio cuenta de esta preferencia, hubo quién no dudó en escribirle algún padrenuestro que otro con la finalidad de obtener más material escrito en sus exámenes, y obviamente, incrementar la nota. No se cuenta nada de si este profesor se dio cuenta con el tiempo de lo malvados que podían llegar a ser sus alumnos, de sí se la dio y actuó en consecuencia o de sí se la dio y continuó como sí no supiese nada.” (Contado por Anónimo, año 1959).



8.5 Espronceda, una revelación


Es posible que así comenzara una ligera entrada de aire fresco más que una enorme lucha generacional dentro del monolítico Claustro de profesores del INEMA.


Un profesor joven, recitó de memoria el final de ‘la Desesperación’ de Espronceda, que decía así: “Me agradan las queridas / tendidas en los lechos, / sin chales en los pechos / y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, / sin orden el cabello, / al aire el muslo bello... / ¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!”


Era el año 1968… en Astorga. Yo quedé impresionado por esas letras, y por la provocación que significaban. Tenía 14 años o así. Esos versos quedaron grabados en mi memoria y asociados al comienzo de un largo y sostenido cambio. Algo había empezado a moverse. Debió de ser así, pero las reformas fueron tan pequeñas que apenas percibí nada más en los dos años siguientes. (Sección Delegada. 4º de Bachiller. Año 1968).



8.6 Aprendí algo, pero no lo que explicaba


Algún profesor, del que prefiero no dar el nombre, estaba especializado, aparte de enseñar lo que enseñara… que a mí personalmente no fue demasiado, en aterrorizar al alumnado, sobre todo cuando tenía mal día, cosa que no solía ser rara. No sé si eran problemas de salud o simple mal genio, pero los gritos iban de oficio. Parece como si le gustara ver en los ojos de los alumnos el miedo y el temor, y como si estos fueran necesarios para su propia autoafirmación.


Recuerdo muchas escenas de pánico en sus clases (y le tuve en más de un curso), incluso abandonar el aula en pleno examen para entrar muy sigilosamente a la caza de quien estuviera copiando o haciendo movimientos sospechosos.


En una ocasión le vi borrar el encerado con la cabellera de un alumno al que había sacado a la pizarra, y que obviamente no debió resolver muy bien un Pitágoras, o tener problemas con un común denominador… y eso le debió de cabrear mucho.


Es cierto que siempre se aprende algo, aunque en este caso concreto va más orientado al lado oscuro de la mente humana que a la materia que debía de estar aprendiendo. Cosas de la vida.



8.7 A ver… los del cigarro…


Don José Gregorio Martín Moreno, profesor de Geografía e Historia y también director del INEMA durante varios años, creo que nos dio un tiempo Historia del Arte sustituyendo a Doña Maria Jesús Gavela, no sé si por enfermedad, por parto o por embarazo.


Esto ocurrió en 6º y en la Delegada. Era el año 70, y la mayoría fumábamos. Entre clase y clase solía ser habitual ir al lavabo también a fumar, no un cigarro, que no daba tiempo, sino unas caladas y dejábamos la ‘teba’ para la siguiente clase. La ‘teba’ (palabra que no registra el RAE ni con b ni con v), era la parte final del cigarro que era aprovechada hasta casi quemarte los labios.


Cuando el profesor llegaba a clase, y antes de que recorriera un largo pasillo, nosotros apagábamos el cigarro para la vez siguiente y salíamos disparados para clase.
Supongo que todo el mundo sabía que es lo que pasaba allí… pero miraban para otro lado.


Un día entró Don José Gregorio y allí nos pilló a los habituales, que éramos unos 10 o 12. De buen rollo y sin perder la sonrisa, nos tomó el nombre a todos y nos obligó durante una temporada, creo que un mes, a sostener una tiza blanca en los labios y estar con ella durante toda la clase. Cada día, cuando entraba, decía “a ver… los del cigarro” y nosotros con la tiza a los labios… aguantando toda la clase. No dejamos de fumar por eso… pero se rieron de nosotros todo lo que quisieron y algo más también.

 

 

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8.8 Yo soy Don Abelardo San Román.


Las clases de Don Abelardo, no eran el ejemplo de clases amenas y preparadas o trabajadas con entusiasmo. Solían consistir en no explicar, mandar estudiar o hacer ejercicios y preguntar. Los alumnos se aburrían con solemnidad en sus clases. Como no explicaba nunca nada, solo preguntaba y mandaba estudiar. Exigía conocer todos los ríos con sus afluentes por pequeños que fueran. Debía ser como una obsesión… eso de que aprendieran todos los ríos, afluentes, riachuelos y arroyos.


Un día, no se sabe que le había pasado, pero debió ser algo importante, entró muy cabreado en clase. Estaba como fuera de sí. Entró en clase y dijo, casi gritando mientras miraba al alumnado, que él era Don Abelardo San Román… como si las alumnas no se hubiesen dado cuenta de la casualidad hasta ese justo momento.


Acto seguido dio un fuerte puñetazo en su mesa, que era de tipo Formica. Tan fuerte fue el puñetazo y en tan malas condiciones estaba la formica de la mesa, que ésta se rompió atravesada por su puño, el cual, después, no podía ser sacado del agujero con la mesa rota… pese a los intentos que Don Abelardo hacía para librarse de aquella situación tan tragicómica, trágica para él y divertida para las alumnas.


