Aidan Mcnamara
Domingo, 04 de Noviembre de 2018

La memoria cultural

 

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Soy lento porque no tengo prisa. Pero no estoy sopa. En un cuento de Hesse, quizás (porque no me acuerdo de si fue él, y lo siento, pero no mucho, puesto que me acuerdo del cuento, que ya es bastante), un hombre de negocios alemán se acerca a un pescador que está en la playa arreglando sus redes. Le pregunta si ya ha acabado la jornada laboral, si ya ha faenado. El pescador le contesta que sí. Pero sólo son las tres de la tarde, le exclama el ejecutivo. Pues había que comer, le contesta el sentado. Ya… pero si usted hubiera currado unas horas más, tendría más beneficios y podría comprarse unas nuevas redes y no tendría que perder el tiempo arreglando estas viejas. El pescador le mira y le dice que el mar necesita descansar también.


No sé si me acuerdo bien del cuento, pero tampoco me preocupa. Relato mi versión del cuento según mi memoria y sé que, a veces, mi memoria es una pocilga de aberraciones. Pero no importa porque a) he sido transparente sobre la autoría del cuento; b) este humilde artículo de opinión no forma parte de una tesis doctoral y he aclarado que no tengo claros todos los detalles mal-archivados en mi cabeza, y c) sabemos todos que narrar lo narrado no es fotocopiar- es narrar de nuevo. Pero hay una d) también que merece un párrafo exclusivo.


Párrafo exclusivo: d)


Traducir es un tema (tarea, fenómeno, mundo) que controlo hasta el punto de haberle perdido el miedo. Y vivo entre varias lenguas. Tanto que ya sé que nunca se llega a dominar ninguna. Sin embargo, tal fracaso me otorga la paciencia de explorar los matices de la expresión y abrazar las contingencias de su verdad. Normalmente (es decir, usualmente, habitualmente) esta situación produce unos daños colaterales placenteros: uno acaba desmontando las frases hechas heredadas y a menudo este ejercicio revela percepciones interesantes, incluso conmovedoras. Cuando decimos que hemos aprendido algo de memoria solemos entender que sabemos algo sin tener que pensar(lo), como contar hasta diez o conceder una entrevista a un periodista del ciclismo. Sin embargo, en inglés la frasecita aprender de memoria se traduce como learn by heart, o sea, aprender de corazón: los datos ya están dentro de nosotros como cosa natural, como la marea, o el pulso de la sangre. 


Las diferencias que encontramos entre los idiomas para expresar las cosas que en realidad son, a menudo, la misma cosa, nos ayudan a repensar los tópicos de la altamente peligrosa idea de la identidad. Exponernos a otras culturas nos riega y nos diluye, al protegernos de las señas heredadas huecas de empatía de cara a lo diferente y fallidas a la hora de abordar la complejidad de esta aldea tan necesitada de mimos y comprensión.


-¿Y qué tiene que ver el rollo del párrafo d) con el cuento de Hesse, (si es suyo)?


- En una entrevista hecha a Gabriel Rufián por Pablo Iglesias, en la lengua de Octavio Paz, hacia el final le pregunta de manera popularista/becario de Hola sobre los personajes y los hitos culturales de mayor peso e influencia a lo largo de su vida.

 

 

 

Él contesta de manera cómoda y sin titubeos. Resulta interesante que el repertorio incluya referencias a Julio Anguita, su abuelo felipista, Isabel Allende, Rudyard Kipling, Antonio Vega y Herman Hesse. Celebro no saber si él se acuerda de memoria o si habla de corazón.


Sería más interesante aún escuchar las respuestas si le hubieran preguntado en catalán… en TV3 en una entrevista hecha por su amigo Arnaldo Otegui y dirigida por Fernando Trueba. Con o sin intérprete.  

 

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