Cada intento de liberar su mano de la mesa era respondida por la mesa con una subida en vertical causada por su propio empuje... Esto ocurría en el Instituto de chicas de Padre Blanco. Éstas lo miraban disfrutando de la situación y seguramente gozaron viéndolo y, después, contándolo con todo lujo de detalles y aderezos para aumentar el dramatismo de la escena. Seguro. Debían correr los finales de los 50 o principios de los 60.



8.9 ¡Toque, toque mi pierna!


Otra anécdota de Don Abelardo, de carácter más bien íntimo y como la anterior ya mencionada en el punto ‘3.11 Don Abelardo. Punto y aparte’, es la relacionada con la rigurosidad del uniforme, en este caso, femenino. Recordamos que las rígidas normas del uniforme no permitían que las alumnas asistiesen al Instituto, a clase, sin medias.

Debían correr los años finales de la década de los 50 y en esa época llegaba a Astorga, con unos veinte años de retraso, la moda de las medias de nylon, una especie de seda sintética inventada en 1935, también llamadas de cristal por su transparencia. Dicha transparencia se convirtió en un reto para nuestro singular vigilante: eran difíciles de distinguir a simple vista y exigían una dedicación más exhaustiva de nuestro Sherlock Holmes particular.


Parece ser que la situación no pasó desapercibida por las alumnas, o al menos por una parte de ellas que, basándose en el citado invento, vieron un filón de situaciones de conflicto con la norma uniformizadora de la casa.


Llevar medias de cristal significaba, de facto, generar dudas razonables en Don Abelardo de si las alumnas llevaban o no llevaban medias… y marearlo con las pesquisas y requisitorias derivadas.


Cerca del habitáculo utilizado como Secretaría en el Instituto femenino de Padre Blanco, casi aneja a la misma, había una pequeña sala a la que se referían como el ‘Ocho’. Entre otras funciones de la sala como almacenamiento de papel, archivo, etc, el ‘Ocho’ era utilizada como centro operativo donde Don Abelardo llegaba a sus concienzudas conclusiones sobre la veracidad o no de las medias de cristal de las chicas. Allí tenían lugar las pesquisas, investigaciones e interrogatorios de nuestro sabueso… que eran aprovechados y exprimidos al máximo por algunas de las más osadas alumnas, como la que esto nos cuenta, invitando al Jefe de Estudios, además de cura, a tocar sus piernas para asegurarse de que iban cubiertas por las famosas medias de cristal… lo que las hacía fieles cumplidoras del reglamento del uniforme.


Que una alumna invitara a Don Abelardo a tocarle la pierna con un “¡toque, toque! para que vea que llevo las medias” y así éste pudiera llevar a buen puerto la rigidez obsesiva del uniforme… es una treta de alta sofisticación y no está mal para una mojigata Astorga.


Se trataba de crear una situación muy difícil, casi insostenible a Don Abelardo dentro de su misma lógica y ortodoxia. Una encerrona de la que no podía salir bien parado de ninguna manera, ni tocando, ni sin tocar las piernas. Más que una paradoja se trataría de una ‘parajoda’… si estuviese permitido el invento libre de nuevos vocablos desde fuera de la Real Academia. Por honor a la verdad, y de ello se me ha dejado constancia, jamás hubo el más mínimo asomo de ningún tipo de abuso y todo lo que se hacía llevaba el sello exclusivo del guardián de las esencias.

 

 

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8.10 Una obra vetada.


Era el año 1970 quien esto nos comenta, Don Miguel Ángel Rodríguez Villacorta, abreviando ‘Gelo’, estudiaba 4º de Bachillerato.


“Sin saber muy bien por qué, ese curso no lo cursé en la Delegada como los anteriores y posteriores, nos cuenta. Ese curso, y también el último -COU-, lo hice en la matriz, en los Sitios. Y además, fue un curso mixto, se supone que por necesidades de guión más que por apertura”.


“Don Santiago Alonso, que nos daba Religión, y preparó una pequeña obra de teatro para hacer con la clase, una especie de entremés, aunque no recuerdo muy bien ni el título ni el nombre del autor. (Este es un buen momento para pedir ayuda a quien pueda tener algo vivos esos recuerdos...)”.


“Los ensayos se hacían en el Salón de Actos que estaba en la primera planta del edificio. Era una aula muy larga, convertible y situada a la izquierda de las escaleras centrales, en la parte de atrás, es decir, que daba a la Muralla”.


“Debíamos ser unos 8 o 10 actores más o menos”.


Nuestro informador tenía un pequeño papel en dicha obra y no recuerda ninguna escena subida de tono ni tampoco se trataba de ninguna obra de teatro comprometido ni que cuestionara las esencias morales o patrias....


El caso es que sin ningún tipo de explicación, al menos aparente, y tras unos cuantos ensayos, esa obra fue vetada por el Director de Instituto, Don Manuel Pérez Barreiro.

Nunca se supo la causa de su suspensión… porque no hubo ningún tipo de explicaciones… lo que, obviamente, permitió especulaciones.


Hay quien me comentó a este respecto… que lo que podría subyacer tras la suspensión era una especie de castigo a Don Santiago Alonso, que tras su apariencia rural de cura de pueblo, de aspecto apacible y bonachón, bajo su sotana, había un liberal que no tragaba con muchas de las cosas que sucedían en el Centro, en aquel momento hiperclericalizado, con al menos 6 sacerdotes -dos de ellos las primeras espadas del Centro-, varios frailes redentoristas y alguna monja en su Claustro.






Próxima entrega: 9. Otros personajes.

 

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